sábado, 5 de abril de 2025

VELOCIDAD






Noche, luces de neón y velocidad. ¿Lo soñé? ¿Tal vez lo viví en una vida que ya no recuerdo?. Una vida mortal, la juventud parece otra vida cuando la miramos con el corazón de la madurez.

EL PACTO FRANCO-VENECIANO Y EL DOMINIO DEL COMERCIO EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL.

 



En los inicios del siglo X bizantinos y árabes seguían dominando el mar Mediterráneo, pero estaba comenzando a producirse un fenómeno que terminaría cambiando esta tendencia, “la contraofensiva comercial y militar de la Europa Occidental”. Palabras de Roberto Sabatino López, citadas por Gerald A.J. Hodgett en “Historia social y económica de la Europa medieval”.


Los antiguos puertos de larga tradición urbana y comercial, como Nápoles, Pisa y Rávena, y también los de reciente creación como Amalfi y Venecia, y ciudades como Pavía y Milán empezaron, poco a poco, pasito a pasito, a desplazar a bizantinos y árabes como los intermediarios entre Oriente y Occidente. Primeros pasos, décadas complicadas, un conflicto de intereses, la pujanza occidental, el caso es que hacia finales del siglo XII y comienzos del XIII, los italianos dominaron, incluso, el Mediterráneo Oriental. Con Venecia a la cabeza.


Amalfi, Gaeta, Salerno, Bari y algunas otras ciudades italianas de pequeño tamaño, que se habían abierto al comercio doscientos años antes, fueron pioneras en este renacimiento comercial en la Europa Occidental. Los ataques de los lombardos habían obligado a las ciudades que todavía se encontraban bajo dominio bizantino, a practicar el comerio para conseguir un medio de subsistencia. Los centros urbano italo-bizantinos adquirieron una importancia primordial desde las primeras décadas del siglo X. Sobre todas estas ciudades destaca una, Venecia. Anteriormente Venecia era simplemente un asentamiento modesto de pescadores, pero a finales del siglo IX mantenía un activo y lucrativo comercio con Constantinopla. Gracias a las ganancias que le proporcionaba esta actividad comercial, los venecianos podían comprar el cereal y el vino, que ellos no producían, en la cercana Lombardía.


Venecia, y el resto de ciudades italo-bizantinas tenían capacidad para recoger toda clase de productos y enviarlos a Constantinopla, la flamante y próspera capital del Imperio. Como ciudadanos bizantinos, los venecianos gozaban de ciertos privilegios por encima de comerciantes de otras procedencias. En ese sentido tenían acceso a los almacenes locales situados por las autoridades en los términos de los caminos y en los principales puertos, además de alojares en las casas de huéspedes ubicadas en la capital.


Bizancio dispensaba un trato excepcional a los venecianos, puesto que esos cedían sus barcos al gobierno imperial para el servicio de correos y el transporte de tropas. Los venecianos fueron los más avezados intermediarios en aguas del mar Mediterráneo. Gracias a estos favores, los bajeles venecianos únicamente debían pagar dos nomismata de oro al pasar el estrecho de los Dardanelos, mientras el resto de naves debían pagar quince.


Además del comercio legal, mercaderes y marineros practicaban un intenso contrabando, con Constantinopla como centro de salida y de recepción. Pese a los decretos imperiales que prohibían este tipo de actividades, el tráfico ilegal (como ha ocurrido y seguirá ocurriendo a lo largo de la historia) fluía libremente. Los contrabandistas italianos introducían esclavos en tierras del Imperio y sacaban toda clase de telas de lujo (cuya exportación estaba prohibida), oro, material de guerra y alimentos básicos. La demanda de ciertos productos en determinados lugares y momentos contribuyeron a forjar la imagen romántica del contrabandista, hombre libre y valiente que se mueve con destreza entre los estrechos márgenes de la ley.


El comercio legal y reglado era lo suficientemente atractivo y lucrativo, como para inducir a mercaderes de Venecia, Amalfi, Gaeta y Salerno a desplazarse a Constantinopla, aunque no era posible asentarse de forma permanente en la ciudad. El permiso de residencia que expedía el gobierno bizantino en la xenodochia o casas de alojamiento tenía una validez de tres meses (en cada viaje).


