lunes, 27 de febrero de 2017

CASTILLO DE FRÍAS.



Colgado del cielo, en el lugar donde nidifican las águilas, el castillo medieval de Frías domina el horizonte histórico de la tierra donde hunde sus raíces el reino de Castillo. Ya desde la lejanía podemos contemplar su silueta sobre el enorme peñasco de La Muela.


El castillo de Frías es resultado de la mezcla de construcciones que se fueron sucediendo entre los siglos XII y XVI, si bien su origen se remonta a una fortaleza del siglo X. En el siglo XIII el rey Alfonso VIII de Castilla se encargó de su reforma. Los albañiles utilizaron para levantar muros y torres, tanto la sillería como la mampostería. Un foso excavado en la roca aislaba la fortaleza de la villa de Frías.


Cada 24 de junio se celebra la Fiesta del Capitán para rememorar un acontecimiento que tuvo lugar aquí a mediados del siglo XV. En el año 1446 el castillo pasó a manos de la familia Velasco, condes de Haro y duques de Frías. Este hecho no gustó a los vecinos de la localidad, y el descontento social terminó desembocando en una rebelión abierta. En 1450 los envalentonados habitantes de la ciudad se parapetaron detrás de las murallas de la fortaleza. Los poderosos Velasco reclutaron tropas experimentadas y sometieron la fortaleza a un duro asedio. Meses después el hambre y la sed de los sitiados hicieron fracasar la revuelta.



La torre del homenaje emerge de la misma roca, fusionándose completamente con la madre tierra. Sin duda el elemento más espectacular, y a la vez sugerente de todo el conjunto. Esta atalaya ha contemplado a lo largo de las centurias, el trabajo de los labriegos, las cabalgadas de los ejércitos, el paso firme de los arrieros, la peregrinación de los romeros, el transitar de los ganados y el fervor de los monjes mendicantes.  

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