miércoles, 9 de marzo de 2016

TATIKIOS



Un imperio territorial ha necesitado históricamente a hombres capaces que lo defendieran de las apetencias surgidas del bajo vientre de propios y extraños. Tatikios, un hombre con la nariz mutilada y una prótesis de oro, cumplió con esa función para un decadente (y prácticamente insalvable) Imperio Bizantino.

Este Tatikios era el hijo de un esclavo (posiblemente turco) que sirvió a Juan Comneno, se crió en la corte y creció junto al futuro emperador Alejo I. Su carrera militar y servicio al estado comenzó en 1081 cuando participó en la batalla de Dirraquio, donde los bizantinos fueron derrotados por los normandos de Roberto Guiscardo. En los años siguientes combatió a los selyúcidas, a los pechenegos, a los cumanos, al tiempo que se convertía en protector y guardaespaldas del emperador.

A finales del siglo XII los cruzados se desparraman por Tierra Santa y Tatikios recibe el encargo de convertirse en su guía, y de esta manera tenerlos vigilados muy de cerca. El comandante bizantino acompañó a la expedición de Bohemundo de Tarento (enemistado visceralmente con Alejo) y cómo su misión era preservar los intereses de Bizancio, pronto se ganó el desprecio de los caballeros occidentales que veían en él a un traidor y un cobarde. Esta opinión difiere totalmente de la imagen que nos legan los historiadores bizantinos, con Ana Comneno a la cabeza, que se refiere a él como un luchador valiente, un orador inteligente y un hombre muy capaz.



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