Amantes besándose en el triclinium, durante una bacanal. La clebración absoluta de la vida, la pasión, y tal vez, el amor. Pintura anónima hallada en Pompeya y conservada en el Museo Arqueologico Nacional de Nápoles.
HISTORIA, VIAJES, NATURALEZA Y CULTURA.
Muy breve historia del origen, desarrollo y caída del Imperio Romano, o ¿cómo una pequeña aldea del centro de la península italiana fue ...
Amantes besándose en el triclinium, durante una bacanal. La clebración absoluta de la vida, la pasión, y tal vez, el amor. Pintura anónima hallada en Pompeya y conservada en el Museo Arqueologico Nacional de Nápoles.
Diana y Acteon (1604). Giuseppe Cesari. El joven cazador tuvo la desgracia de contemplar la desnudez de la diosa. La iracunda Artemisa lo transformó en ciervo y le azuzó a los perros que le dieron caza.
La planta de Adonis (1815). Katsushika Hokusai. La pintura pertenece al Shunga, género de estampas japonesas que tiene en el sexo su razón de ser. Prohibido en 1907 por el Código penal japonés, probablemente ha servido de inspiración para el desarrollo del Hentai.
El Beso (1859). Francesco Hayez, pintor veneciano, exponente del romanticismo histórico y del Risorgimento.
Sultana (c. 1925). La "pin-up" más conocida de Henry O'Hara Clive, creada como ilustración de calendario para la Louis F. Dow Company.
Retrato de Lucrecia Panciatichi, de il Bronzino. Cuando el arte supera a la belleza misma de la vida.
Apeles pinta a Campaspe, concubina de Alejandro Magno, en presencia del rey macedonio. Obra de J.L.David. Campaspe fue la modelo de Apeles para su Venus saliendo del mar. Cuentan que Alejandro comprendió que Apeles estaba enamorado de la muchacha y se la ofreció al pintor.
Los espejos reflejan con fidelidad lo que se sitúa frente a ellos, y devuelven una imagen, una reproducción, y reinterpretación, de la realidad. De un lado una dama lujosamente vestida, rodeada de perfumes, joyas y afeites. Del otro lado un esqueleto vestido con ropa hecha jirones, un cementerio y un paisaje desolador. Óleo sobre tela firmado por Tomás Mondragón en 1856.
Sobre la cabeza, unas manos con unas tijeras, un hilo y las manos, suponemos, de alguna de las Parcas. El hilo que separa dos esferas, dos mundos, las dos mitades del cuadro.
Rávena es un enorme joyero, y el mausoleo de Gala Placidia su gema más coqueta y sencilla. Atravesar su portal, penetrar en su interior y dejarse maravillar por sus mosaicos, los más antiguos de la ciudad.
En ningún lugar de la Tierra la bóveda celeste está tan cerca de nuestras cabezas.
Gala Placidia, una mujer estrechamente vinculada con el poder. Hija de Teodosio, medio hermana de Arcadio y Honorio, esposa y consorte de Constancio III y madre del emperador Valentiniano III. También estuvo casada con Ataúlfo, cuñado y sucesor de Alarico.
Originalmente el mausoleo estaba unido a una iglesia erigida por la propia Gala. La planta cruciforme concuerda con la recomendación de San Ambrosio, obispo de Milán y reputado teólogo de su tiempo, como la ideal para los templos debido a su simbolismo. En las últimas centurias el nivel del suelo se ha elevado por encima de los cimientos originales, de manera que la capilla presenta un aspecto achaparrado. Es muy bajita.
El edificio está construido con ladrillo y presenta planta de cruz latina, uno de los brazos es más largo que el otro. Cada brazo se encuentra rematado con una cubierta a dos aguas elaboradas con tejas. En origen no estaba previsto que la capilla fuese el lugar de reposo de Gala Placidia, sino que formaba parte de una basílica dedicada a la Santa Cruz que ya no se conserva. Cuando la emperatriz murió en el 450 fue sepultada en Roma.
El interior, profusamente decorado, contrasta con el exterior más austero. Parte inferior de las paredes están revestidas con paneles de mármol amarillo. La parte superior es una explosión de color, recubierta completamente de mosaicos, en los que predominan los colores azul, verde y oro. Estos mosaicos son de los mejor conservados de la época paleocristiana.
Los tres enormes sarcófagos, uno en cada brazo de la cruz griega, depositados en el interior se atribuyen a Gala Placidia, a su esposo Constancio III, y a su hijo Valentiniano III (aunque también a su hermano Honorio). Como suele suceder en estos enterramientos tan antiguos, no es segura la identidad de los sepultados.
El sarcófago atribuido a Constancio III, obra tosca y casi sin ornamento, está datado en torno a finales del siglo V y principios del siglo VI. Se piensa que es una obra no finalizada, puesto que el lado diestro y la parte posterior no presentan decoración.
