En algún
lugar entre Gascuña y Bretaña tomó las armas el Caballero
Encarnado. Cuenta la leyenda que el mismísimo diablo ofició la
ceremonia y que la sangre de sus víctimas tiñe yelmo, escudo y
armadura, adalid de Satanás, reta a todo soldado cristiano que se
cruza en su camino. Su espada envía clientes a Caronte, su lanza
estercola campos de toda Europa, su montura trota sin descanso, su
alma no encontrará reposo en el inframundo.
LA ALEGRÍA DEL REENCUENTRO (FERIA DEL LIBRO DE VALENCIA 2026)
Hace 38 minutos


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