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jueves, 9 de enero de 2020

DIADEMA DE ORO DE LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS.




[...] El esqueleto de la diadema vestía corta túnica de tela finísima de esparto; asimismo los otros, aunque algo más toscas, sendos gorros de la propia materia, cuáles doblado su cono, cuáles de forma semiesférica; y el calzado, también de esparto, alguno primorosamente labrado [...]. Manuel de Góngora y Martínez.

A mediados del siglo XIX, en los albores de la ciencia arqueológica, Manuel de Góngora y Martínez, catedrático de Historia Universal en la Universidad de Granada, dio a conocer el hallazgo de 60 restos humanos momificados en la Cueva de los Murciélagos situada en Albuñol, municipio granadino. Uno de estos restos, concretamente un cráneo, portaba una diadema de oro.



La escasez de datos relativos al momento de recuperación del conjunto hace difícil la reconstrucción del contexto arqueológico, y por tanto su interpretación. Basándose en paralelos cercanos se ha supuesto que podría pertenecer al Calcolítico, momento en que se va generalizando la metalurgia del oro y de su empleo como objeto de prestigio. Los colgantes y pulseras de concha y fragmentos de brazalete de mármol conservados, pudieron formar parte de la indumentaria del difunto. El hallazgo de semillas de adormidera nos lleva a suponer la práctica de rituales funerarios. Desde que la especie humana toma conciencia de su propia existencia y de su inevitable finitud, la muerte se convierte en el mayor de los misterios.

Un numeroso cortejo acompaña al difunto hasta la entrada de la caverna, donde la mayoría de personas se detiene. Solo unos pocos acompañarán al finado al interior de la cueva, para depositarlo en la puerta de un más allá ignoto. El humo embriaga a los oficiantes, que comienzan un leve contoneo, que es imitado por el resto de los participantes. Todo el grupo baila al mismo son para despedir al ser querido, un individuo que gozó de gran prestigio social, y riqueza material, estatus simbolizado por la diadema de oro que lucía su cabeza inerte.

jueves, 17 de noviembre de 2016

LOS RELICARIOS DE CARLOMAGNO.



Escatología cristiana que venera restos humanos y les atribuye propiedades mágicas y taumatúrgicas. Para su perfecta conservación, y evitar en lo posible la corrupción física, se elaboraron suntuosos relicarios con metales nobles y piedras preciosas.


En la Edad Media unos pocos soberanos europeos lograron alcanzar la categoría de santos. Carlomagno se situa por encima de todos ellos. En el museo de la Catedral de Aquisgrán, antigua capital carolingia, se custodian dos maravillosos relicarios de Carlos el Grande.





sábado, 19 de diciembre de 2015

TESORO DE BODONAL DE LA SIERRA.



Pensamos en un tesoro y tendemos a imaginarlo de oro, como el de Bodonal de la Sierra (Badajoz), aunque a simple vista las piezas no parecen decirnos nada, no podemos negar cierto poder de atracción. Este hallazgo, datado a inicios del Bronce Final, es algo excepcional en la Península Ibérica, por cuanto corresponde a unos tipos de joyas típicas de la Europa Atlántica: Islas Británicas y Bretaña francesa.



Las piezas que lo forman están desarticuladas y en proceso de fundición, lo que quiere decir que las importaron como materia prima, probablemente para elaborar joyas según los patrones locales.

jueves, 17 de diciembre de 2015

BRAZALETE CON ESPIRALES COLGANTES.



A lo largo de la Edad del Bronce, el segundo período de la Edad de los Metales, aparecen, junto a las típicas joyas como diademas o pulseras, otras piezas de oro cuya finalidad auténtica se nos escapa (benditos misterios de la protohistoria). Algunos, como estas originales cadenas de espirales, expuesto en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid), son bastante frecuentes en la fachada atlántica europea, se han intepretado como objetos premonetales.  

miércoles, 16 de diciembre de 2015

DIADEMA ARGÁRICA.



Las élites sociales, siempre han gustado utilizar oro (u otro metal noble) para diferenciarse del resto de la población. Esta diadema hallada en Caravaca de la Cruz, procede, con toda probabilidad, de un enterramiento. Dentro de la cultura argárica, la pieza presenta una excepción, pues los artesanos de El Argar empleaban preferentemente la plata y no el oro para confeccionar sus joyas.



Diademas similares a esta han aparecido en enterramientos femeninos, destinadas a ornamentar y resaltar la posición de privilegio de su poseedora. Desde el Calcolítico, y especialmente durante el Bronce, asistimos al uso creciente del oro en la confección de joyas, con un claro valor de prestigio y diferenciación social.  

viernes, 24 de julio de 2015

DISCO ÁUREO.



Durante el Bronce Final junto a los objetos característicos hacen su aparición nuevas técnicas, como la soldadura aplicada a los hilos de esta pieza, hallada en Extremadura y expuesta en el MAN, en la que se aprecia la fusión de la tradición local (de origen tartésico) con soluciones que tuvieron que ser aprendidas por contacto, más o menos directo y fluido, con artesanos mediterráneos.  


martes, 8 de julio de 2014

TUMBA DE LOS HIGUERONES



La Tumba de los Higuerones, excavada en la necrópolis de Cástulo, muestra un ajuar funerario de la Edad del Hierro, perteneciente a la Cultura Ibera, y que es posible datar en el siglo VII. Y de este pequeño ajuar llaman la atención dos piezas: el quemaperfumes y la esfinge, y las podemos disfrutar en el Museo Arqueológico de Linares dedicado a las excavaciones de la ciudad ibero romana de Cástulo. 



