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viernes, 30 de agosto de 2019

domingo, 9 de diciembre de 2018

AGRIANES.




Polibio cita a los agrianos como aliados o mercenarios de Macedonia contra Roma. Nombrados por varios autores, Apiano, Heródoto, Estrabón y Polibio, se trata quizá de un tribu peonia de Tracia y Macedonia, que moraban cerca del nacimiento del Estrimón, al norte de Peonia. 

Alejandro Magno los sometió a su imperio y después los empleó en su ejército como soldados de caballería y arqueros, por la gran destreza que tenían en el manejo del arco y las flechas.

jueves, 12 de febrero de 2015

AGRON, REY DE ILIRIA



Agron (c.250 - 231 a.C.)  fue un líder ilirio que reinaba sobre un territorio Shkodra, al norte de la Albania actual. De hecho, parte del pueblo albanés se considera heredero y descendiente de la estirpe iliria. 

Agron utilizó a piratas y corsarios para fortalecer sus dominios, saqueando por igual a griegos y romanos, que se atrevían a asomarse por sus costas. Aliado de Demetrio II de Macedonia, luchó y derrotó a los etolios en Acarnania en 231 a.C. En las celebraciones de la victoria se pilló tal borrachera que dio con sus huesos en la sepultura.

"Después que arribaron sus esquifes, el rey Agron oyó de los comandantes el relato del combate. La victoria sobre los etolios, gente realmente muy soberbia, le llenó de alegría: se dio a la bebida y a festines y enfermó de una pleuritis que en pocos días le produjo la muerte"
Polibio II, 4.6.

Y si grande fue su gloria, mayor sería la de su viuda y heredera, la reina Teuta. Ambos son en la actualidad importantes símbolos de la nación albanesa. 

lunes, 11 de agosto de 2014

VIENA IMITA A ATENAS.



El Parlamento neoclásico de Viena, intenta captar el espíritu de la arquitectura griega, para a através de la piedra, alcanzar el ideal democrático ateniense. Y por momentos, lo consigue.


La inmensa (en tamaño y sabiduría) diosa Palas Atenea preside el edificio, al igual que durante siglos recibió a los devotos en el interior del Partenón.

Ocho grandes historiadores de la Antigüedad, cuatro griegos y cuatro latinos, flanquean las escaleras, que nos llevan al edificio principal.


Tucídides.


Heródoto.


Jenofonte.


Polibio.


Tácito.


Julio César.


Tito Livio.


Salustio.



La Historia del Arte es un continuo mirar hacia atrás, para rápidamente volver a mirar al frente. En muchas de las grandes obras arquitectónicas el pasado es el vehículo para llegar al futuro, desde un fugar presente. 


...............tras las huellas de Heródoto...........

jueves, 13 de marzo de 2014

CIRTIOS




Habilidosos y efectivos honderos que tenían su hogar en los montes Zagros. Muchos grupos tribales, especialmente en épocas de carestía o en momentos de superpoblación vendían sus brazos y armas como mercenarios a los grandes ejércitos de la época. Más de uno consiguió hacer fortuna gracias a este viejo oficio. 

Polibio dice de ellos; "[...] de prevenir a Antíoco en las montañas de Apoloniátida, por la mucha confianza que tenía en los honderos llamados cirtios". 

De los cirtios sabemos a ciencia cierta que eran una tribu nómada que vivía en el Norte de Persia y de Media. 

En efecto, estas tribus están dispersas por los montes Zagros y Nifates, y tanto los cirtios y los mardos - pues también así se llaman los amardos - de Persia como los pueblos de Armenia que hasta ahora reciben el mismo nombre, tienen las mismas particularidades. 
Estrabón XI, 13,3.

martes, 18 de junio de 2013

ANÍBAL Y FILIPO V



Unos meses después de sus aplastante victoria en las llanuras de Cannas, Aníbal Barca, el general cartaginés y enemigo odiado de Roma, firmó un pacto con Filipo V , Rey de Macedonia, que supo ver en el gigante púnico, un perfecto aliado en sus planes de socavar el poder de Roma y crear un Imperio Macedonio en el sudeste de Europa. 

