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martes, 31 de diciembre de 2019

NOVIEMBRE EN LA SALINA DE CETINA. PUERTO REAL.



Avanza el otoño, se acerca el invierno. Los últimos días de noviembre regalan tardes cortas y luminosas en la Bahía de Cádiz. La Salina de Cetina cerca del pinar de la Dehesa de las Yeguas, en Puerto Real, es un hábitat ideal para las aves, que vinculan su existencia a este tipo de ecosistemas. Unas viven aquí de forma perenne, otras están de paso en sus movimientos migratorios anuales.


A paso de flamenco. El flamenco común es una de las aves más espectaculares de todas las que pueblan los humedales ibéricos.


La silueta de esta ave es inconfundible, así como su llamativo color. 



El rosa es el color característico e identitario del Flamenco Común. 


Los individuos jóvenes lucen un plumaje pardo-grisáceo, muy diferente del que podrán presumir cuando sean adultos. 



El Ánade Real o Ánade Azulón es una de las anátidas más frecuente de nuestro país, presente prácticamente en todas las zonas húmedas de la península Ibérica. 


Dos avocetas nadan placenteramente poco antes de la puesta de Sol.



La espátula posee uno de los picos más singulares de todas las zancudas y lo utiliza para rastrear el fango de los humedales. 


Una preciosa imagen de dos espátulas en vuelo. 


La cigüeña siempre nidifica en altura. 




Completamente blanca, la Garceta Común. 


Una nutrida colonia de cormoranes, un ave que encontramos tanto en la costa como en el interior. 



Charcos, marismas, estanques, salinas, ríos, lagunas, en cualquier lugar donde haya agua podemos encontrar a la pequeña e inconfundible lavandera blanca, también conocida como aguzanieves. 


La hermosa Garza Real intenta pasar desapercibida. 


La altura de la Garza le permite dominar el entorno llano y ralo. 


La Garza Real, como otros ardeidos, gustan de la compañía de sus congéneres, especialmente en los momentos de descanso. 


Las rapaces se encuentran en la cúspide de la cadena trófica. 



El aguilucho lagunero es el depredador dominante de la salina. 


Una patrulla de cormoranes en formación de vuelo. 




Cuando se acerca el crespúsculo los cormoranes regresan a sus dormideros. 


Cae la tarde sobre la Bahía de Cádiz. 


viernes, 29 de noviembre de 2019

LIVER BIRD, EL CORMORÁN DE LIVERPOOL.



Muchas de las ciudades surgidas en la Edad Media europea vinculan su origen con un animal legendario. Normalmente se trata de especies que viven en el entorno de la población. 


El cormorán, es un ave de gran tamaño que se alimenta de peces que caza buceando, y que por tanto, suele ocupar superficies de aguas, preferentemente abiertas, tanto costeras como interiores, dulces y saladas. Por eso no es de extrañar que los primeros habitantes de la futura Liverpool, asentados en las orillas del río Mersey, se fijaran en ella. 


En el año 1229 el rey de Inglaterra, Enrique III otorgó a la gente del pueblo el derecho a formar un gremio, con los privilegios que ello conlleva, incluido el derecho de usar un sello común. El sello original representaba un ave difícil de identificar, que el paso del tiempo convirtió en un cormorán. El cormorán lleva un alga marina en el pico y es conocido como Liver Bird, un juego de palabras entroncado con el nombre de la ciudad, Liverpool. A finales del siglo XVIII el Liver Bird es incorporado al escudo oficial de la ciudad. 


Liver Bird es también el blasón del Liverpool Football Club, otro de los símbolos identitarios de la ciudad. Con permiso, claro está, del cuarteto The Beatles. Kenny Dalglish, Ian Rush, Graeme Souness o Steven Gerrad pasearon el Liver Bird por los campos y las ciudades europeas.


martes, 17 de septiembre de 2019

DOLE.




Al pie del Doubs, en las cercanías del canal Rhone-Rhin, la villa de Dole fue la capital del Franco Condado (Franché – Comté) durante el reinado de los condes de Borgoña de la casa Habsburgo.



Su colegiata, del siglo XVI, domina la villa y es uno de los edificios más vistosos de la ciudad.


Dole es además la ciudad natal del científico Louis Pasteur.


El amanecer siempre es un buen momento para observar aves, en especial en estas ciudades que están conectadas directamente con la Naturaleza: un cormorán, varios ánades, mirlos, cuervos, urracas, una aguzanieves (lavandera blanca) y lo más llamativo, un pequeño grupo de garzas reales.



miércoles, 19 de junio de 2019

CASTILLO DE PEÑARROYA.




