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viernes, 19 de diciembre de 2025

POEMA DEL ATLÁNTICO DEL PINTOR NÉSTOR

 

 


Las leyendas del Atlántico, el sueño de Platón, los viajes del capitán Nemo, visitar esos regios palacios habitados por delfines. El poeta pisa la arena de la playa, los pies mojados, la sal pegada a la piel, escudriña el horizonte. Descubrir las maravillas ocultas en el fondo oceánico, la llanura abisal es la última frontera, inaprehensible. Sueña con regresar a la Atlántida, al origen de todo. Los pinceles componen un poema dividido en dos estrofas, de cuatro versos cada una, los momentos del día y los estados de la mar. 

    El Poema del Atlántico formaba parte de un magnífico proyecto inconcluso, el Poema de los Elementos (agua, tierra, aire y fuego). La temprana muerte del artista nos privó de conocer la obra completa. Tierra quedó sin acabar. Aire y fuego ni siquiera pudieron ser iniciados. 

        Pintor modernista y simbolista, después de recorrer Europa, y entrar en contacto con los círculos artísticos de su época, regresó a Las Palmas de Gran Canaria, junto al mar encontró la inspiración definitiva para realizar la más celebrada (y conocida) de sus obras. Mi prima Aida me lo presentó una tarde, verano del 2000. Néstor promotor de la cultura y la identidad Canaria. Nunca olvidaré el impacto que me produjo contemplar su obra en el corazón del Pueblo Canario. Aquella visita me hizo conectar con mis raíces canarias. 

    Néstor de la Torre jugaba con un interesante concepto esotérico con fuertes influencias masónicas (algunas hipótesis sostienen que Néstor era masón), la cuaternidad. Una manera de ver, organizar y concebir el Cosmos; cuatro edades del hombre, cuatro momentos del día, cuatro puntos cardinales, cuatro estaciones y por supuesto, cuatro elementos esenciales. Para los masones el cuatro simboliza el orden, la estabilidad y la totalidad. El cuatro es lo material, mientras que el triángulo representa lo espiritual. Juntos el cuatro – lo material – unido al triángulo – lo espiritual – representan la totalidad del Cosmos. El Poema es puro simbolismo, ocho lienzos divididos en dos grupos de cuatro, Néstor, a través de la pintura, consigue poetizar el Cosmos. El pintor grancanario recitaba poemas con sus pinceles. 


    Enormes y desproporcionados peces comparten el espacio con jóvenes desnudos suspendidos por hilos etéreos sobre las aguas, una visión un tanto irreal, fantástica y onírica, donde conviven la angustia y el sosiego, el sueño y la pesadilla, la fantasía y la realidad. Glamour y misterio, Eros y Thanatos, y el Cielo Eterno como claves de la vida. El color es el elemento esencial de una obra llena de ritmo, armonía y cierta musicalidad. Frente a ella podemos oír los sonidos del mar en los distintos momentos del día y en las diferentes estaciones del año. 

    Ocho lienzos cuadrados (126 x 126 centímetros), de nuevo la cuaternidad, organizados en dos series de cuatro: Las Horas (1912 – 1918) y Los Aspectos (1921 – 1923). 

    Las Horas vienen a simbolizar Las Edades del Hombre y podemos incluso asimilarlas a las cuatro estaciones; Amanecer/Primevera, Mediodía/Verano, Tarde/Otoño, Noche/Invierno. Si nos centramos en el simbolismo del agua podemos comprender el por qué Néstor comenzó su poema por el mar; es el elemento primordial del que surge la vida en todo su esplendor. 


 


Amanecer. La noche se ha retirado, el sol empieza a levantarse lentamente sobre la superficie del mar en calma. Tres peces y tres niños. El tres simboliza lo espiritual, la divinidad misma, el número capaz de superar la dualidad. El nacimiento del hombre, comienzo de la vida. El Sol está presente, aunque nos llegar de forma indirecta, a través de la luminosidad del alba.



Mediodía. La infancia, dos niños cabalgando alegremente sobre un pez tamboril, una etapa de la vida caracterizada por la alegría y la curiosidad. En esos momentos no lo sabemos, pero durante la edad adulta, las echaremos de menos. 



La Tarde. Alcanzamos la edad adulta pocas horas después del mediodía. La vuelta atrás no es posible. El ser humano se aferra al pez, a la existencia misma, tratando de retrasar (en lo posible) lo inevitable. 



La Noche, el final del camino, la muerte. ¿Tal vez el inicio del siguiente?. Los dientes afilados de las morenas nos avisan del destino cierto, el que no es posible retrasar por más tiempo. 

    En la segunda serie Néstor pintó la famosa playa grancanaria de Las Canteras, en cuatro aspectos. 


Bajamar. Una bajamar al amanecer. El pintor muestra al espectador la zona de la barrera de la playa de Las Canteras, completamente invisible durante la pleamar. Aunque el mar no pierde presencia es el cuadro donde la tierra adquiere mayor protagonismo. Tres niños,  entre el sueño y el despertar. Mientras uno de ellos se despierta y saluda al nuevo día, los otros dos continúan durmiendo. 

 

  

Pleamar. El mar se llena de ondas y movimientos, y el cuadro de música. Todo vibra, todo tiene vida. La fuerza pletórica del mar. 

 


Borrasca. Una lucha, un torbellino, los niños y los peces envueltos en el torbellino, parecen danzar, querer escapar del mar, del cuadro, de la realidad. La furia del dios Océano, el agitado mundo marino de vientos y tempestades. 



