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viernes, 7 de diciembre de 2018

HELESPONTIOS.



Apiano llama Helespontios a las tribus que habitaban el Helesponto (el estrecho de los Dardanelos). Heródoto también se acuerda de ellos. 

Después de pagar a Mandrocles, Darío pasó a Europa, previniendo a los jonios que navegasen rumbo al Ponto hasta el río Istro, y que cuando llegasen al Istro, le aguardasen allí, haciendo un puente de barcas sobre el río, porque los jonios, los eolios y los helespontios capitaneaban la armada.
Heródoto IV, 89. 

Es posible que se trate de un pueblo tracio. 

jueves, 26 de marzo de 2015

CAPITEL PERSA.



Poderosos toros sustentan con sus cornamentas las cubiertas de la Apadana, la inmensa sala de audiencias del palacio del rey Darío I en Susa. El persa siempre ha tendido hacia lo grandioso y colosal, y este impresionante capitel es una prueba de ello.


Lamentablemente estos días, algunas obras de arte como esta, son noticias por un triste motivo; su destrucción inmisericorde a manos de fanáticos religiosos. Este capitel de momento está a salvo, pues se encuentra en el Museo de Louvre. Cada vez que alguien destruye una parte de la historia común, la Humanidad se vuelve menos humana, perdiendo una parte de su esencia.

lunes, 21 de abril de 2014

POSTRADOS ANTE DARÍO I EL GRANDE



El rey persa Darío I el Grande hizo decorar las monumentales escaleras que conducían a su gran sala de audiencias, conocida como apadana, en su palacio de Persépolis, con una enorme representación de sus súbditos llevándole tributos y presentes, como parte del ceremonial persa. 

Los relieves, que podemos disfrutar en el Museo Británico, forman un interminable desfile compuesto por pueblos vasallos y sometidos, que acuden a postrarse ante el Gran Rey de Reyes, posiblemente en el contexto de la celebración del Año Nuevo.


Los lidios, ataviados con largas túnicas y sombreros cónicos, portan boles y brazaletes, y transportan metales preciosos en sus carros. 


Capadocia, situada en el centro de Anatolia, envían una embajada para ofrecer al rey los magníficos caballos criados en estas tierras.



Los representantes de las ciudades jonias, vestidos con largas túnicas, llevan ricos presentes, como copas de metal, boles preciosos y preciados ropajes. 




Los bactrianos, procedentes del Asia Central, ofrecen al monarca un espléndido camello, que lleva una campana colgada del cuello. Llevan una diadema en el pelo, atada con un nudo y pendiente en las orejas. 


La riqueza en oro de la India es legendaria, por tanto es de suponer que sus embajadores ofrecen el precioso metal al gran Rey, para que pueda aumentar su extraordinario patrimonio. Los indios llevan un faldín corto y el torso desnudo. Los platillos iban cargados de oro en polvo y además van acompañados de un asno.


En total aparecen representados al menos 23 pueblos pertenecientes al Imperio, desde la India hasta Egipto. 

domingo, 2 de junio de 2013

FRISO DE LOS ARQUEROS DE SUSA



Arqueros de suntuosa vestimenta, armados con lanzas y enormes arcos, estatismo vigilante, porte marcial, filas de inmortales que parecen repetirse hasta el infinito.

El friso de los arqueros adornaba las paredes del palacio real de Susa. El palacio de Susa fue ordenado construir por el rey Darío I, que traslado la residencia real y la capitalidad del Imperio persa, desde Pasargada hasta Susa. En la actualidad podemos disfrutar de ellos en el parisino Museo de Louvre. 


El friso es un excepcional ejemplo de cerámica vidriada policromada, realizada a partir de ladrillo cocido y esmaltado. Esta técnica tiene su origen en tradiciones anteriores mesopotámicas, asirias y especialmente babilonias. Su antecedente más claro es Babilonia, el propio Darío escribirá que artesanos babilonios se encargaron de los ladrillos de Susa.

Los arqueros, muy posiblemente integrantes de los famosos "Inmortales" llevan colgados el arco y el carcaj, y con ambas manos sostienen largas lanzas. Ataviados con piel de felino, luciendo hermosos peinados y enjoyados con brazalete, son un ejemplo más de la, no tan utópica, suntuosidad persa, que incluso lleva bien vestidos a los hombres que se dirigen a la guerra.


Cada uno de los infantes mide aproximandamente metro y medio, y son prácticamente iguales, tan solo difiente en el armamento y en la ornamentación.


El friso recoge el movimiento estático (o pausado), arcaismos anatómicos y la repetición en serie, elementos característicos del relieve persa. En definitiva una de las más famosas muestras del arte aqueménida.

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