El dinero y los recursos son más valiosos que las diferencias culturales y religiosas. El pragmatismo por encima de las creencias y los fanatismos (sean de la naturaleza que sean). Todos estos puertos italianos también mantenían relaciones comerciales con los países islámicos. La abundancia de monedas árabes halladas en Europa occidental, parece corroborar que este comercio con el mundo islámico era más productivo y beneficioso que el que se mantenía con el Imperio de Oriente. Se importaban especias, perfumes, marfil, textiles y aceites, mientras que se exporaban esclavos, madera, hierro y herramientas. El hecho de comerciar con un potencial enemigo, como era el caso del Islam, no importaba demasiado a los mercaderes italianos.


En el siglo X el papel fundamental en la actividad comercial correspondió a Venecia. Este monopolio comercial del que disfrutaban los puertos italo-bizantinos podía haberse amenazado en el supuesto que las negociaciones de Carlomagno con Bizancio o con el califa abasí Harun-al-Rashid de Bagdad se hubiesen llegado a materializar. Al no concluir con éxito estas negociaciones, los derechos que el Emperador de Occidente hubiese otorgado al Imperio de Occidente como un todo, le fueron concedidos por entero a la República veneciana.


El pactum franco-veneciano del año 840 está en la base de la supremacía de la que disfrutó Venecia por encima del resto de puertos comerciales italianos, en lo que respecta al comercio occidental. Ciudades como Amalfi, Nápoles y Gaeta desarrollaron una poco inteligente política a ojos bizantinos, al seguir colaborando con los musulmanes. Esta colaboración socavó los privilegios comerciales que estas ciudades disfrutaban en los dominios del Imperio de Oriente.


“A los tres años de su elección [Pietro Tradonico de Jesolo], lo vemos encabezando una expedición naval a Dalmacia, y en el 840, fortalecida su posición por el relativo éxito de tales operaciones, envió un embajador a los francos con la misión de firmar un tratado con el nieto de Carlomagno, el emperador Lotario. Gran parte de dicho tratado no era sino la simple confirmación de acuerdos anteriores, pero resulta notable por dos motivos. En primer lugar, el manuscrito original aún existe, y se considera como el más antiguo documento diplomático veneciano que se conserva. En segundo lugar, contiene el compromiso explícito del dogo de responsabilizarse de la defensa del Adriático frente a los eslavos o cualquier otro enemigo, así como el reconocimiento implicito por parte de Lotario de su propia debilidad naval y de los consiguientes derechos de los venecianos sobre el Mediterráneo central”.

Historia de Vencia.

John Julius Norwich


A comienzos del siglo XI la preponderancia de Venecia era absoluta, al tiempo que se producía el declive de los puertos de la región como Comacchio e incluso Rávena, que en su momento disfrutó del puerto más grande del Adriático. En la práctica Venecia era completamente independiente de Constantinopla, y sin embargo sus mercaderes conservaban el privilegio de la ciudadania bizantina. Y por otro lado mantenían relaciones diplomáticas con todas las potencias del Islam. Los negocios por encima de todo. Cuando existe el interés – especialmente el economico – las diferencias religiosas dejan de tener importancia. Para Venecia todos eran clientes y socios comerciales, de manera que trataban de igual a igual a los reyes lombardos, a los posteriores – y efímeros – reinos de Italia y a los emperadores de Occidente (a los carolingios y a los del Sacro Imperio).


Los mercaderes extranjeros eran tratados en Vencia de la misma manera a como lo hacian en Constantinopla, eran controlados por el estado y tenían que redidir obligatoriamente en las xenodochia. Hasta el siglo XI, Venecia no sufrió la rivalidad de otros puertos italianos, pues a partir de esta centuria comenzó Génova a recuperarse lentamente de los destrozos causados por los lombardos. Por otro lado, Pisa, la única ciudad que había continuado realizando actividades comerciales, nunca supuso un serio peligro para la poderosa República de San Marco.


viernes, 4 de abril de 2025

FERNANDO JIMENEZ DEL OSO NOS PRESENTA A DRÁCULA.

 



Han pasado cien año y ahí sigue, como un monumento indiferente al tiempo, ajeno a las torpes insidias de los débiles humanos, tan solitaria y eterna como su protagonista. Definida por alguno como la mejor novela jamás escrita, Drácula, sin ser tanto, es mucho más de lo que sus lectores imaginan. No por su envoltura, realmente excepcional, sino por su contenido, por el caudal oscuro de aguas abisales en el que una parte de nosotros se halla sumergida. Todos estamos ahí, compartiendo inconfesables anhelos, ansias primigenias nacidas de nuestro paleocerebro. No es el adusto conde el enemigo, no es la muerte quien triunfa, es la vida en su estado puro, el impulso del predador para el que no existe otra norma que su propio instinto, la urgente y libre manifestación de sus pasiones.

