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jueves, 22 de marzo de 2018

REY MIDAS.




a. Midas, hijo de la Gran Diosa del Ida y de un sátiro cuyo nombre no se recuerda, era un rey amante de los placeres de Bromio, en la Macedonia, donde gobernaba a los brigios (llamados también mosquios) y tenía sus célebres jardines de rosas. En su infancia se observó una procesión de hormigas que transportaban granos de trigo por el costado de su cuna y los ponían entre sus labios mientras dormía, prodigio que los adivinos interpretaron como un presagio de la gran riqueza que acumularía; y cuando creció le instruyó Orfeo.

b. Un día, el libertino y viejo sátiro Sueno, que había sido pedagogo de Dioniso, se extravió del cuerpo principal del bullicioso ejército de Dioniso cuando éste pasaba de Tracia a Beocia y lo encontraron durmiendo su borrachera en los jardines de rosas. Los jardineros lo ataron con guirnaldas de flores y lo llevaron ante Midas, a quien hizo un relato maravilloso de un continente inmenso situado más allá del océano —completamente separado de la masa conjunta de Europa, Asia y África— y en el que abundaban las ciudades magníficas, pobladas por habitantes gigantes, felices y de larga vida y que gozaban de un notable sistema legal. Una gran expedición —de por lo menos diez millones de personas— se puso en otro tiempo en camino desde allí a través del océano para hacer una visita a los Hiperbóreos; pero al ver que el suyo era el mejor país que podía ofrecer el viejo mundo, se retiraron, asqueados. Entre otras maravillas. Sueno mencionó un remolino espantoso más allá del cual no puede pasar ningún viajero. Dos arroyos corren por las cercanías y los árboles que se alzan en las orillas del primero dan el fruto que hace llorar, gemir y desfallecer a quienes lo comen. Pero el fruto que dan los árboles que se alzan junto al otro arroyo renuevan la juventud incluso de los muy ancianos; en realidad, después de pasar hacia atrás por la edad madura, la juventud y la adolescencia, vuelven a ser niños y luego infantes, ¡y por fin desaparecen! Midas, encantado con las fábulas de Sueno, le agasajó durante cinco días y sus noches y luego ordenó que un guía le acompañara hasta la residencia de Dioniso.

c. Dioniso, que había estado preocupado por la suerte de Sueno, mandó que preguntaran a Midas cómo deseaba que se le recompensase. Midas contestó sin vacilar: «Te ruego me concedas que todo lo que toque se convierta en oro.» Pero no sólo las piedras, las flores y los muebles de su casa se convertían en oro, sino también, cuando se sentaba a la mesa, los alimentos que comía y el agua que bebía. Midas no tardó en suplicar que le eximiesen de su deseo porque se moría de hambre y de sed; Dioniso, muy divertido, le dijo que visitara la fuente del río Pactólo, cerca del monte Tmolo, y se lavase en ella. Midas obedeció e inmediatamente quedó libre del tacto de oro, pero las arenas del Pactólo siguen siendo doradas y brillantes aún en nuestros días.

d. Midas entró así en Asia con su séquito de brigios y le adoptó el rey frigio Gordias quien no tenía hijos. Cuando sólo era un campesino pobre, Gordias se sorprendió un día al ver a un águila real posarse en la vara de su carro de bueyes. Como parecía dispuesta a permanecer allí todo el día, condujo la yunta hacia Telmiso, en Frigia, ahora parte de Galacia, donde había un oráculo, digno de confianza, pero en la puerta de la ciudad se encontró con una joven profetisa que, cuando vio al águila todavía posada en la vara, insistió en que él ofreciera inmediatamente sacrificios a Zeus Rey.
Déjame que vaya contigo, campesino —dijo ella— para estar segura de que eliges las víctimas apropiadas.
No faltaba más —contestó Gordias—. Pareces ser una joven juiciosa y considerada. ¿Estás dispuesta a casarte conmigo?
Tan pronto como hayas ofrecido los sacrificios —replicó ella.