Mar en reposo. Como en el ciclo del eterno retorno, el continuo nacer y morir, después de la tempestad siempre regresa la calma. El propio Néstor aparece en la escena, junto a su amante Gustavo Durán, un sueño idílico, que juega a buscar la eternidad, atrapar la vida en un suspiro. Los amantes exhaustos, tal vez, parecen levitar sobre el placer derramado. Como un espejo, el mar, separa dos mundos, el humano y el animal. ¿Duermen plácidamente o simplemente se dejan arrastrar por las complejas corrientes de la vida?. 

Quise encontrar el camino hacia la Atlántida mirando estos cuadros . . . (verano del año 2000). 



miércoles, 1 de marzo de 2023

FIRGAS, LA VILLA DEL AGUA.



Mi infancia son recuerdos de una botella de cristal, una etiqueta roja, y un agua con gas, a la que no estaba acostumbrado en mi Puerto Real natal. En mi mente, el topónimo Firgas siempre ha estado relacionado con mi familia canaria, mis vacaciones de verano en Las Palmas y con el agua embotellada (en una época en que bebíamos agua del grifo).



Nunca había visitado Firgas hasta el mes de agosto de 2022, y llegué para descubrir que el agua es, con permiso de los berros, la seña de identidad de la localidad que está situada en el norte de isla Gran Canaria.







En Firgas descubrí dos cosas maravillosas. La calle en pendiente con una fuente que desciende a modo de cascada, el Paseo de Gran Canaria. Ornamentada con los escudos de todos los municipios de la isla. En la parte alta de la calle, un homenaje al archipiélago.





La otra cosa es el potaje de berros acompañado de gofio. La piña de millo es imprescindible en cualquier guiso isleño.




Desde el barranco de Las Madres o de las Mil Fuentes, manaba el agua que dio fama a la villa de las Aguas. Aguas que movían las muelas del molino del gofio (alimento calórico donde los haya). También el gofio ocupa un lugar destacado en los recuerdos de mi infancia.







La villa de Firgas nació en la mítica Selva de Doramas, una gran región poblada de laurisilva que se extendía por el norte de la isla, destacando como un espacio rico en recursos naturales. El conquistador Tomás Rodríguez de Palenzuela, como pago por los servicios prestados a la Corona de Castilla, fue el principal beneficiario de los repartos de tierra y agua. Instaló un ingenio azucarero y para regar los cultivos de caña de azúcar construyó la Acequia Real.





Las obras de la Acequia Real, aún hoy motivo de orgullo para los firguenses, empezaban en el barranco de las Madres y alcanzaban Afugard, nombre nativo de Firgas. Desde aquí se prolonga su recorrido hasta Arucas. La cal negra, la tierra, la piedra y la madera (de la extinta Selva de Doramas) fueron los materiales de construcción de la primitiva acequia.




Desde el mirador de la Plaza de San Roque es posible contemplar una magnífica panorámica visual de la zona noreste de la isla y las azules aguas del océano, convirtiendo a la villa de Firgas, en un auténtico balcón sobre el Atlántico.






sábado, 24 de junio de 2017

FRANCESCO BUONAGUISI.



Comerciante de origen florentino que instaló su residencia y negocios en la Andalucía de los Reyes Católicos. Explotó las salinas de Tortosa, exportó trigo del valle del Guadalquivir, fue armador de los barcos que disputaban el monopolio comercial a Portugal y administró las flotas que se dirigían a la Mina de Oro en Guinea.

Vistió la Gran Canaria y en 1486 los Reyes Católicos lo convirtieron en corregente de la recién fundad Villa de Puerto Real. Con este nombramiento demostraban los monarcas que necesitaban controlar una salida al Atlántico en la Bahía de Cádiz.


Los Reyes Católicos otorgaron a Buonaguisi un tercio de los bienes confiscados por la Santa Inquisición a los herejes. El corregidor de Puerto Real invirtió ese dinero para levantar la iglesia del pueblo y construir las defensas de la villa.

sábado, 17 de septiembre de 2016

PEDRO DE VERA.



Caballero andaluz, más valeroso que inteligente, oriundo de Jerez de la Frontera, su arma presta a defender los intereses de sus señores los Reyes Católicos, eficiente en la batalla y brutal con los vencidos. Regidor de Jerez, alcaide de Cádiz, de Jimena, de Arcos, enfrentado en las tierras del sur con el duque de Medina Sidonia, participó en la recuperación de Gibraltar y desde sus costas lanzaba razzias contra Berbería.

Capitán de Guerra en la conquista de Gran Canaria y gobernador en el Real de las Palmas, enfrentó y mató al caudillo Doramas y concluyó la invasión castellana de la isla. En la Gomera aplastó sin miramientos la “rebelión de los gomeros” masacrando a hombres, mujeres y niños. Los métodos punitivos y crueles empleados por Vera en el archipiélago Canario serían repetidos décadas más tardes en el continente americano por personajes de su misma calaña.

De regreso a la península hizo una pequeña fortuna vendiendo a los canarios como esclavos y tomó parte de la definitiva Guerra de Granada, integrando los ejércitos que rindieron Málaga, aunque no es posible asegurar (ni negar) su participación en la capitulación final de la capital nazarí. Murió a principios del siglo XVI, pobre como las ratas y aquejado, posiblemente, de lepra.



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