Domesticados, con los lícitos deseos ancestrales reprimidos, no podemos hacer otra cosa que envidiar secretamente a quien, como Drácula, ha vencido a la muerte y ejerce su imperio sobre el mundo de la noche, de espaldas a la luz, a la consciencia. Él es un símbolo, una clave por pocos entendida: la vida plena es imposible sin asumir nuestra sombra, sin incorporar nuestra parte oscura. Condicionados por la razón de los social, tan necesaria como manipuladora, hemos terminado por entender que nuestro objetivo es la luz, olvidando que sin la oscuridad no existe. Delegamos nuestra bipolaridad en arquetipos, enfrentamos a dioses y demonios sin pensar que así la lucha será eterna, sin solución posible, porque el uno sin el otro pierde su sentido. El final, si hay un final, no llegará por la victoria de la luz o de las tinieblas, habrá de venir por la conjunción de ambas en un coyunda reconciliadora que junte lo que nunca estuvo separado. La lección no está en los agudos colmillos, ¿o eran incisivos?, no está en la succión del principio de la vida que la sangre expresa; está en la entrega mutua, en la unión que, por inevitable, a ambos beneficia. Lo demás; la cruz, la estaca o los poco elegantes collares de liliáceas, son sólo recursos para pusilánimes, para pacatos con miedo de vida.

Yo hace tiempo que me entregué gustoso al mordisco de mi sombra...y aquí estoy, esperando a ver que pasa.



Drácula Señor de las Sombras, por Jiménez del Oso.

Fascinante, con una carga simbólica que hace de él casi un arquetipo, el personaje creado por Abraham Stoker se ha convertido en una de las criaturas literarias más populares....y menos comprendidas. Llevada al cine en inumerables ocasiones es, pese a todo, una extraordinaria novela que pocos han leído. Autor y protagonista son analizados con rigor en un artículo que proporcionará al lector pistas para adentrarse en el sugestivo mundo de la Ghost Story.

"Hubo una vez un adolescente al que la vida había concedido dones tan inapreciables como un viejo sillón, un cuarto cuya puerta podía cerrarse y una reducida familia de hábitos tranquilos y respetuosa de la intimidad ajena. Eficaz en sus estudios sin dedicar demasiado tiempo a ellos, el aprendiz de hombre disponía de algunas horas cada día para aquellas actividades que más le complacían y en las que no solía contar con otro compañero que si mismo. La magra biblioteca de su padre, heterogénea y ausente de lomos gofrados, como corresponde a quien ama más la lectura que los libros, sirvió, complementada por un número ingente de tebeos, para nutrir aquel inmaduro intelecto durante unos años... hasta que un día, el más nefasto de los días, la novela gótica entró en su vida y el muchacho sucumbió en las innobles redes de su encanto. Estremecido y gozoso, temiendo y deseando el horror que aguardaba entre sus páginas, fue comprando en librerías de lance cuanto libro de terror le permitía su escasa economía. Y aún arrastró esa enfermedad durante décadas, mientras el cabello huía de su cabeza - tal vez harto de tanto erizarse - y el rostro se le cubría de encanecida barba. Incluso ahora, padre responsable y miembro de una digna profesión, aguarda el momento preciso, cuando la casa está en silencio y todos duermen, para someterse de nuevo al vicio inconfesable de tan nefanda lectura".

Así empezaba uno de los muchos artículos que he escrito sobre Drácula. Salvo un error de transcripción, ahora corregido, que calificaba pedantemente como "magna" la biblioteca de mi padre, cuando solo era magra, esto es, "flaca o enjuta, con poca o ninguna grosura", la mantengo íntegra, ya que, aunque con menos asiduidad, persevero en tan malsana afición. También mantengo el resto del artículo con alguna mutilación que en nada afecta al contenido. Lo he preferido así, porque al cumplirse el centenario de la edición europea de la célebre novela y viéndome en el compromiso afectivo de conmemorar el nacimiento de mi personaje favorito, tras ojear lo ya antes escrito buscando inspiración y datos, me encontré con este artículo y leyéndolo concluí en que nada nuevo podía añadir sin que fuera un adoso superfluo y nada merecía cambiarse; así pues, en lugar de escribir otro, exhumo éste, en la confianza de que será inédito para muchos lectores y releído sin encono por los que hace años lo leyeron. De esta forma, además del homenaje a Bram Stoker, me hago un homenaje a mí mismo.

Drácula, el mito.

Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre su fina nariz y las ventanas de ella especialmente arqueadas; con una frente alta y despejada y el pelo gris le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca, por lo que podía ver de ella bajo el tupido bigote, era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios, cuya notable rudeza mostraba una singular vitalidad en un hombre de su edad. En cuanto a los demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior; el mentón era amplio y fuerte, y las mejillas firmes, aunque delgadas. La tez era de una palidez extraordinaria". Tal es parte de la descripción, tras su primer encuentro, hará Jonathan Harker de Drácula en su diario. Claro está que con el transcurso de los días irá añadiendo nuevos y aún más repulsivos detalles sobre la apariencia y carácter de su anfitrión. No obstante, en este retrato se refleja ya algo que el resto de los personajes y, por ende, el propio autor, sintieron ante el conde Drácula; la fascinación. Aunque poseedor de casi todos los atributos negativos, el noble eslavo reúne las características de héroe y, como tal, despierta en el lector un afán, no siempre reconocido, de emulación.

Al modo de un protagonista de tragedia griega, él es víctima de su detino y lo asume dignamente. Aquellos que sólo ven en Drácula su hematofilia, su desmedido ansia por la sangre, están dejando de lado los aspectos más interesantes de su personalidad. Pese a ser comparado con un insaciable vampiro, su sed es más simbólica que alimenticia, porque en la novela la sangre no es otra cosa que la vida misma; y no de una forma genérica, despersonalizada, sino con atributos que van más allá de lo físico. En el beso del vampiro literario se succiona la vida y la voluntad de ser, se toma del alma. Drácula no es el villano engominado de la Universal, es el seductor en su dimensión más elevada. No asalta a sus víctimas femeninas, elegidas cuidadosamente, sino que espera a que ellas se ofrezcan a sus colmillos totalmente fascinadas, anhelantes por compartir un éxtasis más allá de lo ordinario, en el que lo sexual se sublimará con la máxima entrega: la del Yo. El personaje creado por Stoker es la tentación, la imagen oscura del hombre. Él ha alcanzado la cota máxima de libertad en su reino de sombras, del que es emperador indiscutible. Domina a los seres de la noche, a las fuerzas tenebrosas que amedrentan a los hombres comunes, y, libre de afectos o conceptos morales, no tiene otro compromiso que el que su voluntad le depara en cada instante. Es la fuerza de los inconsciente, de lo habitualmente reprimido, que surge espléndida, rompiendo todas las barreras. Él es lo que los demás quisiéramos ser si tuviéramos valor para ello. Pero el mundo construido por los hombres es como es y no de otra forma. Frente al poder de Drácula y su universo sombrío, se levanta el bien, representado en la novela por los símbolos convencionales de la religión asociados a la luz de la consciencia: el Sol. Forzosamente, el protagonista sucumbe ante la norma establecida, ante un bien que en la ficción literaria no tiene otra fuerza que la de lo socialmente asumido. Drácula no muere por sus hábitos hematófagos, sino por su condición de elementos desestabilizador.

Habría que preguntar a Bram Stoker, su creador, qué razones le llevaron a inclinar la balanza en favor de la norma, a sacrificar la trágica grandeza de su personaje en aras de un orden cuya validez él mismo cuestionaba.

REVISTA ENIGMAS 1997. CIEN AÑOS DE DRÁCULA.

jueves, 3 de abril de 2025

JUVENTUS DE TURÍN 1991. UNA TEMPORADA PARA OLVIDAR.

 

 



Juventus 1990/91. Temporada nefasta para la Vecchia Signora, que aunque alcanzó las semifinales de la Recopa en la Serie A ocupó un discreto séptimo puesto que no le sirvió para disputar competición europea la temporada siguiente.




El veterano Tacconi, suplente de Walter Zenga en la Azzurra, seguía guardando el marco juventino.




El brasileño Julio César aterrizaba en la Serie A para convertirse en el jefe de la defensa.




Luigi De Agostini solía ocupar el lateral izquierdo, aunque se adaptaba a otras posiciones defensivas.




Gianluca Luppi fue uno de los defensores más utilizados por el míster, Luigi Maifredi.




Marco De Marchi era el lateral derecho.




El campeón del mundo, el alemán Thomas Hassler, no pudo triunfar en la Vecchia Signora.




Giancarlo Marocchi era el encargado de armar el juego en la media.




Daniele Fortunato, típico hombre de equipo, sacrificado y polivalente.




Roberto Baggio, el fichaje estrella, el gran protagonista del verano del '90 y esperanza bianconera.




Toto Schillacci no estuvo a la altura de las expectativas que había creado en el reciente mundial, donde fue el máximo goleador.





