martes, 18 de marzo de 2014

HERMANDAD VIEJA DE CIUDAD REAL.



En un tiempo de violencia e inseguridad, en un territorio donde la corona no tenía ni poder, ni capacidad de actuación, surgen las Santas Hermandades.

Estas hermandades tienen su origen en los colmeneros de la zona de Toledo y Talavera, que ante la acuciante inseguridad, violencia y pillaje deciden actuar. Van a unirse y formar una especie de patrulla vecinal para defender sus propiedades y sus vidas. Pronto esta protección se extenderá a ciudades y gremios, siendo los concejos municipales los encargados de sufragar los gastos. Y en el siglo XIII tiene su origen la Hermandad Vieja de Ciudad Real, una institución a la par temida y respetada en La Mancha. 

Su zona de actuación quedaba circunscrita al campo y los caminos, quedando la ciudad bajo jurisdicción directa del concejo. La Hermandad de Ciudad Real se extendía por los territorios al sur del Tajo, desde los Montes de Toledo hasta Sierra Morena. Su misión: patrullar, vigilar, detener, juzgar y, en caso necesario, ejecutar. 

Juan II a caballo en Ciudad Real.
Desde un principio reciben el apoyo de la Corona, especialmente en territorios de fronteras, como es el caso de Ciudad Real. Los monarcas dotan a estas asociaciones de capacidad jurídica, e incluso ejercen presión sobra concejos, iglesia, Mesta e incluso órdenes militares, para que les cedieran parte de sus competencias. El edicto de Juan II concede a la Hermandad de Ciudad Real amplias prerrogativas sobre los delitos cometidos en campo abierto; contra la propiedad, incendios de pastos, heridas o muertes en despoblados, asaltos.....

El papa Celestino V les concedió, por su utilidad social, el título de Santa. 

Por otro lado, la Santa Hermandad Vieja de Ciudad Real también cumplía funciones de caridad y asistencia social, un aspecto expuesto por Miguel Fernando Gómez Vozmediano en el artículo "Caridad y asistencia social de la Santa Hermandad Vieja de Ciudad Real. Siglos XVI - XVIII".

La Santa Hermandad gozó de un (merecido) prestigio en Ciudad Real. Muchos ciudarrealeños deseaban ingresar en esta organización, ya que podía significar un ascenso económico y social. Para formar parte de la Hermandad era necesario demostrar ser de buena familia y no haber cometido delito alguno. 

La Hermandad solía estar compuesta de cuadrilleros, ballesteros y capitanes, que eran gobernados por dos alcaldes.

M.F. Gómez Vozmediano escribe: "Esta entidad tuvo una notable incidencia en Ciudad Real, desde el punto de vista socioeconómico, por el peso específico de sus integrantes, la oligarquía local; demográficamente, auspiciando la repoblación medieval de esta área fronteriza castellana; y urbanísticamente, por la importancia de su patrimonio inmobiliario. Paulatinamente la institución rebasó el estrecho ámbito del realengo ciudarrealeño, contribuyendo a la conformación del procedimiento judicial penal abreviado o sumarial; siendo considerada uno de los modelos del resto de las hermandades promovidas desde la Corona y extendiéndose nominalmente su radio de acción al resto de los reinos de Castilla y Aragón". 
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