10 de Junio de 1990. Giuseppe Meazza de Milan. Grupo D. Alemania 4 - Yugoslavia 1. Los alemanes habían disputado las dos últimas finales y estaban preparándose para jugar una tercera. Y ganarla.
Lothar Matthäus, ordena, dirige y golea, llega a Italia convertido en el futbolista total. Y se prepara para recoger su corona. Como muestra el segundo gol a Yugoslavia.
A lo largo de todo el campeonato Alemania utilizó una alineación bastante definida, aunque en el debut sufrió la baja de uno de sus pilares defensivos, Jürgen Kohler. Este contratiempo provocó que el Kaiser alinease una línea defensiva inédita, con Aughentaler, Buchwald y Berthold. Yugoslavia tenía una interesante mezcla de veteranía y juventud.
Curiosamente para el seleccionador yugoslavo, Ivica Osim, la defensa era uno de los puntos débiles del equipo alemán.
Ritual. Los equipos saltan al terreno de juego.
Que bonitas eran las equipaciones de los años '90.
El Kaiser Franz Beckenbauer la cabeza pensante de la selección alemana. El técnico ya había anunciado su decisión de concluir su ciclo al frente del equipo al finalizar el campeonato del mundo.
Klaus Augenthaler era el líbero, Matthaus y Hassler arman el juego y en la punta de ataque Klinsman y Voeller. Katanec era el ancla en el medio del campo yugoslavo, y de ahí hacia adelante la calidad de Susic, Stojkovic, Savicevic y Vujovic.
En el mundial de Italia se dio a conocer un defensa central, rápido y aguerrido llamado Pedrag Spasic. Su gran actuación le sirvió para abandonar su club, el Partizán de Belgrado, y fichar por el Real Madrid.
Dejan Savicevic y Guido Buchwald, la capacidad ofensiva frente a la efectividad defensiva. Dos futbolistas muy diferentes.
El "Agente" Spasic persigue al delantero Klinsman. La defensa yugoslava no tuvo su día.
"Pape" Susic, uno de los futbolistas con más talento del equipo yugoslavo, frente a Uwe Bein.
Lothar Mattheus, capitán y alma del equipo, anotó un gol antológico.














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