Pier Luigi Casiraghi completaba el tridente ofensivo juventino.

miércoles, 2 de abril de 2025

GUARDIANES DE LA SANGRE ETERNA

 




Dragones, serpientes y vampiros son, en primer lugar, los guardianes de la sangre eterna. Es el secreto mismo de la vida que ellos protegen, el secreto de la inmortalidad, accesible solamente a los guerreros que saben vencer el miedo bajo todas sus formas.


La atribución del nombre de Drácula al arquetipo del vampirismo, va unida a la idea primaria de la serpiente o del dragón (Dracul, Vlad Drakulea, Drak = dragón) que guarda el secreto de la inmortalidad, representado por la sangre de la vida eterna. La sangre ininterrumpida perpetúa la vitalidad mágica a través de todos los cuerpos perecederos.


Como el Sigfrido de la mitología escandinava, el hombre que bebe o que recoge la sangre del dragón llega a ser invulnerable. La sangre del dragón vuelve igual a los dioses, en potencia y en dureza; se comprende, pues, que el culto del vampiro no tenga más que un fin: la inmortalidad, la protección del cuerpo y su permanencia.
Hijos de Lucifer. 
Jean Paul Bourré.

LLUVIA




Tormenta.
Lluvia, viento y granizo. 
Corazón desolado. 
Cada cual debe buscar 
el lugar donde resguardarse. 
Otros preferimos 
disfrutar de la lluvia 
y empaparnos 
mientras caminamos y silbamos.

martes, 1 de abril de 2025

LEJANA Y EXTRAÑA




Tus palabras saben a naranja amarga
igual que los besos 
que te han arrancado otras bocas. 
Tu piel áspera, 
no soporta la más tímida d
e las caricias. 
Tu mirada es fría, 
gélida como la lejana superficie de Plutón, 
mas tiene la extraña capacidad 
de despertar mi apetito.

PSV EINDHOVEN CAMPEON COPA DE EUROPA.

 

 





En la temporada 1987/88 el PSV Eindhoven se proclamaba campeón de la vieja Copa de Europa , contra pronóstico y de una forma muy peculiar; empató todos sus partidos desde cuartos hasta la final.






La temporada comenzaba con el traspaso de su gran estrella , Ruud Gullit, al A.C. Milán. Pero Guus Huddink había conseguido conjuntar un bloque sólido.





Hans Van Breukelen era indiscutible en la portería del PSV y de la selección Orange. Su parada a Antonio Veloso en el último penalty le convirtió en el héroe de la final.








El capitán del equipo era el belga Eric Gerets, uno de los mejores laterales derechos europeos de la inolvidable década de los '80.








Ronald Koeman, el defensa más goleador de la historia, auténtico francotirador a balón parado, era uno de los jugadores claves en el sistema de juego neerlandés.






Los daneses Iván Nielsen en el centro y Jan Heintze en el carril izquierdo completaban la defensa. Jan Heintze con 425 partidos es el segundo jugador con más presencias en la historia del club.






Soren Lerby, integrante de la generación dorada del fútbol danés de los años '80, disfrutaba en Eindhoven de su última etapa como jugador de fútbol.






Berry Van Aerle, polivalente futbolista que se desempeñaba como lateral o medio por la derecha. La presencia de Gerets lo ubicaban en el medio.








Jan Vanenburg, con gran manejo de balón y capacidad de desborde, era uno de los jugadores con más calidad del equipo. Un tanto infravalorado al coincidir en el tiempo con grandes futbolistas neerlandeses.




El gol de Edward Linskens en el Santiago Bernabéu, en el partido de ida de semifinales es, probablemente el más importante en la historia del club.






Wim Kieft y Hans Gilhaus formaban la pareja de ataque del PSV campeón de la Copa de Europa.




ROMANCE DE LA GENTIL DAMA Y EL RÚSTICO PASTOR.

 



Estase la gentil dama
paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos,
que era maravilla ver;
desde lejos me llamara, 
no le quise responder.

Respondile con gran saña:
-¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder: 

-Ven acá, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es del mediodía,
que ya es hora de comer,
si querrás tomar posada 
todo es a tu placer.

-Que no era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer y hijos,
y casa de mantener, 
y mi ganado en la sierra,
que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan
no tenían qué comer.

-Vete con Dios, pastorcillo, 
no te sabes entender,
hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadica en la cintura,
blanca soy como el papel, 
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver,
las teticas agudicas, 
que el brial quieren romper,
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.

-Ni aunque más tengáis, señora,
no me puedo detener. 
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