"Juramento de Aníbal, el general, de Magón, de Mircano, de Barmócar, de todos los ancianos de Cartago presentes, de todos los soldados cartagineses presentes, prestado ante Jenófanes, hijo de Cleómaco, ateniense, enviado a nosotros como embajador por el rey Filipo, hijo de Demetrio, en nombre suyo, de los macedonios y de los aliados de éstos, juramento prestado en presencia de Zeus, de Hera y de Apolo, en presencia del dios de los cartagineses, de Heracles y de Yolao, en presencia de Ares, de Tritón y de Poseidón, en presencia de los dioses de los que han salido en campaña, del sol, de la luna y de la tierra, en presencia de los ríos, de los prados y de las fuentes, en presencia de todos los dioses dueños de Cartago, en presencia de los dioses dueños de Macedonia y de toda Grecia, en presencia de todos los dioses que gobiernan la guerra y de los que ahora sancionan este juramento. Aníbal, el general, dijo, y todos los senadores de Cartago presentes y todos los soldados cartagineses presentes: por voluntad vuestra y nuestra prestamos este juramento de amistad y de noble adhesión para ser amigos, parientes y hermanos, bajo las cláusulas siguientes: que el rey Filipo, los macedonios y los demás griegos que les son aliados protegerán a los cartagineses y a sus magistrados supremos, y a Aníbal, su general, y a los que el acompañan y a todo el imperio de Cartago, que vive bajos sus leyes, y también al pueblo de Útica, y también a todas las ciudades y pueblos sometidos a Cartago, y a nuestros soldados y aliados, y a todas las ciudades y poblaciones de Italia, de Galia y de Liguria, con las cuales tenemos amistad, y a aquellas ciudades de esta última región con las que lleguemos a tener amistad y confianza. Y también el rey Filipo y los macedonios y los demás aliados griegos serán protegidos y salvados por los cartagineses, que saldrán con ellos a campaña, y por los uticenses, y por todas las ciudades y linajes sometidos a Cartago, y por los aliados, y por las tropas, y por todos los linajes y ciudades que hay en Italia, en Galia, en Liguria, y por todos los que se les alíen de la región de Italia. No maquinaremos nada unos contra otros, ni diremos nada unos contra otros, y con todo afán y lealtad, sin engaño, seremos todos enemigos de los que hagan la guerra contra Cartago, a excepción de los reyes, ciudades y linajes con los cuales tengamos juramento de amistad. También nosotros seremos enemigos de los que hagan la guerra al rey Filipo, a excepción de los reyes, las ciudades y los linajes con los cuales tengamos juramento de amistad. Nos seréis también aliados en esta guerra contra los romanos, hasta que los dioses nos cedan a todos la victoria. Nos ayudaréis como convenga, en la forma que acordemos. Y si los dioses hacen que esta guerra que hacemos todos contra los romanos y sus aliados la acabemos con buen éxito y ellos buscan nuestra amistad, accederemos, pero de manera que esta amistad valga también para vosotros, y así no les sea nunca lícito declarados la guerra, ni dominar Córcira, ni Apolonia, ni Epidauro, ni Faros, ni Dimale, ni Partino, ni Atintania. Restituirán a Demetrio de Faros sus amigos que ahora se encuentran en poder de los romanos. Y si éstos os declaran la guerra, o nos la declaran a nosotros, nos ayudaremos mutuamente, según precisemos unos y otros. Y también si la declaran a terceros, a excepción de aquellos reyes, ciudades o linajes con los cuales tengamos juramento de amistad. Y si nos parece necesario añadir o suprimir algo de este juramento, lo suprimiremos o añadiremos, según parezca bien a las dos partes". 
Polibio. Libro VII. Fragmento 9

domingo, 28 de abril de 2013

VESTINOS



Los vestinos eran uno de los grupos en que se dividían los montañeses samnitas - o tal vez tenían un origen sabino -  y habitaban a los pies del Gran Sasso, un macizo de los Apeninos situado en la sierra formada por los montes Abruzzos, y extendían su territorio hasta el mar Adriático. 


"[...] en su mayor parte alcanza los Apeninos, en la parte que habitan vestinos, pelignos y marsos"
Estrabón V, 1, 2, 

Plinio (III, 38) también   los sitúa junto a marrucinos y frentanos: " . . . los frentanos, los marrucinos, los vestinos . . . " 

Durante la Segunda Guerra Púnica, los vestinos, junto a otros pueblos vecinos, aportaron hombres al ejército de Roma. 

"[...] marsos, marrucinos, frentanos y vestinos dieron veinte mil soldados de infantería y cuatro mil jinetes". 
Polibio, II, 24, 12. 

domingo, 24 de febrero de 2013

PARTENIOS



Partenios, pueblo ilirio, que podemos identificar quizás con los Partinos que cita Estrabón y que habitaban en el Epiro.


"De ellos descienden los taulantios, perrebos, [...], partenios . . "
Apiano. Sobre Iliria 2. 

De cualquier forma, partenios o partinos, estaban asentados en la zona donde confluye lo griego con lo ilirio, y como sucede muchas veces, no es posible discernir con claridad donde comienza lo uno, y donde termina lo otro. 

"Con dichos pueblos están mezclados los pueblos ilirios que se encuentran en la parte meridional de la región montañosa, así como los que viven por encima del golfo Jónico. De hecho, residen por encima de Epidamno y Apolonia hasta los montes Ceraunios los biliones, taulantios, partinos y brigios."
Estrabón VII, 7,8

Como tantos otros pueblos de la zona, los partenios no pudieron resistir el avance romano y tuvieron que ofrecer sumisión a Roma, momento que recoge Polibio en el siguiente pasaje. 