El sarcófago de Valentiniano III (o tal vez de Honorio) presenta un estilo refinado y minucioso. Datado en los inicios del siglo VI. La decoración en relieve corresponde con la simbología cristiana de época bizantina. La pieza más delicada de todo el conjunto funerario.
Según la tradición, este sarcófago de mármol griego y reflejo de la tradición pagana del siglo III, contenía los restos de la emperatriz, aunque probablemente Gala Placidia fuese sepultada en Roma, ciudad en la que falleció en noviembre del 450.
Un Cristo joven, sin barba, con el cabello ondulado y rodeado por su rebaño, sentado entre las rocas, en plena naturaleza, con plantas y flores. Una escena bucólica. Encima de la entrada nos recibe, y bendice, el Buen Pastor, mosaico en forma de luneto, de reminiscencias pompeyanas. La iconografía del conjunto es apropiada para un contexto funerario poniendo el énfasis en la vida eterna. Gracias a los sacramentos es posible obtener la salvación.
El autor, o autores del mosaico, trabajaron la perspectiva de la escena por medio de los escorzos de los corderos, la torsión en la postura del Pastor, y la palidez del cielo, que suavemente se oscurece hacia el cénit.
Si elevamos la mirada contemplamos la bóveda celeste transformada en una maravillosa noche estrellada. En pleno centro de la creacion, titila una cruz dorada, símbolo del eterno reino celestial.
Y en cada esquina del firmamento uno de los tetramorfos, símbolos de cada uno de los Evangelistas.
El León de San Marco omnipresente en toda la orilla del mar Adriático.
Uno de los mosaicos más destacados, que llama poderosamente la atención del visitante, es San Lorenzo, que aparece dispuesto a ser inmolado en la parrilla. La presencia de San Lorenzo nos hace suponer que en origen estaba posiblemente dedicada al santo mártir.
Nada más trascendente para un cristiano que morir sufriendo martirio. ¿Cuántos de ellos lo hubiesen elegido libremente?.
En la misma escena aparece una modesta biblioteca que exhibe ejemplares de los cuatro evangelios. Es el triunfo definitivo de la Nueva Iglesia Cristiana que abandona las penumbras de las catacumbas y emerge a un mundo brillante y luminoso.
Los apóstoles también aparecen representados, acompañados de la figura simbólica de las palomas bebiendo de una vasija. En cada una de las paredes que sostienen la cúpula encontramos una composición muy parecida: una pareja de Apóstoles, cada uno de ellos con la mano derecha levantada. Entre los apóstoles se coloca una fuente o una vasija y dos palomas. Cada apóstol tiene símbolos característicos, aunque solo se han identificado a Pedro, llave, y Pablo, un pergamino. Las palomas, la fuente y la vasija con agua hacen referencia a la vida eterna.
Pequeños venados representan el mundo natural.
Y siempre el crismón, símbolo griego de Cristo.
Estos mosaicos marcan la transición entre el arte paleocristiano y el bizantino. Pasito a pasito avanzan hacia el Medievo, el románico y más tarde, el gótico.
El mausoleo de Gala Placidia es un maravilloso ejemplo de arte paleocristiano. Es un testimonio arquitectónico de su reivindicación del poder imperial, de su concepto de «lo femenino imperial» y de su fe en la importancia suprema del más allá.(Judith Herrin).
Contemplando la arquitectura tosca y simple del edificio, uno no puede imaginarse las maravillas que aguardan en su interior y las sensaciones que experimentamos al contemplarlas, por más que vengamos informados y hayamos visto mil veces los mosaicos en los libros de arte.
Museo viene de Musa. Desde hace dos milenios son ellas las auténticas inspiradoras. Sin ellas no existiría ni el arte, ni mucho menos, la Civilización Occidental.
Las leyendas del Atlántico, el sueño de Platón, los viajes del capitán Nemo, visitar esos regios palacios habitados por delfines. El poeta pisa la arena de la playa, los pies mojados, la sal pegada a la piel, escudriña el horizonte. Descubrir las maravillas ocultas en el fondo oceánico, la llanura abisal es la última frontera, inaprehensible. Sueña con regresar a la Atlántida, al origen de todo. Los pinceles componen un poema dividido en dos estrofas, de cuatro versos cada una, los momentos del día y los estados de la mar.
El Poema del Atlántico formaba parte de un magnífico proyecto inconcluso, el Poema de los Elementos (agua, tierra, aire y fuego). La temprana muerte del artista nos privó de conocer la obra completa. Tierra quedó sin acabar. Aire y fuego ni siquiera pudieron ser iniciados.
Pintor modernista y simbolista, después de recorrer Europa, y entrar en contacto con los círculos artísticos de su época, regresó a Las Palmas de Gran Canaria, junto al mar encontró la inspiración definitiva para realizar la más celebrada (y conocida) de sus obras. Mi prima Aida me lo presentó una tarde, verano del 2000. Néstor promotor de la cultura y la identidad Canaria. Nunca olvidaré el impacto que me produjo contemplar su obra en el corazón del Pueblo Canario. Aquella visita me hizo conectar con mis raíces canarias.
