sábado, 12 de enero de 2013

ARABIA



DURANTE LA EDAD DEL HIERRO (1200 – 400 a.C.)

Los Albores de la Civilización Árabe

A partir del siglo VII y gracias a la expansión del Islam, la civilización árabe consiguió impregnar a millones de personas. Las raíces de esta civilización árabe las podemos desenterrar en los lejanos inicios de la Edad del Hierro.



Según, Abdul Rahman Al-Ansary, rector del College of Arts, de la Universidad Rey Saud, y especialista en historia presilámica y arqueología de la Península de Arabia, durante la Edad del Hierro (1200 – 400 a.C.) se “desarrollaron esquemas que pervivieron hasta los tiempos modernos y caracterizaron el medio social en que vivió Mahoma”.

Estos esquemas se basaron en tres importantes desarrollos: el perfeccionamiento de las técnicas de gestión del agua, posibilitando el aumento de la producción agrícola; la domesticación del camello, muy útil para el transporte y para la guerra, y la introducción en el mercado internacional de productos típicos de Arabia, como el incienso o la mirra. La interrelación de estos tres factores contribuyó al surgimiento de estados árabes que mantenían relaciones, políticas y económicas, con el Mundo Mediterráneo, y alcanzando incluso el Indo.



A.- El sureste de Arabia.



En Omán, los seres humanos bajaron de las estribaciones montañosas, establecimientos típicos de la etapa anterior, la Edad del Bronce, y se asentaron al descubierto, en la llanura en los cauces de grandes cursos de agua. El cambio de ubicación fue posible gracias a la construcción de túneles subterráneos que perfeccionaban los sistemas de gestión del agua, obteniéndola de una capa situada río arriba. Este sistema de control de las aguas se conoce como falaj.



Los poblados presentan complejos edificios con varias dependencias, construidos con ladrillos de barro. Cerca de los asentamientos se instalaban las necrópolis, con enterramientos de cámara única. En las tumbas, entre el ajuar funerario, se han encontrado cerámicas pintadas, joyas y armas.



A pesar de su denominación, los metales más utilizados en este período, y en esta zona, siguieron siendo el cobre y el bronce.



B.- Arabia Oriental.



En las tierras adyacentes al Golfo Pérsico las ciudades experimentaron una importante renovación. Los edificios públicos de Qala'at al Bahréin cuentan con una sólida estructura, agrupados todos ellos en el centro del yacimiento. Lo más llamativo de este yacimiento son una serie de serpientes que se encontraron enterradas en unos cuencos bajo el suelo. Nos inclinamos a pensar que se trataría de parte de algún tipo de rito propiciatorio.

Qala'at al Bahréin.

Qala'at al Bahréin se convirtió en la capital de Dilmun. El nombre de Dilmun hace referencia a un Reino, cuyos enclaves comerciales árabes situados en el Golfo Pérsico, que servían de intermediarios entre Mesopotamia y el Valle del Indo. Además la zona era un importante productor de sal (existe un yacimiento arqueológico conocido como “de la mina de sal”).



Del reino de Dilmun (siglos VIII – VII a.C.) nos informan algunos documentos neoasirios. Sabemos que uno de sus reyes, llamado Uperi, envió algunos regalos al rey Sargón.



Más tarde, el Golfo Pérsico entró en el ámbito helenístico, incorporándose definitivamente a la amplia red comercial que unía el Mediterráneo y el Índico.



C.- Arabia Meridional.



La Edad del Hierro fue una época clave para el sur de Arabia, en esta época, la región entró en la escena mundial. Una agricultura intensiva muy productiva y un creciente comercio interregional, con el incienso como producto estrella, se unieron para dar lugar a una avanzada civilización. Saba, Qataban, Main, Himyar o Hadramut fueron algunos de estos estados.

Un complejo sistema de presas, albercas y canales situados en los lechos de los wadi (o ramblas) permitía aprovechar las aguas de las escorrentías. Este sistema, sa'il, llevaba agua y limo a los campos de cultivo produciendo abundantes cosechas de trigo, mijo, cebada, avena, dátiles, comino o lino. Además en las laderas se situaban terrazas que proporcionaban tierras suplementarias para el cultivo.