“Aquí se hallaron con embajadores de diferentes partes, entre otras de los pártenos y atintanos que habían venido a ofrecer su obediencia”
Polibio. 
Historias II, 11, 11



jueves, 14 de febrero de 2013

HORATIO COCLES

el héroe romano que detuvo a un ejército etrusco



Corría el siglo VI a.C., una época en que la leyenda y la historia forman un todo inseparable, siendo imposible aprehender una sin la otra. La futura Ciudad Eterna, una más del maremagnum urbano de la Península Italiana durante la Edad del Hierro, era hostigada por los etruscos, sus refinados (¿y misteriosos?) vecinos del Norte. Su líder, el inquebrantable Lars Porsenna, al mando de un ejército había tomado posesión del Janiculo (el Giannicolo, que no forma parte de las "Siete Colinas", y a cuyos pies se encuentra el famoso barrio del Trastévere), y se dirigía obstinadamente al corazón de la ciudad; para ello, bastaba cruzar el Puente Sublicio. Pero no les iba a resultar nada sencillo.

Horatio Cocles "el de un sólo ojo", estaba dispuesto a impedírselo. Su estrategia, aguantar la acometida etrusca, para darles tiempo a sus conciudadanos a derribar el mencionado puente, cortando así a los etruscos el único camino a la ciudad. 

Al inicio de la refriega, Cocles estaba acompañado por las armas de Espurio Larcio y Tito Herminio. Espurio lanceaba, los romanos aserraban; Herminio lanzaba dardos, los romanos cortaban tablas y maromas; Cocles blandía su espada y destrozaba vidas, los romanos destruían los cimientos. Cuando el puente comienza a tambalearse, Cocles ordena a sus fieles compañeros regresar a la ciudad junto a sus familias y él queda a merced de los enemigos, y continua en solitario la feroz defensa de su ciudad y patria. 


Vencidos por el asombro, los soldados etruscos en ningún momento consiguieron abrirse paso, ni uno solo fue capaz de sobrepasar a Cocles, ni alcanzar el puente; ninguna arma etrusca hirió a romano alguno. 

El esfuerzo salado resbala por el rostro de Cocles, la sangre de las heridas dibuja carmesí su piel, el tosco escudo engrandece su figura, su diestra espada atraviesa cuerpos, cercena miembros, quiebra huesos, y manda al Hades a todo aquel incauto que pretende alcanzar la ciudad. 


Al finalizar la demolición, el puente fue engullido por el río, el abnegado Horatio Cocles se arrojó a sus aguas, y en este punto la tradición se bifurca.

Según Polibio, el héroe murió ahogado, arrastrado al fondo por el peso de su armadura, sepultado bajo las oscuras aguas del Tíber, eligió la muerte a cambio de la salvación de su patria. 


"Se cuenta que Horatio Cocles, mientras combatía contra dos enemigos en la extremidad del puente sobre el Tíber que se halla frente a Roma, vio a un grupo de enemigos que venía en ayuda de sus adversarios. Ante el  temor de que lograsen abrirse paso y entrar en la ciudad, se dirigió a los soldados que se hallaban a sus espaldas y les gritó que se retirasen a prisa y cortasen el puente. Aquéllos obedecieron, y Horacio, aunque malherido, resistió hasta que hubieron cortado el puente, y sostuvo el ataque de los enemigos, detenidos no tanto por su fuerza como por el asombro ante su valiente conducta. Cuando estuvo cortado el puente, el ataque enemigo fue detenido mientras Horacio, que se arrojó al río con sus armas, escogía deliberadamente la muerte, apreciando más la salvación de su patria y la gloria que había de seguir a su empresa, que la vida que aún le quedaba por vivir. Tan grandes son el amor y el entusiasmo por las nobles empresas que inspiran en los jóvenes las instituciones romanas"
Polibio  VI, 55



Tito Livio, ofrece otro desenlace, menos dramático; Cocles, tras invocar la misericordia del Padre Tiberino, se lanza a su seno, y nadando alcanzó la otra orilla. Roma le aclamó, le erigió una estatua y le cedió tierras para vivir. 