e. Entretanto, el rey de Frigia había muerto repentinamente, sin sucesión, y un oráculo anunció: «Frigios, vuestro nuevo rey se acerca con su novia, sentado en un carro de bueyes.» Cuando el carro entró en la plaza del mercado de Telmisa, el águila llamó inmediatamente la atención popular y Gordias fue aclamado unánimemente rey. En agradecimiento, dedicó el carro a Zeus, juntamente con su yugo, que había atado a la vara de una manera peculiar. Un oráculo declaró que quien descubriera cómo se podía desatar el nudo se convertiría en el señor de toda Asia. En consecuencia, el yugo y la vara fueron depositados en la acrópolis de Gordión, ciudad que había fundado Gordias, donde los sacerdotes de Zeus los guardaron celosamente durante siglos hasta que Alejandro de Macedonia cortó petulantemente el nudo con su espada.

f. Cuando murió Gordias, le sucedió en el trono Midas, quien promovió el culto de Dioniso y fundó la ciudad de Ancira. Los brigios que habían venido con él se llamaron en adelante frigios y los reyes de Frigia se han llamado alternativamente Midas y Gordias hasta el presente; por lo que al primer Midas se le ha llamado equivocadamente hijo de Gordias.

g. Midas asistió al famoso certamen musical entre Apolo y Marsias, arbitrado por el dios fluvial Tmolo. Tmolo concedió el premio a Apolo, quien, al ver que Midas discrepaba del veredicto, lo castigó con un par de orejas de asno. Durante largo tiempo Midas se las arregló para ocultar esas orejas bajo un gorro frigio, pero a su barbero, que se enteró de la deformidad, le fue imposible mantener el secreto vergonzoso, como le había ordenado Midas bajo pena de muerte. En consecuencia, cavó un hoyo en la orilla del río y, asegurándose antes de que no había nadie en los alrededores, murmuró: «¡El rey Midas tiene orejas de asno!». Luego llenó el hoyo y se alejó, en paz consigo mismo, hasta que brotó de la orilla una caña que susurraba el secreto a todos los que pasaban. Cuando Midas se enteró de que su desgracia era de conocimiento público, condenó a muerte al barbero, bebió sangre de toro y pereció miserablemente.
Robert Graves.
Los mitos griegos.


jueves, 15 de febrero de 2018

MELAMPO.




El minia Melampo, nieto de Creteo, vivía en Pilos, Mesenia, y fue el primer mortal al que se concedieron los dones proféticos, el primero que practicó la medicina, el primero que edificó templos a Dioniso en Grecia y el primero que mezcló el vino con agua.

Su hermano Biante, por quien sentía gran afecto, se enamoró de su prima Pero, y eran tantos los pretendientes a su mano que su padre Neleo la prometió al hombre que pudiera ahuyentar de Milacas el ganado del rey Fílaco. Éste apreciaba ese ganado más que cualquier otra cosa del mundo, con excepción de su hijo único Ificlo, y lo guardaba personalmente con la ayuda de un perro que nunca dormía y al que nadie se podía acercar.

Ahora bien, Melampo entendía el lenguaje de las aves, pues le había limpiado los oídos, lamiéndoselos, una carnada agradecida de serpientes jóvenes a las que había librado de la muerte a manos de sus sirvientes y los cadáveres de cuyos padres había enterrado piadosamente. Además, Apolo, con quien se encontró un día en las orillas del río Alfeo, le enseñó a profetizar examinando las entrañas de las víctimas sacrificadas. Así fue cómo supo que quienquiera que tratase de robar el ganado de Fílaco lo recibiría como obsequio, pero sólo después de haber estado encarcelado durante exactamente un año. Como Biante estaba desesperado, Melampo decidió ir al establo de Fílaco en plena noche, pero tan pronto como intentó tocar una vaca el perro le mordió en la pierna y Fílaco, levantándose de un salto de la paja en que dormía, lo hizo encarcelar. Eso era, por supuesto, lo que esperaba Melampo.

