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viernes, 3 de octubre de 2014

MARSIAS.



El sátiro Marsias tuvo la osadía de participar en un concurso que le enfrentaba al dios Apolo. Marsias era un experto tocando el aulós (especie de flauta doble) pero su pericia no consiguió convencer a las Musas, jueces y jurado de la contienda, que decidieron otorgar la victoria al dios de la lira. El vencedor podría tratar al vencido como más le complaciese, y un vengativo Apolo, ordenó que el desgraciado Marsias fuese desollado vivo. 

La escultura romana "Hanging Marsyas" se conserva en la Gliptoteca de Munich y es copia de una escultura anterior. Marsias, como todo sátiro estaba estrechamente vinculado a Dionisios, el dios de los excesos, por tanto, el mito de Apolo y Marsias, se ha interpretado como un episodio más en la eterna lucha entre lo apolíneo y lo dionisíaco, el orden y el caos, la mesura y el desenfreno. 

jueves, 5 de junio de 2014

CASTAÑAS, ALIMENTO MEDIEVAL.



A lo largo de toda la Edad Media, el consumo de castañas fue una práctica muy difundida, especialmente entre las clases populares, que en muchos momentos del año, no podían acceder a otros alimentos, como carnes, frutas y verduras. 


La Europa templada, incluida nuestra Península Ibérica, estaba poblada por extensas masas forestales, y entre las muchas especies de árboles que las formaban, el castaño ocupaba un lugar de preeminencia. En ese sentido, la castaña era un fruto fácil de encontrar, barato y de gran valor nutritivo. Y como ha venido sucediendo desde el Neolítico, la recolección de frutos silvestres, era el complemento perfecto para las actividades agrarias. 

Los campesinos encontraron muchas formas diferentes de consumir las castañas; maceradas en agua caliente, asadas, hervidas o tostadas. También en puré y en forma de harina, con la que se amasaba pan. 

En otras ocasiones, las castañas se secaban al sol o se ahumaban para conservarlas mejor. Piero de Crescenzi nos detalla al respecto: "Las castañas verdes al ser ahumadas, de forma que se sequen, se conservan durante largo tiempo y se dice que son más sabrosas que las otras".

El final de la Edad Media también significó el ocaso de la castaña como alimento del pueblo, siendo sustituida por un tubérculo recién llegado de América, que pronto ganó fama y popularidad en toda Europa, la patata. 

lunes, 10 de febrero de 2014

PAN



Berger fluteur, escultura de Antoine Coysevox expuesta en el Louvre.


El semidios lascivo vestido con piel de cabra era protagonista del culto arcadio de la fertilidad, a semejanza de las brujas del Norte de Europa, y asimilado al Fauno latino. Un tipo humilde, perezoso y tranquilo que gustaba de la vida bucólica y pastoril de la tierra de Arcadia, cuidar de sus rebaños, ayudar a los cazadores a encontrar sus presas y retozar alegremente con las ninfas del bosque. Pan era el amante elegido por las Ménades ebrias para celebrar sus atroces orgías en las altas montañas. Cuentan antiguas leyendas, que su mayor conquista, usando engaños y triquiñuelas, fue yacer con la mismísima Selene, Emperatriz de los Cielos. 

domingo, 21 de abril de 2013

BREVE HISTORIA DE LA CERVEZA.



Uno de los proverbios más antiguos, escrito en lengua de los sumerios, exime al trago de toda culpa en caso de accidentes:

La cerveza está bien.
Lo que está mal es el camino.

Y según cuenta el más antiguo de los libros, Enkidu, el amigo del rey Gilgamesh, fue bestia salvaje hasta que descubrió la cerveza y el pan.

La cerveza viajó a Egipto desde la tierra que ahora llamamos Irak. Como daba nuevos ojos a la cara, los egipcios creyeron que era un regalo de su dios Osiris. Y como la cerveza de cebada era hermana melliza del pan, la llamaron pan líquido.

En los Andes americanos, es la ofrenda más antigua: desde siempre la tierra pide que le derramen chorritos de chicha, cerveza de maíz, para alegrar sus días.
Eduardo de Galeano. 
Espejos

lunes, 10 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XVI)


7 Montañeses del Norte.
Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen tambien hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro:

de todo sacrificar cien.

Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos. 

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos <...> y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Este, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos.