"Ante la inminente llegada de los enemigos, los campesinos emigraron, cada cual por su parte, del campo a la ciudad, a la que por lo mismo rodean con guarniciones. Unas partes parecían bien defendidas por las murallas, y otras por el Tíber, que se interponía como obstáculo; pero el puente de madera a punto estuvo de dejar el paso libre a los enemigos, si no hubiese sido por un solo hombre, Horacio Cocles, al que la buena fortuna de la ciudad romana tuvo por baluarte aquel día. Encargado de la vigilancia del puente, después de haber visto que el Janículo había sido tomado mediante un ataque imprevisto, que los enemigos bajaban corriendo apresuradamente de allí y que una muchedumbre de los suyos abandonaba temerosa las armas y la formación, deteniendo a algunos a la fuerza, oponiéndose a su huida e invocando la ayuda de los dioses y de los hombres, afirmaba que tras haber abandonado el puesto de defensa huían en vano; que, si dejaban libre a su espalda el paso del puente, al instante habría más enemigos en el Palatino y en el Capitolio que en el Janículo. Así pues, les aconseja y recomienda cortar el puente con la espada, con fuego o con cualquier medio que pudiesen, que él sostendrá el ataque de los enemigos en la medida en que un solo hombre pudiese resistir. De allí marcha a la entrada del puente y, notable en medio del espectáculo de los que huían de la batalla, tras dirigir las armas contra los enemigos para entablar combate de cerca, dejó paralizados a éstos por el prodigio mismo de su audacia. Sin embargo, el sentido del honor retuvo con él a dos, Espurio Larcio y Tito Herminio, ambos ilustres por su linaje y hazañas. Con la ayuda de éstos, sostuvo momentáneamente la primera oleada de peligro y lo más tumultuoso del combate; luego, incluso a estos mismos los obligó a retirarse a un lugar seguro, al llamarles los que cortaban el puente cuando sólo quedó una pequeña parte de éste. Dirigiendo después a su alrededor terribles y amenazadoras miradas a los jefes de los etruscos, tan pronto los desafiaba individualmente como les reprochaba a todos que, esclavos de reyes soberbios, venían a atacar la libertad ajena, olvidándose de su propia libertad. Dudaron algún tiempo, mirándose unos a otros para entablar el combate; luego la vergüenza movió al ejército enemigo y, tras lanzar un griterío, arrojaron de todas partes jabalinas contra su único enemigo. Habiéndose clavado todas ellas en el escudo con que se cubría, y como él mantuviese el puente no menos resuelto en su arrogante posición, ya se disponían con ímpetu a echar al héroe, cuando simultáneamente el estrépito del puente se rompía y el griterío de los romanos que se originó por la alegría de la finalización de su empresa contuvieron el ímpetu con un repentino pavor. Entonces Cocles dijo: "Padre Tiberino, te ruego piadosamente que recibas estas armas y a este soldado en tus propias aguas". Entonces, armado como estaba, saltó al Tíber y, a pesar de la multitud de flechas que caían sobre él, lo atravesó a nado sano y salvo hasta los suyos, después de haberse atrevido a una hazaña que en la posteridad tendría más admiración que crédito. La ciudad se mostró agradecida a tan notable valor: se le erigió una estatua en el comicio y se le dio todo el terreno que pudo rodear con un surco arando un solo día. En medio de los honores públicos resaltaron también los testimonios particulares de afecto, pues durante la época de gran escasez cada uno, según sus recursos particulares, le llevó algo quitándolo de su propio alimento".
Tito Livio II, 10


Y ahora, estimado lector, o amiga lectora, te toca a ti decidir cual fue el destino de Horatio Cocles. 

sábado, 22 de diciembre de 2012

GESATOS

La desnudez del guerrero

Los gesatos eran guerreros galos que iban a la guerra a cambio de dinero, expertos mercenarios, dispuestos a poner su espada a disposición del mejor postor.



“Unidos los insubrios y boios, los dos pueblos más poderosos de la nación, enviaron a punto embajadores a los galos que habitaban los Alpes y el Ródano, llamados gesatos, porque militaban por cierto sueldo; ésta es propiamente la significación de esta palabra”.

Polibio II, 22



Iban al combate desnudos, adornados con torques y collares de oro, y aullaban antes de lanzarse con demencia a destrozar las filas enemigas. La desnudez y los gritos forman parte de sus armas, pues conseguían amedrentar al contrario. La visión de un ejército de fieras sin más protección que su cuerpo debía causar pavor en los bisoños legionarios romanos. Aquí la desnudez es un símbolo del desprecio hacia el peligro que representa una batalla.



“Los gesatos desnudos, vanidosos y llenos de confianza, se situaron al frente de las tropas con sólo las armas”

Polibio II, 28



En la Batalla de Telamón, 225 a.C., una confederación de tribus galas, boios, insubrios y los propios gesatos se enfrentaron a la República de Roma. Los gesatos avanzaron en la vanguardia celta, y aunque lucharon con exceso de valentía se vieron superados por las legiones romanas, pues las jabalinas latinas utilizaron como dianas los desnudos cuerpos de los temerarios gesatos.



Desde un punto de visto sociológico, la desnudez, especialmente en determinados contextos, puede causar confusión y desconcierto, y precisamente un campo de batalla es uno de esos lugares. En palabras de Muñiz Coello: “La desnudez provoca desconcierto y afecta al sentido del pudor de quienes la observan, sobre todo cuando ésta se ubica en contextos ajenos de aquellos en los que habitualmente se contempla”.

sábado, 1 de diciembre de 2012

ODIO ETERNO A ROMA


 Amílcar, general cartaginés y patriarca del clan de los Barca, cruzó el Estrecho de Gibraltar, al frente de un poderoso ejército con el que someter Iberia. Le acompañaba su hijo de nueve años, Aníbal.

En cierta ocasión, se encontraban padre e hijo en el templo de Melkart, situado en Gadir, la ciudad más antigua del occidente europeo.