En la tarde del día en que terminaba su año de encarcelamiento oyó Melampo a dos carcomas que hablaban en el extremo de la viga que se introducía en la pared sobre su cabeza. Una de ellas preguntó con un suspiro de cansancio:
¿Cuántos días de roer nos quedan todavía, hermana?
La otra, con la boca llena de polvo de madera, contestó:
Estamos progresando mucho. La viga caerá mañana al amanecer si no perdemos el tiempo en conversaciones inútiles.
Melampo gritó al oír eso:
¡Fílaco, Fílaco, te ruego que me traslades a otra celda! Aunque Fílaco se rió de las razones de Melampo, le trasladó a otra celda. Cuando la viga cayó en la hora predicha y mató a una de las mujeres que ayudaban a sacar la cama, la presciencia de Melampo dejó asombrado a Fílaco.
Te concederé la libertad y el ganado —le dijo— si curas de
la impotencia a mi hijo Ificlo.

Melampo accedió. Comenzó la tarea sacrificando dos toros a Apolo, y después de haber quemado los fémures con la grasa, dejó las reses muertas junto al altar. Poco después descendieron dos buitres y uno de ellos le dijo al otro:
Deben haber pasado varios años desde que estuvimos aquí la última vez. Fue cuando Fílaco castraba carneros y nosotros tuvimos nuestros gajes.
Lo recuerdo —dijo el otro— Ificlo que entonces era todavía un niño, vio que se le acercaba su padre con un cuchillo manchado con sangre y se asustó. Al parecer temía que le castrara también a él, porque se puso a gritar con todas sus fuerzas. Fílaco clavó el cuchillo en el peral sagrado que se alzaba aquí, para no perderlo, mientras corría a consolar a Ificlo. Ese susto explica la impotencia. ¡Pero Fílaco se olvidó de recoger el cuchillo! Allí está todavía, clavado en el árbol, pero la corteza ha cubierto su hoja y sólo se ve el extremo del mango.
En ese caso —observó el primer buitre— el remedio de la impotencia de Ificlo sería extraer el cuchillo, raspar el orín dejado por la sangre de carnero y administrárselo, mezclado con agua, durante diez días seguidos.
Estoy de acuerdo —declaró el otro buitre—. ¿Pero quién aún con menos inteligencia que nosotros, sería lo suficientemente sensato como para prescribir semejante medicina?

Así pudo Melampo curar a Ificlo, quien no tardó en engendrar un hijo llamado Podarces; y, habiendo reclamado primeramente el ganado y luego a Pero, entregó ésta, todavía virgen, a su agradecido hermano Biante.

Ahora bien, Preto, hijo de Abante, que reinaba en Argólide juntamente con Acrisio, se había casado con Estenebea, quien le dio tres hijas llamadas Lisipe, Ifínoe e Ifianasa, aunque algunos llaman a las dos menores Hipónoe y Cirianasa. Bien porque habían ofendido a Dioniso, o bien porque habían ofendido a Hera por haber incurrido excesivamente en amoríos, o robando el oro de su imagen en Tirinto, la capital de su padre, los dioses enloquecieron a las tres, que recorrían furiosas las montañas como vacas picadas por el tábano, conduciéndose de la manera más desordenada y atacando a los viajeros.