8 La Paz Romana.
 Pero su ferocidad y salvajismo no se deben sólo al andar guerreando, sino también a lo apartado de su situación; pues tanto la travesía por mar como los caminos para llegar hasta ellos son largos, y debido a la dificultad en las comunicaciones han perdido la sociabilidad y los sentimientos humanitarios. Actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y la presencia de los romanos, pero los que gozan menos de esta situación son más duros y brutales. Y por otra parte, existiendo como existe en algunos pueblos una miseria derivada de los lugares y montañas donde viven, es natural que se acentúe tan extraño carácter; pero ahora, como dije, han dejado todos de luchar: pues con los que aún persistían en los bandidajes, los cántabros y sus vecinos, terminó el César Augusto, y los coniacos y los que viven junto a las fuentes del Íber, los plentuisos, en vez de saquear a los aliados de los romanos, luchan ahora a favor de éstos. Y Tiberio, sucesor de aquél, apostando un cuerpo de tres legiones en estos lugares por indicación de César Augusto, no sólo los ha pacificado, sino que incluso ha civilizado ya a algunos de ellos.

sábado, 13 de octubre de 2012

MOSINECOS CONSTRUCTORES DE TORRES





En las ribereñas e inhóspitas tierras aledañas al Ponto Euxino - mar Negro - habitaban los mosinecos, vecinos de cálibes, tibarenos y macrones. Jenofonte, "el de la expedición de los Diez Mil", cuenta que no encontró a gente más incivilizada y salvaje en todo su interminable camino de vuelta a casa. Se alimentaban, además de la caza, de un áspero pan de castañas, manjares para los bárbaros, pero auténtica pestilencia para los civilizados, y estirados, helenos. 

"los que tomaron parte en la expedición decían que éstos eran los más bárbaros que habían encontrado en su recorrido y los más diferentes de las costumbres griegas"
                                                             Jenofonte. Anábasis V, 4,34 

Su nombre parece que procedía de las torres de madera que construían, desde las que hostigaban a los forasteros, y donde paraban la mayor parte de sus vidas. 

La más alta de todas las torres era la del rey, cuyo cargo era electivo, pero si faltaba a sus obligaciones, se le condenaba a morir de hambre. 

"Su rey, por otro lado, está sentado en las más alta
mosina,
y dicta allí rectas sentencias a un grupo de gente 
numeroso:
¡infeliz! pues si acaso se equivoca alguna vez
dictando su sentencia, 
aquel día lo mantienen encerrado castigándolo con
hambre". 
                                           Apolonio de Rodas.   Argonáuticas


"Algunos viven sobre los árboles o en pequeñas torres, y por eso los antiguos los llamaron mosinecos, pues llamaban a las torres mosines. Viven de la caza y de frutos de cáscara dura, y atacan a los caminantes saltando desde sus armazones de madera".
Estrabón, XII, 3. 18.

A los mosinecos también los cita Heródoto formando parte del numerosos contingente de tropas, que al mando del rey persa Jerjes, intentaron conquistar Grecia.

"Los tibarenos, los macrones y los mosinecos iban equipados como los moscos. He ahí, por orden, sus comandantes: Ariomardo, hijo de Darío y de Pamis, la hija de Esmerdis (el hijo de Ciro), lo era de los moscos y de los tibarenos; de los macrones y los mosinecos lo era Ataictes, hijo de Querasmis, el gobernador de Sesto, en el Helesponto"
Heródoto VII, 78.  

Según nos cuenta Jenofonte, los mosinecos utilizaban la carne de delfín salada y un pan, a base de castañas, como principales alimentos.

"Los griegos, al saquear las plazas fuertes, encontraban en las casas depósitos de panes amontonados que se transmitían de padres a hijos, según contaban los mosinecos, y trigo nuevo guardado con la paja. La mayor parte era espelta. También encontraban en las ánforas lonchas de delfín en salazón y, en vasos, grasa de delfín, que los mosinecos utilizaban como los griegos el aceite de oliva.  En los graneros había muchas nueces lisas, sin ninguna hendidura (castañas). Éste era su alimento principal, que hervían y cocían como pan. Se encontraba también vino que, sin mezclar, parecía agrio por su aspereza, pero mezclado, resultaba aromático y dulce".
                                                       Jenofonte. Anábasis V, 4, 27-29 

  
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