Con firmeza, Amílcar condujo al pequeño Aníbal al altar de sacrificios, y tras honrar a los dioses, ante el fuego sagrado, tomó sus manos entre las suyas, e instó a su hijo a pronunciar el siguiente juramento: odiaré eternamente a los romanos y sin descanso combatiré contra ellos hasta mi último aliento.
"Cuando su padre iba a pasar a Iberia con sus tropas, Aníbal contaba nueve años y estaba junto a un altar en el que Amílcar ofrecía un sacrificio a Zeus. Una vez que obtuvo agüeros favorables, libó en honor de los dioses y cumplió los ritos prescritos, ordenó a los demás que asistían al sacrificio que se apartaran un poco, llamó junto a sí a Aníbal y le preguntó amablemente si quería acompañarle en la expedición. Aníbal asintió entusiasmado y aun se lo pidió como hacen los niños. Amílcar entonces le cogió por la mano derecha, le llevó hasta el altar y le hizo jurar, tocando las ofrendas, que jamás sería amigo de los romanos"
Polibio, III, 11

ACARNANIOS, LOS HIJOS DE ACARNÁN


Acarnán, hijo de Alcmeón es el héroe epónimo de este pueblo, morador de Acarnania, en la costa occidental de Grecia, y dedicados a la piratería.

Acarnania es una región natural al oeste de Grecia bañada por el mar Jónico. Se trata de una zona montañosa, que presenta pequeñas llanuras costeras.

“Éforo afirma que, por la parte occidental, Grecia comienza en Acarnania; ésta es, dice, la primera región que confina con los pueblos de Epiro”
Estrabón VIII, 1, 3.
El río Aqueloo, separa a los acarnanios de sus vecinos, y ocasionales enemigos naturales, los etolios.

“Aqueloo, río que marca la frontera entre los acarnanios y los etolios”
Estrabón VIII, 2,3

Las ciudades de Acarnania tuvieron una constitución de tipo federal y a partir del siglo V a.C., entraron en la órbita de Atenas.

Al parecer las tierras de Acarnania eran aptas para la cría de caballos, por lo que entre los acarnanios cobraba gran importancia la ganadería equina.

“También la tierra desierta de Etolia y Acarnania resulta adecuada para la cría de caballos, no menos que Tesalia”.
Estrabón VIII, 8,1.
Como aliados de los ilirios de Teuta, vemos a los expertos navegantes acarnanios luchando contra aqueos y etolios. La reina Teuta de Iliria, viuda de Agrón, nunca dudó en utilizar el corso y la piratería en sus guerras contra los diferentes estados griegos y Roma.

“Por su alianza, los ilirios habían recibido siete naves de guerra de los acarnanios; salieron al encuentro, y se batieron con la escuadra aquea junto a Paxos. Los navíos acarnanios, que se hallaban situados de frente con los aqueos, lucharon con igual fortuna, y salieron del combate sin más daño que las heridas que recibieron sus tripulaciones”
Polibio II, 10,1.

Hacia el año 300 a.C. los etolios ocuparon algunas ciudades de Acarnania y los acarnanios se aliaron con los Reyes de Macedonia, hasta que los romanos derrotaron a Filipo V.

“Los acarnanios ratificaron noblemente el decreto, y desde su país hicieron la guerra a los etolios, a pesar de que más que con cualquier otro se hubiera debido tener indulgencia con ellos si por temor hubieran diferido o, incluso, omitido la guerra contra sus vecinos. En efecto: están situados en la frontera etolia y reducidos a sus solas fuerzas resultan fácilmente superables. Téngase en cuenta ante todo que hacía muy poco que habían sufrido una experiencia terrible por el odio que profesaban a los etolios”.
Polibio IV, 30.

Los acarnanios, debido quizás a su debilidad con respecto a sus vecinos, estaban acostumbrados a defenderse con uñas y dientes, y aliarse con vecinos más poderosos, con tal de poder conservar su libertad. Para ello era fundamental la honradez y la lealtad en las alianzas.

“Pero tanto en la vida privada como en la pública no hay nada que los hombres nobles valoren tanto como el deber, cosa que los acarnanios han observado casi siempre en grado no menor al de cualquier otro griego, a pesar de la pequeñez de su fuerza. Nadie, pues, debe vacilar, en momentos difíciles, en aliarse, para sus empresas, con los acarnanios no menos que con los otros griegos, pues tanto en la vida privada como en la pública tienen firmeza y amor a la libertad”.
Polibio IV, 30, 3 – 7. 
 En otra ocasión en que los etolios invadieron Acarnania, los acarnanios juraron expulsar del país, a todos aquellos que hubiesen retrocedido ante el avance del ejército etolio.