Cuando Melampo se enteró de eso fue a Tirinto y se ofreció a curarlas, con la condición de que Preto le recompesara con la tercera parte de su reino.
El precio es demasiado alto —replicó Preto bruscamente, y Melampo se retiró.
La locura se extendió a las mujeres argivas, muchas de las cuales mataban a sus hijos, abandonaban sus hogares y en su desvarío iban a unirse a las tres hijas de Preto, por lo que no había seguridad en los caminos y los rebaños de ovejas y el ganado vacuno sufrían fuertes pérdidas, porque las mujeres desenfrenadas descuartizaban a los animales y los devoraban crudos. Al ver eso Preto se apresuró a llamar a Melampo para decirle que aceptaba sus condiciones.
No, no —dijo Melampo—, así como ha aumentado la enfermedad, así también han aumentado mis honorarios. Dame a mí una tercera parte de tu reino y dale otra tercera parte a mi hermano Biante, y me comprometo a librarte de esa calamidad. Si te niegas, no quedará en su hogar una sola mujer argiva. Preto aceptó y Melampo le aconsejó:
Promete veinte bueyes rojos a Helio —yo te diré lo que debes decir— y todo andará bien.

En conformidad, Preto prometió los bueyes a Helio, con la condición de que sus hijas y las acompañantes de éstas se curasen, y Helio que lo ve todo, prometió inmediatamente a Artemis que le daría los nombres de ciertos reyes que no habían hecho sacrificios, con la condición de que convenciera a Hera para que anulara su maldición de las mujeres argivas. Ahora bien, Artemis había perseguido y dado muerte recientemente a la ninfa Calisto para complacer a Hera, por lo que no tuvo dificultad en ponerla de su lado en el asunto. Así es como se hacen las cosas tanto en el cielo como en la tierra: una mano lava a la otra.

Luego Melampo, ayudado por Biante y un grupo escogido de jóvenes fornidos condujeron a la desordenada multitud de mujeres de las montañas a Sición, donde se curaron de su locura, y luego las purificaron mediante la inmersión en un pozo sagrado. Como no encontraron a las hijas de Preto entre aquella chusma, Melampo y Biante fueron otra vez en su busca y persiguieron a las tres hasta Lusi en Arcadia, donde se refugiaron en una cueva que daba al río Estigia. Allí Lisipe e Ifianasa recuperaron su juicio y se purificaron, pero Ifínoe había muerto en el camino.

Melampo, se casó luego con Lisipe; Biante (cuya esposa Pero había muerto hacía poco) se casó con Ifianasa, y Preto recompensó a ambos de acuerdo con su promesa. Pero algunos dicen que el verdadero nombre de Preto era Anaxágoras.
Robert Graves.
Los Mitos Griegos. 


miércoles, 31 de enero de 2018

TIFÓN.



En venganza por la destrucción de los gigantes, la Madre Tierra yació con Tártaro y poco tiempo después, en la Cueva Coriciana de Cilicia, dio a luz a su hijo menor, Tifón, el monstruo más grande que jamás haya existido. Desde los muslos para abajo no era más que serpientes enroscadas, y sus brazos, cuando los extendía, llegaban a centenares de leguas de distancia en cada dirección, y en vez de manos tenía innumerables cabezas de serpientes. Su cabeza de asno bestial tocaba las estrellas, sus enormes alas oscurecían el sol, arrojaba fuego por los ojos y de su boca salían rocas inflamadas. Cuando echó a correr hacia el Olimpo, los dioses huyeron aterrados a Egipto, donde se transformaron en animales: Zeus en un macho cabrío, Apolo en un cuervo, Dioniso en una cabra, Hera en una vaca blanca, Artemis en un gato, Afrodita en un pez, Ares en un oso, Hermes en un ibis, etc.

Sólo Atenea se mantuvo en su puesto y se mofó de la cobardía de Zeus, hasta que éste, reasumiendo su verdadera forma, lanzó contra Tifón un rayo seguido de un golpe con la misma hoz de pedernal que le había servido para castrar a su padre Urano. Herido y gritando, Tifón huyó al monte Casio que se alza sobre Siria por el norte, y allí los dos se trabaron en lucha. Tifón envolvió a Zeus en sus millares de enroscamientos, le despojó de la hoz y, después de cortarle los tendones de las manos y pies con ella, lo arrastró a la Cueva Coriciana. Zeus es inmortal, pero no podía mover ni un dedo, y Tifón había escondido los tendones en una piel de oso que vigilaba Delfine, una hermana monstruo con cola de serpiente.

