domingo, 5 de abril de 2015

LEÓN I, SEÑOR DE MADRID.



Varios siglos antes de convertirse en capital del Reino de España, durante un breve lapso de tiempo (1383 - 1391), Madrid contó con un rey propio. Se trata del último rey de Armenia, convertido en Señor de Madrid, aunque algunos historiadores, los más osados, lo han denominado, León I de Madrid. 

Su vida fue una auténtica novela bizantina, digna del mejor libro de aventuras. Hijo de Juan de Lusignan, condestable del reino, a cuya muerte tuvo que huir a consecuencia de las intrigas palaciegas. Unos percadores le ayudaron y le llevaron hasta Chipre. Se convirtió en senescal de Jerusalén y tras varias vicisitudes fue coronado rey de Armenia en 1374, junto a su esposa Margarita. Su reinado fue convulso y difícil, pues siendo él, cristiano latino, se enemistó por cuestiones religiosas con sus súbditos (mayoritariamente musulmanes), y finalmente, en 1375, los mamelucos conquistaron Armenia, e hicieron de León V, el último de sus soberanos.

A pesar de que le fue concedido un salvoconducto, fue convertido en rehén en la ciudad de El Cairo, donde se negó una y otra vez, abrazar la fe islámica. Encarcelado y angustiado, pasaba el día enviando cartas a los diferentes monarcas cristianos solicitando ayuda. Apiadado por la desgracia de León, el rey de Castilla, Juan I, pagó una fuerte suma de dinero, a cambio de la libertad del armenio. 

Embarcó en Alejandría, hizo escala en Rodas y llegó a Venecia. Posteriormente siguió su viaje, pasando por Avignon, donde fue agasajado por Clemente VII, Montpellier, Tortosa, Barcelona, y finalmente Segovia. En la famosa ciudad del acueducto entró acompañando al rey Juan I, que le había prometido, además de ayuda para recuperar su trono, los señoríos de Andújar, Ciudad Real y Madrid.

En teoría Madrid se había convertido en la capital de Armenia, y aunque en principio, los madrileños no se mostraron muy entusiasmados con el nombramiento, poco a poco León se fue tomando en serio el cometido de gobernar Madrid, y procedió a bajar los impuestos e intentó acercarse al pueblo llano. Mas nunca cejó en su empeño de volver a ser rey. Abandonó Madrid y se dirigió a Navarra y a Francia, pero no encontró el apoyo necesario para culminar sus planes. 

Nunca pudo recuperar su trono, buscó ayuda hasta debajo de las piedras, pero nada consiguió perdiéndose el último reino cristiano de Oriente. Murió en Calais y fue sepultado en la basílica de Saint Denis. Una calle de la Real Villa, recuerda a León I, su primer rey. 

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