jueves, 24 de enero de 2013

LOS EGIPCIOS


VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968)


Los monarcas del primer imperio egipcio, o Imperio Antiguo, mandaron construir gigantescos monumentos funerarios en forma de pirámide. 


Las familias acomodadas egipcias vivían en agradables mansiones edificadas con adobe o piedra en las proximidades de los canales o de los ríos. A la entrada de la casa, como se aprecia en el dibujo, se levanta un porche sostenido por columnas; ése era el lugar de reunión de los hombres al atardecer cuando, al trasponer el sol la línea del horizonte, se levantaba una brisa refrescante. Desde él se divisaba el panorama del Nilo, bordeado en ambas orillas por palmerales. 


La fantasía y el arte de los pintores, escultores y orfebres egipcios se demuestran principalmente en el ornato de las viviendas de los muertos, es decir, en las sepulturas. 


Los antiguos egipcios eran muy parecidos físicamente a los campesinos que en la actualidad pueblan el país, los fellahin. Su piel estaba atezada por el sol y sus facciones eran regulares y elegantes. 


La mujer egipcia tuvo fama en el mundo antiguo de ser muy hermosa. Su piel era bronceada, poseía cabello muy oscuro, grandes ojos, labios carnosos y nariz regular. 


La lámina muestra a dos pintores ocupándose en la ejecución de las pinturas murales de una tumba. 


El carro de guerra egipcio fue en su tiempo un arma de gran eficacia. Iba tirado por dos caballos y proporcionaba a los ejércitos un avance rápido y demoledor; nada se resistía a su empuje. 


El Nilo, aparte de dar vida a los cultivos que se desarrollaban en sus orillas, era la vía de comunicación más rápida, y también la única que poseía el país. 


El esfuerzo de todos los egipcios se encaminó siempre ha conseguir mayor superficie de tierra cultivable. De la agricultura dependía toda la población y, por ello, cada una de las clases sociales del país se afanó en fomentar las labores campesinas. 


El animal sin duda más temido por las gentes campesinas era el león (Felix leo) que merodeaba por las inmediaciones de las aldeas y establecía sus cubiles en las cavernas de las colinas rocosas que jalonan el valle del Nilo.


Los antiguos egipcios, al igual que hicieron con otros muchos componentes de la fauna, le tributaron un culto respetuoso, lo identificaron con una de sus divinidades e incluso llegaron a embalsamarlo. 
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