sábado, 12 de junio de 2021

DE ASTORGA A FONCEBADÓN POR EL CAMINO DE LOS MARAGATOS.

 


Astorga – Foncebadón, hoy tocaremos las nubes desde el techo del camino, tras una larga etapa cercana a los 30 kilómetros en la que atravesaremos la comarca de la Maragatería; tierra de arrieros y gente dura.


Este territorio duro y áspero para sus habitantes, también lo era para los peregrinos, lo que propició que a partir de Astorga los albergues de peregrinos se sucedan con frecuencia. Así, en Valdeviejas y en Santa Catalina de Somoza, hubo hospital de peregrinos en el siglo XV, de los que ya no quedan restos. En El Ganso también existió un hospital y un monasterio ocupado por religiosas Premostratenses de la Orden de Cluny, ambos construidos en el s.XII. En Rabanal del Camino, se levantó un hospital de peregrinos (aún citado por Madoz), bajo el patronazgo de San Gregorio, así como una casa -bien conservada en la actualidad que se conoce como de las Cuatro Esquinas, donde la tradición dice que pernoctó Felipe II en un viaje que hizo a Galicia. En este pueblo, aún destaca el ábside románico del siglo XII en la iglesia parroquial.

Manuel Rodríguez Pascual.

Los Montes de León: Un hito ancestral en el Camino de Santiago.

Revista Peregrino Nº 121





Antes del amanecer, amparado por las luces de las farolas, transitamos por las calles de Astorga. Los peregrinos madrugan para evitar, en lo posible, las horas centrales del día. En la etapa de hoy atravesamos la famosa Maragatería. Personalmente uno de los tramos del Camino de Santiago con más encanto.



Los añejos pueblos maragatos, de nombres rimbombantes, se van sucediendo, Murias de Rechivaldo, la posibilidad de desviarse a Castrillo de los Polvazares, Santa Catalina de Somoza, El Ganso, Rabanal del Camino y finalmente el Monte Irago, Foncebadón.


La Maragatería ha sido siempre una tierra de ancestrales ritos, de gentes estrechamente vinculadas con el sentido comercial y la trashumancia; de arrieros que, a lomos de caballerizas, transportaban sus preciados productos a través de los montes de León y, sobre todo, por la Vía de la Plata, calzada que utilizaban hasta la misma ciudad de Mérida. Dice el refrán que la familia ideal del pueblo maragato deberá estar compuesta, además del núcleo humano, por más mulas y más gatos.

El Camino de Santiago.

Rutas de España. Editorial Planeta.




Tras abandonar Murias de Rechivaldo podemos elegir por un desvío, que nos hará caminar un kilómetro más, para visitar el pueblo-museo de Castrillo de los Polvazares, que conserva toda la esencia de la Maragatería, tierra de arrieros y mercaderes.


La etapa que comienza saliendo de Astorga, y más o menos desde El Ganso comienza una subida sostenida, suave al principio, que se va endureciendo a dos kilómetros de Rabanal del Camino. Una prolongada y por momentos dura ascensión nos lleva a Foncebadón, a 1430 metros. Después de dos semanas caminando por las llanura de la Meseta, hoy regresa la montaña. En Rabanal comienza el ascenso a los Montes de León, frontera natural entre la Maragatería y el Bierzo.


Entre el Ganso y el Monte Irago, la senda jacobea atraviesa una zona de gran atractivo natural, con antiguos campos de cultivo que van siendo reemplazados por un matorral de tipo mediterráneo continental, con encinas, quejigos y rebollos.



Fue al iniciarse la primavera, como ahora. Varios socios del Club Alpino español cruzaron la región maragata al firme y lento paso de las caballerías del país, como perdidas sombras de mundano regocijo, fuyentes por azar en las yermas soledades de la vida: eran mozos festeros, exploradores felices de las sierras bravas, jamás cautivos en una llanura tan triste y tan inútil, sembrada de pueblos estancados y ruines; llanura esquiva, donde la sangre de la tierra castellana, las frescas amapolas, corre con estéril pesadumbre, como flujo de entrañas infecundas. Una mordaza de melancolía hizo enmudecer a los viajeros desde el puente romano del Gerga, a la salida de Astorga, hasta Boisán, donde la Naturaleza se embravece y se engalana con raros alardes de hermosura para subir al Teleno: tomando la «senda de los peregrinos», Murias de Rechivaldo, Castrillo de los Polvazares y otras poblaciones de nombre sonoro y muerta fisonomía, se aparecieron en el páramo como esfinges, al través de los medioevales caminos de herradura; y en el trágico umbral de estos pueblos mudos, se erguía, como un símbolo de abandono y desolación, la figura dolorosa de la maragata en brava intimidad con el trabajo, luchando estoica y ruda contra la invalidez miserable de la tierra...

La Esfinge Maragata.

Concha Espina.



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