martes, 22 de diciembre de 2015

SIBIU, LA CIUDAD CON OJOS.



Subes las escaleras, atraviesas la torre puerta de guardia que controla la entrada a la ciudad, dejas atrás el vertiginoso mundo moderno de estrés, ruido y automóviles, y caminas tranquilamente hacia el corazón medieval de Sibiu. En la Piata Mare (nuestra Plaza Mayor) rodeado por docenas de ojos que se abren en los tejados de las casas, tenemos la sensación (cierta) de ser observados por el vigilante supremo que está situado más allá del espacio y del tiempo.


A orillas del río Cibia, un afluente del Olt, rodeada por las montañas de Fagaras, Sibiu, un destacado centro económico y cultural de Transilvania, ha sabido conservar su arquitectura (e impronta) medieval, con un bellísimo (y agradable) centro histórico, convertido en una amplia zona peatonal, ideal para pasear durante una tranquila mañana de domingo.


Como otras ciudades transilvanas, Sibiu tiene tres nombres; el rumano, el alemán – Hermannstadt – por los colonos sajones que se instalaron aquí en la Edad Media, y el húngaro – Nagyszeben – pues hasta hace cien años era un territorio dependiente de Hungría (Imperio Austro-húngaro).


La ciudad está dividida (u organizada) en dos partes claramente diferenciadas; la ciudad alta (Jos), encajada en el tercer cinturón defensivo, en una colina de 431 metros de altura, y la ciudad baja (sos), unida a la colina por medio de barrios y escaleras varias. Las torres, omnipresentes, conforman la personalidad misma de Sibiu, un laberinto de calles escalonadas, flanqueadas por vetustas casas de madera. Históricamente la vida de Sibiu se articula en torno a tres plazas, y juntas conforman el corazón de la Ciudad Alta. Una bien conservada estructura de torres, barbacanas y murallas protegen ese corazón palpitante de vida. Una serie de pasadizos y callejuelas comunican, como si fueran venas y arterias, estas plazas, dotando de gran armonía a todo el conjunto urbano. Dispersas en diferentes puntos de la localidad encontramos iglesias de diferentes épocas y confesiones: católica,  protestante y ortodoxa.


Los arqueólogos, esos esforzados detectives del pasado, han descubierto que los primeros asentamientos humanos se remontan al Paleolítico. Aquí mismo, varios milenios más tarde, los romanos construyeron un castro o fuerte – Cibinium – y ya a comienzos del siglo XII, pasada ya la turbulenta época de las Segundas Invasiones, se instalaron los sajones (alemanes) procedentes de Renania-Moselle, que acudieron al llamamiento del rey húngaro Geza II (Transilvania formaba parte de la Corona húngara) y el pequeño burgo comenzó a ser conocido por su nombre germano: Hermannstadt. En 1224 otro rey, Andrés II, concedió nuevos privilegios a la ciudad.


Estos burgueses sajones fueron los verdaderos fundadores de la ciudad, cuya primera mención documentada data de 1191 bajo el nombre de Cibinium, transformando el viejo fuerte romano, que llevaba demasiado tiempo abandonado, en un próspero burgo medieval. Sibiu formó parte de las ciudades sajonas de Transilvania – Siebenburgën – y sede de la asamblea germana transilvana. En 1241 la población de Sibiu sufrió las consecuencias de la invasión mongola, que arrasaba Europa a sangre y fuego. Aquí se abrió el primer hospital de Rumanía (1292), la primera farmacia (1494) y fue cuna de Samuel von Hahnemann, padre de la homeopatía.


A partir del siglo XIV, el renacimiento urbano era mucho más que una tendencia, comenzó el desarrollo comercial de la mano de eficientes gremios y asociaciones de artesanos (al igual que en otras partes de la Rumanía). En la centuria siguiente las murallas y los edificios de Sibiu sufrieron en varias ocasiones el asedio otomano, algo demasiado frecuente para las ciudades de estas regiones.


En la Edad Moderna Sibiu padeció los avatares de su tiempo, en especial los relacionados con las disputas internas del Reino de Hungría. Durante la guerra por la corona húngara (1529 – 1536) los partidarios de Jan Zapolya pusieron sitio a la ciudad que fue capaz de resistir siete largos meses de asedio. En 1610 el príncipe transilvano Gabriel Bathory entró en Sibiu y la saqueo. Más tarde (1699) cuando Transilvania pasó a depender de Austria, Sibiu se convirtió en capital, y tras finalizar la Primera Guerra Mundial, Sibiu, como el resto de Transilvania, quedó bajo la soberanía de Rumanía. La orgullosa Sibiu participó activamente en los movimientos revolucionarios de 1989 con los que se abría una nueva etapa en la turbulenta historia rumana.



La belleza de Sibiu, ordenada y luminosa, con sus fachadas color pastel, rompe el manido tópico (irreal) de una Transilvania patria de vampiros y terroríficas leyendas, ofreciendo sin embargo al visitante, una agradable lugar para pasear plácidamente y descansar bajo el sol sentado en cualquiera de sus plazas. Los ojos de Sibiu, auténtica seña de identidad, son simples ventanas abiertas en los coloridos tejados de las viejas casas, cuya forma recuerdan a los órganos oculares humanos. Desde la calle uno tiene la sensación cierta que lo están mirando.  


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