“Los acarnanios, informados de que los etolios les habían invadido el territorio, en parte por desconfianza y en parte por indignación, tomaron una decisión desesperada: si alguien sobrevivía por haber retrocedido, se vería expulsado de la ciudad y privado del uso del fuego. Esto lo juraron para todos, pero principalmente para los epirotas: nadie debería acoger en su propia ciudad a los desertores”
Polibio. , Libro IX, 14 (Recogido en Suda)

Finalmente, como la totalidad de los pueblos griegos, también los acarnanios fueron sometidos, no sin antes, resistir hasta la extenuación y agotamiento, por Roma.

“En nuestros días tanto Acarnania como los etolios, igual que otros muchos pueblos, se encuentran exhaustos y sin recursos a causa de sus continuas guerras. Durante mucho tiempo, sin embargo, los etolios, juntamente con los acarnanios, se mantuvieron firmes no sólo frente a los macedonios y otros griegos, sino también, finalmente, frente a los romanos, luchando por su autonomía”.
Estrabón X, 2, 23

jueves, 8 de noviembre de 2012

CHIOMARA


Heroína celta, víctima, juez y verdugo


La hermosa e inteligente princesa de los gálatas, Chiomara, es la protagonista de una historia de violencia sexual, pero también de valentía, coraje y justa venganza.

Los celtas asentados en Asia Menor, recibían el nombre de Gálatas y estaban divididos en tres grandes grupos tribales, tolostoboios, tectosagos y trocmos; y por supuesto, como no podía ser de otra forma, entraron en conflicto con Roma.

Ortiagón era el rey de los tectosagos cuando estalló la guerra contra los romanos en 189 a.C. dirigida por Cneo Manlio Vulso.

"Ortiagón, rey de Galacia, decidió extender su dominación a todos los gálatas de Asia. La naturaleza y la costumbre le ayudaban para el feliz éxito de esta empresa. Distinguíanle su liberalidad y grandeza de alma, y en los consejos y conversaciones mostrábase tan atento como hábil. Era además de extraordinaria bizarría e intrepidez en las batallas, condición de suma importancia en los pueblos de aquella raza"
Polibio XXII, 21( Recogido por Suidas)




Chiomara, la joven, bella e inteligente esposa de Ortiagón, tras la batalla, cayó en manos de los soldados romanos, que la retuvieron como rehén. El centurión al mando, se encaprichó de ella, Chiomara le rechazó, y él, la violó. 

Quizás arrepentido y avergonzado tras cometer tan bárbara felonía, quizás movido por una insaciable avaricia, ofreció a la princesa la posibilidad de pedir un rescate y recuperar así su libertad. Los gálatas cruzaron el río que separaba los dos campamentos cargados con el oro,y mientras el ruín centurión contaba el oro, con un leve movimiento de cabeza, Chiomara ordenó a sus hombres que decapitasen al suboficial romano. 

Chiomara se llevó la cabeza envuelta en su vestido, regresó junto a su marido, y arrojando la sanguinolenta cabeza a los pies exclamö;  "justo es que sólo uno de los hombres que me ha gozado conserve la vida"

"Cuando los romanos, al mando de Manlio, derrotaron a los gálatas, cayó en su poder, entre otras mujeres, Chiomara, esposa de Ortiagón. El centurión a quien correspondió en el reparto, hombre avaro y libertino, abusó de ella indignamente, pero vencible después la avaricia y aceptó gran cantidad de dinero por dejarla  en libertad llevándola él mismo a orillas de un río que separaba el campamento romano del de los contrarios. Los gálatas que traían el precio del rescate cruzaron el río y contaron el dinero al centurión, quien les entregó a Chiomara; pero en el instante en que se despedía de ella abrazándola, hizo Chiomara señas a uno de aquellos para que le diese muerte. Comprendió el gálata la indicación, y cortó la cabeza al romano. Cogióla Chiomara, le envolvió en su vestido, y al llegar junto a su marido la arrojó a sus pies ensangrentada. Admirado éste, le dijo "Bello es, esposa mía, conservar la fe" - Sí, replicó ella; pero es más bello no dejar con vida más que a uno de los hombres que me han gozado". Manifiesta Polibio que diferentes veces conversó con esta mujer en Sardes, admirando su grandeza de alma y su prudencia".
Polibio XXI, 38 (Recogido por Plutarco; Mulierum Virtutes).

domingo, 28 de octubre de 2012

BACTRIANOS



Los bactrianos eran gente de origen iranio y lengua indoeuropea, asentadas en Asia Central. Desde la más remota Antigüedad, Bactriana era paso, y parada obligada, para mercaderes y caravanas que unían la cuenca del Mediterráneo con el Subcontinente Indio y el Lejano Oriente.

Bactria es el nombre griego del país situado entre el Hindu Kush, al Sur, y el Amu Daria al Norte. Actualmente tierras Norte de Afganistán, sur de Uzbequistán y Tayiquistán. Las regiones fronterizas eran Transoxiana y Sogdiana al Norte, Aracosia al Sur, Gandhara, en la India, hacia Oriente, y Drangiana e Hircania, al Oeste. Los territorios que formaban Bactriana eran Guriana, Bubacena, Parapamisade y “el país de los marucenos”. 