La noticia de la derrota de Zeus sembró la consternación entre los dioses, pero Hermes y Pan fueron secretamente a la cueva, donde Pan asustó a Delfine con un grito súbito y horrible, mientras Hermes sustraía hábilmente los tendones y volvía a colocarlos en los miembros de Zeus.

Pero algunos dicen que fue Cadmo quien engatusó a Delfine para que le entregara los tendones, alegando que los necesitaba para hacer con ellos las cuerdas para una lira con la que iba a tocarle una música deliciosa.

Zeus volvió al Olimpo y, montado en un carro tirado por caballos alados, persiguió una vez más a Tifón con sus rayos. Tifón había ido al monte Nisa, donde las tres Parcas le ofrecieron frutos efímeros, alegando que con ellos recobraría su vigor, aunque, en realidad, le condenaron a una muerte cierta. Llegó al monte Hemo en Tracia y, levantando montañas enteras, las lanzó contra Zeus, quien interpuso sus rayos, de modo que rebotaban contra el monstruo causándole espantosas heridas. Los chorros de la sangre de Tifón dieron su nombre al monte Hemo. El monstruo huyó a Sicilia, donde Zeus puso fin a la lucha en retirada arrojando sobre él el monte Etna, cuyo cráter vomita fuego hasta nuestros días.

Robert Graves. 
Los Mitos Griegos.

lunes, 15 de enero de 2018

ORFEO, AVENTURAS Y DESVENTURAS.




Orfeo, hijo del rey tracio Eagro y la musa Calíope, fue el poeta y músico más famoso de todos los tiempos. Apolo le regaló una lira y las Musas le enseñaron a tocarla, de tal modo que no sólo encantaba a las fieras, sino que además hacía que los árboles y las rocas se movieran de sus lugares para seguir el sonido de su música. En Zona, Tracia, algunos de los antiguos robles de la montaña se alzan todavía en la posición de una de sus danzas, tal como él los dejó.

Después de una visita a Egipto, Orfeo se unió a los argonautas, con quienes se embarcó para Cólquide, y su música les ayudó a vencer muchas dificultades. A su regreso se casó con Eurídice, a quien algunos llaman Agríope, y se instaló entre los cicones salvajes de Tracia.

Un día, en las cercanías de Tempe, en el valle del río Peneo, Eurídice se encontró con Aristeo, quien trató de forzarla. Ella pisó una serpiente al huir y murió a causa de la mordedura, pero Orfeo descendió audazmente al Tártaro, con la esperanza de traerla de vuelta. Utilizó el pasaje que se abre en Aorno, en Tesprótide, y, a su llegada, no sólo encantó al barquero Caronte, el perro Cerbero y los tres Jueces de los Muertos con su música melancólica, sino que además suspendió por el momento las torturas de los condenados; de tal modo ablandó el cruel corazón de Hades que éste concedió su permiso para que Eurídice volviera al mundo superior. Hades puso una sola condición: que Orfeo no mirase hacia atrás hasta que ella estuviera de nuevo bajo la luz del sol. Eurídice siguió a Orfeo por el pasaje oscuro guiada por el son de su lira, y sólo cuando él llegó de nuevo a la luz del día se dio la vuelta para ver si ella lo seguía, con lo que la perdió para siempre.

