martes, 6 de enero de 2015

VIANA, CIUDAD DE PRÍNCIPES.



Viana, histórica ciudad Navarra, que desde 1423 por decisión de Carlos III el Noble, es sede del Príncipe de Viana, título que recibía el heredero de la Corona navarra, equiparable al Príncipe de Asturias en Castilla o el Príncipe de Gales en Inglaterra. Pero además Viana es como una monumental tumba del príncipe del Renacimiento, César Borgia, que murió en estas tierras combatiendo en el bando del rey navarro frente a Fernando el Católico.


Fundada, o mejor dicho refundada en 1219 por el rey Sancho VII el Fuerte, aquel que rompió las cadenas, como baluarte para defender su frontera occidental de las frecuentes incursiones castellanas y amparar, de paso, a los numerosos peregrinos que cruzaban navarra con destino al Finisterre.


La Plaza de los Fueros, entre medieval y renacentista, con la impresionante visión de la Iglesia de Santa María es una precioso rincón y el corazón mismo de la ciudad. Para mi gusto una de las plazas más bonitas de toda España.


Cada uno de los puntos cardinales abre una de las puertas en la muralla que rodea, protege, delimita y cierra la ciudad. Sus murallas y altas torres defendían las tierras navarras de las apetencias expansionistas de su poderoso vecino, el Reino de Castilla. Precisamente tras la conquista castellana de 1512, Viana perdió no sólo sus murallas, sino también a sus enemigos y parte de su razón de ser, de tal manera que dejó de ser fortaleza y atalaya defensiva.


Situada en peligrosa tierra de frontera, fue siempre un lugar hostigado por los castellanos, a tiro de piedra de Logroño, sufrió numerosos acosos y asedios. Pero los vianeses, gente de valor, defendieron siempre con uñas y dientes sus hogares, y de paso, la frontera del reino. Cuentan las crónicas que las doncellas tan dispuestas como los varones no dudaban en ceñir corazas y blandir armas, para presentar batalla al enemigo.


"No menos las doncellas que las casadas, disfrazadas con los vestidos de sus hermanos y maridos muertos, hicieron señaladas proezas".


Príncipe de Viana es a Navarra, lo que Delfín a Francia, heredero de un reino que, a pesar de los pesares, se resiste a morir y ser olvidado.  


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