 
Bactriana esa un país montañoso, rodeado por el desierto Turanio, con un clima continental y abundantes oasis, que fecundan la tierra y la posibilitan para la agricultura.

Su capital y ciudad principal era Bactra, también llamada Zaraspa, la actual Balkh, en el Norte de Afganistán.

"El país bactriano, habitado por muchas y grandes ciudades, tenía una que era la más célebre, en la que estaba el palacio real; se llamaba Bactra, y en tamaño y fortaleza de la acrópolis sobresalía por encima de todas".
Diodoro de Sicilia II, 6,2. 

“Sus ciudades eran Bactra, a la que también llaman Zarispa y que está atravesada por un río de su mismo nombre que desemboca en el Oxo, Dárapsa y otras muchas, entre ellas también Eucratidia, que recibió el nombre de su gobernante”
Estrabón XI, 11. 2

  Se cuenta que en este territorio comenzó su predicación el profeta Zoroastro, y que también aquí ganó a sus primeros adeptos.

“Zoroastro, rey de los bactrianos e inventor, según dicen, del arte de la magia”
Orosio. Historias. I. 4, 3.

 A lo largo de la historia, la región y sus habitantes bactrianos, pasaron a depender de diferentes gobernantes, según los juegos de poder de la época y de la zona. El rey persa Ciro, subyuga Bactriana en una campaña, entre los años 545 – 540 a.C., convirtiéndola en una de las más importantes satrapías persas.

“No dio nunca a entender (Ciro) que su primera expedición fuera contra los jonios; para él tenian prioridad Babilonia, el pueblo de los bactrianos, los sacas y los egipcios, contra todos los cuales se proponia salir en campaña él personalmente; contra los jonios mandaría a uno de sus generales”
Heródoto I, CLII.

“Desde el país de los bactrianos hasta el de los eglos el impuesto arrojaba trescientos sesenta talentos. Ésta fue la duodécima demarcación tributaria”
Heródoto III, XCII


Como parte integrante del imperio persa, vemos a tropas bactrianas luchando contra los griegos en las Guerras Médicas.

“Los bactrianos salieron en campaña con la cabeza cubierta de manera muy semejante a los medos; se armaban con arcos del país, de caña, y con lanzas cortas”
Heródoto VII, LXIV

Cuando Alejandro Magno, derrota a Darío III, el sátrapa de Bactriana, Besos, asesinó al rey persa y organizó una tímida resistencia contra Alejandro. Para el rey macedonio no resultó muy complicado derrotar a Besos, someter Bactria e incorporar el país a su Imperio Grecomacedonio.

“Alejandro llegó a Drapsaco, dónde concedió un descanso a sus tropas para luego dirigirse a Aornos y Bactra, que son las principales ciudades de la región bactriana”
Arriano. Anábasis de Alejandro Magno. III, 29

Tras la muerte de Alejandro y la división del imperio entre los diácodos , Seleuco I, fundador del Imperio Seléucida, conquista Bactria. A partir de estos momentos, la región comienza a recibir una importante influencia helenística.

“Este Seleuco ya había protagonizado recientemente, a lo largo de Oriente, muchos enfrentamientos con los países miembros del bloque macedonio: en un primer momento asaltó y tomó por las armas la ciudad de Babilonia; a los bactrianos, que se habían levantado en nuevas insurrecciones, los había sometido”.
Orosio. Historias. III, 40. 

Moneda de oro de Diodoto I
 Posteriormente, el sátrapa Diodoto I, consiguió independizar Bactriana del Imperio Seleúcida en el 255 a.C., creando un poderoso reino, que extendió su territorio hasta el actual Pakistán, zona de civilización hindú. Los sucesores de Diodoto I, tuvieron que luchar contra el seleúcida Antíoco III, entre ellos Eutidemo.

“Eutidemo era oriundo de Magnesia y se defendió ante Teleas: afirmaba que no era justo el interés de Antíoco en echarle de su reino, puesto que él no había desertado del rey, sino que cuando todos los demás se habían sublevado, él acabó con sus descendientes y, así, llegó al imperio de Bactria”
Polibio. Historias. XI, 34.

Moneda de Eucrátides I


 El rey Eutidemo I y su hijo Demetrio, cruzan el Hindu Kush, conquistando el Valle del Indo y el Norte de Afganistán, creando un gran imperio Indogriego, que sin embargo, se fragmentó muy pronto. Cuando Demetrio avanzaba sobre la India, uno de sus generales, Eucrátides se sublevó (175 a.C.) y le arrebató Bactriana y Sogdiana. De esta manera el reino quedó dividido. La familia de Eucrátides gobernó sobre Bactriana, Sogdiana y el Punyab Occidental, y los familiares de Demetrio continuaron reinando en el Punyab Oriental.

Estatua rupestre de Buda.

  De la presencia griega en Asia Central, es una muestra el arte greco-bactriano, una síntesis artística de arte griego, con influencias medo-persas y budistas. Un ejemplo de este arte eran los gigantescos budas destruidos por los talibanes en 2001.