Pasadas las batallas campales, llegaron, para quedarse, las órdenes militares a las tierras de La Mancha. Para defender los campos y a su gente, los freires y maestres levantaron fortalezas de pidera, que acabaron convertidas en núcleos para vertebrar el territorio. Estamos en la Edad Media, el concepto de estado es mero anacronismo, y cada uno se lo debe guisar, si pretender comer. Entre esos castillos construídos en la inabarcable llanura manchega se cuenta el Castillo de Peñarroya, emplazado en el término municipal de Argamasilla de Alba, la localidad manchega cuyo nombre fue olvidado por el genial manco de Lepanto.


La fortaleza, edificada por los caballeros de la Orden de San Juan de Jesualen (los populares hospitalarios), vigila desde tiempos inciertos la entrada al Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, donde la literatura se funde con la Naturaleza. Tradicionalmente se pensaba que el castillo tenía origen musulmán, si bien hoy día se tiene la certeza de que estamos ante una fortaleza cristiana.


La principal función para la que fue levantado el castillo era militar y de control del territorio (como todas las fortificaciones medievales). Las fronteras se alejan de La Mancha, las guerras cesan y el edificio cambia su cometido. A partir del siglo XIV su función pasó a ser eminentemente económica, constituyéndose en una de las principales fuentes de ingresos para la citada orden: arrendamiento de pastos, cobro de impuestos, protección de pobladores, almacén y caja fuerte de la Orden .


Entrada en recodo que facilita la defensa del acceso principal al recinto amurallado.


En el interior del recinto amurallado se ubica la ermita – santuario de Santa María de Peñarroya. La cúpula que cubre el altar adopta la sugerente (e inquietante) forma de una concha, trasunto de la vulva femenina. María, Astarté, Isis, Inanna y la Pachamama. También Jacobo y su milenario Camino de las Estrellas. Siempre la vénera, la concha, el inequívoco símbolo de la femineidad. ¿Acaso existió aquí un santuario prerromano y preindoeuropeo, precristiano y pagano, en que se rendía culto a la Gran Madre?. María Gimbutas me daría la razón en esta hipótesis.




Antes de la construcción de este santuario la Virgen recibía veneración en una pequeña ermita, la Ermita del Despeñadero, adosada a la muralla del castillo, en el espacio que fue el patio de armas.




La salvia y el esparto crecen (afortunadamente sin control) en las pedregosas orillas del embalse.


Este lugar hará las delicias de los ornitólogos (aficionados y profesionales). Yo que no llegó ni a amateur identifiqué el pinzón vulgar, la paloma torcaz, un gorrión, urracas, un jilguero, varios cormoranes y un par de perdices que correteaban por ahí.


Una leyenda, oída y leída mil veces, en otros tantos rincones de la geografía ibérica, vincula la conquista de la plaza con el hallazgo de la imagen de una Virgen. En 1198 fue tomado el castillo de Peñarroya por el capitán Alonso Pérez de Sanabria y cuando se disponía a ejecutar al alcaide de la fortaleza, hizo promesa de descubrir un tesoro si le era perdonada la vida. Aceptada la propuesta, el guardia derrotado señaló el lugar donde se encontró la imagen de Nuestra Señora de Peñarroya. De la rendición del castillo se creo la Hermandad o Cofradía de Alabarderos, a invocación de la Señora de Peñarroya.


Para enredar más la cosa existe una segunda versión, según la cual, la Virgen fue hallada (por casualidad) en la barbacana del castillo por un partorcillo natural de La Solana, cercana localidad. Este es el verdadero motivo por el que La Solana y Argamasilla comparten el patronazgo de esta Virgen. Vecinos de una y otra localidad protagonizan al cabo del año varias jornadas de romería. Hasta el último domingo de Abril, la Virgen permanece en el Castillo, hasta que llegan los romeros de Argamasilla, y la trasladan hasta su Parroquia. La imagen es venerada en Argamasilla hasta septiembre, fecha en que Argamasilla lleva la virgen al castillo para entregarla a La Solana. Nuestra Señora viaja a La Solana, y tras ser venerada durante los festejos patronales, es devuelta a su trono habitual en San Antón.


Ambas cofradías representando a sus pueblos, quieren rendir devoción a la Santísima Virgen y homenaje perpetuo a los Conquistadores de este Castillo y a las Órdenes Militares de San Juan de Jerusalén y a Santiago que tanto lucharon por estos lugares y España entera, para conseguir el triunfo de la Santa Cruz.


Del agua surge la vida. El agua esculpe el paisaje y lo llena de vida, una vida ruidosa y colorida. Ni la roca, ni la montaña pueden derrotarla. La paciencia del líquido elemento obra el milagro.



El castillo es centinela de un entorno embaucador, lejos del molesto ruido de la civilización.




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