El Thymiaterium, o quemaperfumes en bronce fundido es similar a los utilizados en la actualidad. Dos cabras o cérvidos en reposo, vigilados desde cerca por un felino que parece apacentar a su propio rebaño.



El aplique zoomorfo con forma de esfinge alada, también en bronce. El motivo de la esfinge es claramente oriental. Pero además está porta la doble corona del Alto y Bajo Egipto, por lo que su procedencia parece bastante clara. Y observándola no puedo dejar de preguntar ¿por qué se ha escrito tan poco sobre las relaciones entre Egipto e Iberia durante el Primer Milenio, cuándo las evidencias son tan claras?


lunes, 4 de febrero de 2013

CORONAS VOTIVAS VISIGODAS



Los visigodos destacaron en el fino arte de la orfebrería, y las coronas votivas son un claro ejemplo de ello. 

Las coronas de las fotos, son réplicas de las que forman parte del famoso Tesoro de Guarrazar, que podemos contemplar en el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda de Toledo; (las originales se exponen en Madrid y en París). 


La técnica es bizantina, pero su concepción es típica de la suntuosidad visigoda; oro engastado con zafiros, perlas y otras gemas. A pesar de su nombre, estas coronas no servían para tocar la cabeza de sus reyes. Los monarcas visigodos las ofrecían a la Iglesia en su coronación y se colgaban sobre el altar o entre als columnas de las naves de la Iglesia. 

domingo, 13 de enero de 2013

. . . Y EL HOMBRE DESCUBRIÓ EL ORO . . .

Aproximación al origen de la orfebrería.
El Oro, ese vil metal capaz de corromper a los más inocentes corazones, forma parte de la vida del hombre desde hace unos 7000 años. Fascinado por su belleza el hombre lo ha utilizado para confeccionar objetos diversos, que han servido para indicar la pertenencia a un estatus social superior; siempre ha sido un elemento de diferenciación social. 
Sepultura 43 de la necrópolis de Varna con numerosos objetos de oro.
El oro que se recogía mediante lavado en el lecho de los ríos o se extraía de filones rocosos, no parece haber sido el primer metal que se modeló. A orillas del mar Negro, donde el Danubio vierte sus aguas, en la región búlgara de Varna, encontramos el primer centro importante del trabajo del oro. 

Elementos suntuosos y ornamentales de oro, tales como cuentas, colgantes, adornos en forma de toro e ídolos femeninos, se documentan entre los milenios V y III a.C. en Europa Oriental y Anatolia (Alaça, Hüyük, Sardes, Troya).

Nubia, (parece que en egipcio Nub significa oro), el desierto de Arabia, y Anatolia (valle del río Pactol, famoso por la abundancia de pepitas) eran los lugares en los que se solía recoger el oro.

La fusión, el martilleo, el repujado, la estampación, el granulado, la soldadura o la fabricación de hilos, fueron las técnicas que el hombre fue descubriendo y aprendiendo para poder trabajar y modelar este imperecedero metal.

En Egipto las primeras cuentas de oro, sin una elaboración muy compleja datan del IV milenio a.C. A partir del milenio siguiente las técnicas orfebres se van perfeccionando, como muestran las joyas del rey Dyer, enterrado en Abydos. El oro, con este brillo inalterable que posee, se conviritó en el símbolo perfecto del poder ya la grandiosidad del farón. Por tanto, su importancia era más simbólica que económica. 

En la península de Anatolia destacan vasijas, figurillas y otras piezas de decoración procedentes de Troya y Alaça Hüyük. La cordillera del Cáucaso, el oro y la plata eran también dos metales muy apreciados. 

En Susa, situada en territorio elamita, apreciamos una gran variedad de brazales, anillos, pendientes y adornos para la cabeza y el pecho. Una figurilla de principios del II milenio, "el dios de la mano de oro" pone de manifiesto el contexto de la orfebrería, íntimante relacionada con la monarquía y la divinidad. 

Otro claro ejemplo de esta relación es la tumba del rey Abi Shemu (siglo XVIII a.C.) en Biblos. El cuerpo del monarca fallecido fue depositado en una tumba excavada a unos diez metros de profundidad, dentro de un sarcófago esculpido en piedra y sobre el pecho se le colocó un pectoral de oro que representaba la figura de un halcón con las alas desplegadas. Este pectoral es de clara inspiración egipcia, lo que vuelve a demostrar una vez más los fluidos contactos con el país del Nilo. Además la corona del rey y su cetro eran de bronce y oro, lo que atestiguan las influencias de Mesopotamia. 

Estas piezas de oro sirvieron de inspiración a los diferentes monarcas y territorios de la época, como fueron los casos de las Islas Cícladas y más tarde el resto de Grecia. Vasijas de oro y plata de Eubea, Peloponeso y Creta presentan grandes semejanzas con las de Troya; y las minoicas recuerdan a las Egipcias. 

Oro, metal de reyes y poderosos, tanta importancia se le otorgó, que ni cuando morían, estaban dispuestos a deshacerse de tan preciadas pertenencias.
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