Este reino greco-bactriano mantuvo fluidos contactos con China. Las fuentes chinas de la época, como Sima Qian, hablan de una civilización urbana de más de un millón de habitantes, gobernadas por pequeños reyes y magistrados. 

Moneda de Menandro.
  Hacia el 150 a.C. un rey llamado Menandro, por otra parte el único rey citado en la literatura hindú bajo el nombre de Milinda, entró en conflicto con el reino Maurya. Menandro avanzó hacia el valle del Ganges hasta Benarés y conquistó Pataliputra. Este rey favoreció el budismo en perjuicio del hinduismo. Las fuentes hindúes llamaban javana, es decir jonios, a los griegos.

“De Bactria, una parte limita con el norte de Aria, pero la mayor parte se extiende más hacia el este. Es un país grande y productivo en todo excepto aceite. Los griegos que la sublevaron se hicieron tan poderosos gracias a la fertilidad de su tierra que, según afirma Apolodoro de Artémita, dominaron la Ariane y la India, y subyugaron más pueblos que Alejandro, especialmente Menandro, si verdaderamente cruzó el Hípanis hacia el este y marchó hasta el Ísamo. Unos pueblos los conquistó el en persona y otros Demetrio el hijo de Eutidemo, rey de los bactrios”.
Estrabón XI, 11,2

El gran peso económico, cultural y demográfico de la cuenca del Indo y el alto Ganges, posibilitaron que estas regiones se escindieran del estado greco-bactriano y crease el efímero reino indogriego con capital en Taxila. Este reino sobrevivió aproximadamente hasta el cambio de era.

Finalmente el reino occidental, el greco-bactriano fue destruido por gentes llegada de Asia Central de origen tocario, los kushanas. No obstante, la cultura griega sobrevivió en la zona durante mucho tiempo.


“En la antigüedad no se diferenciaban mucho los sogdianos y los bactrianos de los nómadas en formas de vida y costumbres, aunque las costumbres de los bactrianos eran un poco más civilizadas. Pero tampoco lo que cuentan Onesícrito y sus seguidores sobre estos pueblos es precisamente de lo mejor, pues dicen que a los hombres que ya estaban exhaustos por la vejez o la enfermedad los arrojaban en vida a perros instruidos ex profeso con este fin, llamados enterradores en su lengua nativa, y que podía verse que las tierras fuera de la muralla de la metrópolis estaban limpias, mientras que las de dentro estaban casi por todas partes llenas de huesos humanos, pero que Alejandro abolió esa costrumbre. Cuentan que en cierta manera las costumbres de los caspios eran similares a éstas, pues cuando los padres superaban la edad de setenta años los encerraban y los dejaban morir de hambre, costumbre ésta sin duda más llevadera y que se parece a la de los ceyos, y, aunque es de origen escita, mucho más propia de los escitas es, sin embargo, la costumbre de los bactrianos. Y ciertamente, si era lógico que se quedaran perplejos cuando Alejandro se topó allí con semejantes costumbres, ¿qué efecto debieron causar las que seguramente había tenido este pueblo en tiempos de los primeros persas y de los gobernantes aún anteriores?”.
Estrabón XI, 11,3.

jueves, 28 de junio de 2012

COSEOS


Aguerridos guerreros de las tierras de Media, que hacían de la guerra una forma de vida, combatiendo a todas las naciones que pasaron por sus territorios.





"Su frontera con Persia está protegida por el monte Zagro. La ascensión hasta su cumbre es de unos cien estadios, y en él se abren valles y en alguna parte hondonadas en las que viven los coseos y muchos otros linajes bárbaros notoriamente excepcionales por sus dotes guerreras".
Polibio V, 44.7

Vivían en las montañas entre Media y Susiana y según Estrabón eran vecinos de los uxios y amardos, y habitaban en el siglo II a.C. en las inaccesibles montañas del actual Luristán. 

Parece que su origen era caldeo y tenemos noticias de ellos a partir del siglo XIX a.C. Dominaron caldea y en el reinado de Chamuragas consiguieron imponer reyes a Babilonia. Algunos de los primeros reyes de la dinastía caldea fueron coseos como Urri-garu-bay y Agu-Kakrim.

Desde sus inaccesibles montañas hacían correrías de pillaje y bandidaje en las tierras bajas y por este motivo los reyes persas les ofrecían una subvención anual para evitar estas incursiones.

Alejandro Magno les declaró la guerra en 324 a.C. y envió a Ptolomeo hasta que consiguió someterlos. Más tarde Antígono perdió gran parte de su ejército en una expedición fallida contra ellos. 

"Pueblo de bandidos que en otro tiempo proporcionaron a los elimeos trece mil arqueros cuando lucharon como aliados contra los susios y babilonios"
Estrabón

Su principal actividad era la guerra, de la que eran excelentes arqueros y habitualmente actuaban como mercenarios, especialmente en los ejércitos persas. 
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