lunes, 13 de abril de 2015

ALFONSO SÁNCHEZ DE PORTUGAL.



Bastardo, aunque predilecto, este noble portugués, hijo que tuvo Dionisio I de sus amoríos con Aldonza Rodríguez Talha, fue el ojito derecho de su padre y aspirante al trono portugués, enfrentando por este motivo con su medio hermano Alfonso, heredero legítimo. Poco entiende la afinidad y el entendimiento con la legitimidad y la sangre, y para Dionisio, el rey labrador, este Alfonso era más válido y capacitado que su otro hijo, que acabaría reinando como Alfonso IV. Mas la sangre de Dionisio también corría por sus venas, trovador como su padre, estuvo a punto de ser declarado heredero, y fue por la intervención de la reina Isabel, que se pudo resolver el entuerto. Muerto el rey Alfonso el Bravo ciñó la corona, y su medio hermano marchó al exilio, y tras varios conatos de enfrentamiento militar, fue la reina quién se encargó de sentar a los dos príncipes, y que hicieran las paces. Y lo más importante, el reconocimiento de Alfonso Sánchez como hijo legítimo de su padre.  
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