Néstor de la Torre jugaba con un interesante concepto esotérico con fuertes influencias masónicas (algunas hipótesis sostienen que Néstor era masón), la cuaternidad. Una manera de ver, organizar y concebir el Cosmos; cuatro edades del hombre, cuatro momentos del día, cuatro puntos cardinales, cuatro estaciones y por supuesto, cuatro elementos esenciales. Para los masones el cuatro simboliza el orden, la estabilidad y la totalidad. El cuatro es lo material, mientras que el triángulo representa lo espiritual. Juntos el cuatro – lo material – unido al triángulo – lo espiritual – representan la totalidad del Cosmos. El Poema es puro simbolismo, ocho lienzos divididos en dos grupos de cuatro, Néstor, a través de la pintura, consigue poetizar el Cosmos. El pintor grancanario recitaba poemas con sus pinceles.
Enormes y desproporcionados peces comparten el espacio con jóvenes desnudos suspendidos por hilos etéreos sobre las aguas, una visión un tanto irreal, fantástica y onírica, donde conviven la angustia y el sosiego, el sueño y la pesadilla, la fantasía y la realidad. Glamour y misterio, Eros y Thanatos, y el Cielo Eterno como claves de la vida. El color es el elemento esencial de una obra llena de ritmo, armonía y cierta musicalidad. Frente a ella podemos oír los sonidos del mar en los distintos momentos del día y en las diferentes estaciones del año.
Ocho lienzos cuadrados (126 x 126 centímetros), de nuevo la cuaternidad, organizados en dos series de cuatro: Las Horas (1912 – 1918) y Los Aspectos (1921 – 1923).
Las Horas vienen a simbolizar Las Edades del Hombre y podemos incluso asimilarlas a las cuatro estaciones; Amanecer/Primevera, Mediodía/Verano, Tarde/Otoño, Noche/Invierno. Si nos centramos en el simbolismo del agua podemos comprender el por qué Néstor comenzó su poema por el mar; es el elemento primordial del que surge la vida en todo su esplendor.
Amanecer. La noche se ha retirado, el sol empieza a levantarse lentamente sobre la superficie del mar en calma. Tres peces y tres niños. El tres simboliza lo espiritual, la divinidad misma, el número capaz de superar la dualidad. El nacimiento del hombre, comienzo de la vida. El Sol está presente, aunque nos llegar de forma indirecta, a través de la luminosidad del alba.
Mediodía. La infancia, dos niños cabalgando alegremente sobre un pez tamboril, una etapa de la vida caracterizada por la alegría y la curiosidad. En esos momentos no lo sabemos, pero durante la edad adulta, las echaremos de menos.
La Tarde. Alcanzamos la edad adulta pocas horas después del mediodía. La vuelta atrás no es posible. El ser humano se aferra al pez, a la existencia misma, tratando de retrasar (en lo posible) lo inevitable.
La Noche, el final del camino, la muerte. ¿Tal vez el inicio del siguiente?. Los dientes afilados de las morenas nos avisan del destino cierto, el que no es posible retrasar por más tiempo.
En la segunda serie Néstor pintó la famosa playa grancanaria de Las Canteras, en cuatro aspectos.
Bajamar. Una bajamar al amanecer. El pintor muestra al espectador la zona de la barrera de la playa de Las Canteras, completamente invisible durante la pleamar. Aunque el mar no pierde presencia es el cuadro donde la tierra adquiere mayor protagonismo. Tres niños, entre el sueño y el despertar. Mientras uno de ellos se despierta y saluda al nuevo día, los otros dos continúan durmiendo.
Pleamar. El mar se llena de ondas y movimientos, y el cuadro de música. Todo vibra, todo tiene vida. La fuerza pletórica del mar.
Borrasca. Una lucha, un torbellino, los niños y los peces envueltos en el torbellino, parecen danzar, querer escapar del mar, del cuadro, de la realidad. La furia del dios Océano, el agitado mundo marino de vientos y tempestades.
Mar en reposo. Como en el ciclo del eterno retorno, el continuo nacer y morir, después de la tempestad siempre regresa la calma. El propio Néstor aparece en la escena, junto a su amante Gustavo Durán, un sueño idílico, que juega a buscar la eternidad, atrapar la vida en un suspiro. Los amantes exhaustos, tal vez, parecen levitar sobre el placer derramado. Como un espejo, el mar, separa dos mundos, el humano y el animal. ¿Duermen plácidamente o simplemente se dejan arrastrar por las complejas corrientes de la vida?.
Quise encontrar el camino hacia la Atlántida mirando estos cuadros . . . (verano del año 2000).
| Judith y Holofernes, Caravaggio. |
| Una de las pinturas negras de Goya |
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| Giorgione |
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| Grabado para las Crónicas de Nuremberg |
| Retorno de Judith a Betulia, Botticelli |
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| Franz von Stuck |