Árbol del incienso.

El incienso, y en menor medida la mirra, estimularon el comercio de la región. Este comercio posibilitó que el sur de Arabia se incorporase a una gran red comercial. Los imperio del Norte durante la Edad del Hierro comenzaron a demandar productos exóticos y esto otorgó a los estados del sur de Arabia la oportunidad de entrar en los circuitos comerciales que comunicaban el Indo, el golfo Pérsico, el norte de Arabia, la Costa Siriopalestina, Egipto y el Mediterráneo Oriental. Esta frenética actividad comercial permitió al sur de Arabia amasar una fortuna con tintes legendarios.



Pensando en fortunas legendarias del sur de Arabia es imposible dejar de pensar en la reina de Saba. Según la tradición bíblica Saba era la sede de un fabuloso reino que mantuvo relaciones comerciales con el Reino de Israel, siendo legendario el encuentro entre Salomón y la Reina de Saba.



El origen del estado sabeo hay que situarlo hacia inicio del I milenio a.C. Un sistema de reglas rituales llamado mukarrib se encargaba de la organización del estado. A partir del siglo V a.C., la autoridad del estado sabeo recayó en manos de un monarca, cuyo título era Malik. Las principales construcciones arquitectónicas de Marib que han llegado hasta nosotros son la muralla, una presa que era el núcleo central de todo el sistema hidráulico y el templo de Awwan, dedicado al dios luna Illumquh.

Restos de Marib

Muralla de Marib.
Durante el siglo VI a.C. constatamos la expansión sabea por el África Oriental. Prueba de ello es la aparición de textos y estilos arquitectónicos característicos del sur de Arabia en la región etíope de Tigré. Algunos investigadores mantienen que la presencia sabea en África Oriental fue un elemento primordial en el nacimiento de la civilización de Axum.



Qataban, cuyo centro se encontraba en Timna era el rival más próximo de los sabeos, a mediados del I milenio a.C. Qataban también tenía acceso al comercio del incienso. El mukarrib más antiguo de Qataban data del siglo V a.C., época de máximo esplendor y al que pertenecen también los principales monumentos de Timna, entre los que destacan sus imponentes murallas con múltiples puertas.



En el siglo V a.C. Saba venció a Qataban, consiguió el monopolio del incienso y convirtió a Qataban en estado vasallo. A partir del siglo IV a.C., Qataban, contando con el apoyo del estado vecino de Ausan, consiguió sustituir a Saba en el control del incienso.



Más adelante, a finales del I milenio a.C. otros pueblos como los mineos y los himyaríes comenzaron su expansión, adquiriendo mayor importancia y viviendo momentos de gran esplendor.



D.- El noroeste de Arabia.



Hasta finales de la Edad del Bronce, la gente del noroeste de Arabia se dedicaba casi exclusivamente al pastoreo, complementando su dieta con la caza y la recolección. A finales de este periodo la situación cambió radicalmente. Alrededor de los oasis comenzaron a surgir aldeas, que con el tiempo acabaron convirtiéndose en auténticas ciudades. El motor de esta sedentarización fue el incienso que provenía del sur con dirección al Norte. Este fue el punto de partida de la encarnizada rivalidad por controlar ese tráfico comercial.

Qurayyah fue una de estas primeras ciudades, de la que sabemos que estaba rodeada de una muralla, producían cerámica y contaban con un extenso sistema de canales. Más tarde surgieron otras ciudades como Jawf, Al-Ula, Tayma y Medina, más conocidas por su posterior fama.



Los pueblos del noroeste de Arabia desarrollaron varias escrituras alfabéticas y nos dejaron numerosas inscripciones. Se trata, por lo general, de mensajes cortos personales, que hacen referencia a ciertas divinidades que tenían significados astrales. En algunos grafitos se representa a los dioses con estrellas.



“La interacción entre el camello, las ciudades comerciales y los mercados del mundo funcionó como una sólida unión entre esta parte de Arabia y las civilizaciones vecinas, al mismo tiempo que trajo a las ciudades de Arabia un clima cada vez más cosmopolita”.

Abdul Rahma Al – Ansary.
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