Cuando Dioniso invadió Tracia, Orfeo no le rindió los honores debidos, sino que enseñó otros misterios sagrados y predicó a los hombres de Tracia, quienes le escucharon reverentemente, lo pernicioso que era el homicidio en los sacrificios. Todas las mañanas se levantaba para saludar a la aurora en la cumbre del monte Pangeo y predicaba que Helio, al que llamaba Apolo, era el más grande de todos los dioses. Ofendido por ello, Dioniso hizo que le atacaran las Ménades de Deyo, Macedonia. Esperaron a que los maridos entraran en el templo de Apolo, donde Orfeo oficiaba como sacerdote, y luego se apoderaron de las armas dejadas afuera, entraron, mataron a sus maridos y desmembraron a Orfeo. Arrojaron su cabeza al río Hébro, pero quedó flotando y siguió cantando hasta llegar al mar, que la condujo a la isla de Lesbos.

Las Musas, llorando, recogieron sus miembros y los enterraron en Liebetra, al pie del monte Olimpo, donde hoy día los ruiseñores cantan más armoniosamente que en ninguna otra parte del mundo. Las Ménades trataron de limpiarse de la sangre de Orfeo en el río Helicón, pero el dios fluvial se metió bajo tierra y desapareció a lo largo de casi cuatro millas, para volver a salir a la superficie con otro nombre, el Bafira. Así evitó ser cómplice del asesinato.

Se dice que Orfeo había censurado la promiscuidad de las Ménades y predicado el amor homosexual, por lo que Afrodita estaba no menos irritada que Dioniso. Sin embargo, sus colegas olímpicos no podían estar de acuerdo con que el asesinato tenía justificación y Dioniso salvó la vida de las Ménades transformándolas en encinas que quedaron arraigadas en la tierra. Los tracios que habían sobrevivido a la matanza decidieron tatuar a sus esposas como una advertencia contra el asesinato de sacerdotes, y la costumbre sobrevive al presente.

En cuanto a la cabeza de Orfeo, después de ser atacada por una serpiente lemniana celosa (a la que Apolo transformó inmediatamente en piedra), fue guardada en una cueva de Antisa, consagrada a Dioniso. Allí profetizaba día y noche, hasta que Apolo, viendo que sus oráculos de Delfos, Grineo y Claro habían sido abandonados, fue allá y se colocó sobre la cabeza y exclamó: «¡Deja de entrometerte en mis asuntos! ¡Ya he tenido bastante paciencia contigo y con tus cantos!» En adelante la cabeza guardó silencio. La lira de Orfeo había ido también a la deriva hasta Lesbos y había sido guardada en un templo de Apolo, por cuya intercesión y la de las Musas fue colocada en el cielo como una constelación.

Algunos relatan de una manera completamente distinta la muerte de Orfeo; dicen que Zeus lo mató con un rayo por divulgar los secretos divinos. En verdad, había instituido los Misterios de Apolo en Tracia, los de Hécate en Egina y los de Deméter Subterránea en Esparta.
Robert Graves.
Los Mitos Griegos.


miércoles, 18 de mayo de 2016

FAUNO EBRIO



Desenfreno en plena naturaleza, bacanales celebradas bajo la luz de la Luna bailando sobre la húmeda simiente. Los miembros del cortejo de Dionisios – o Baco, según se prefieran – alimentan su alma con el fruto fermentado de la vid. Un híbrido con orejas y cola de caballo, y pene flácido, acompaña el dios en sus orgiásticos ritos. Escultura itálica del siglo I expuesta en el MAN.  

domingo, 13 de septiembre de 2015

CRAMELE RECAS, UN VINO MEDIEVAL RUMANO.



El vino es casi tan antiguo como la propia sociedad humana. En los simposios griegos, las bacanales romanas y los banquetes medievales, nunca faltaba el jugo de la vid, el elixir divino de Baco. En algunos lugares de Europa existen bodegas que llevan abiertas desde hace mucho tiempo y viñedos han producido vino durante centurias, como la Cramele Recas de Transilvania, cuyo origen se remonta al año 1447.

En el año 1319 las crónicas mencionan a un noble húngaro como propietario de la finca de Recas. Años más tarde, en 1359 el rey húngaro Luis I aprobó el asentamiento de colonos ortodoxos rumanos en estas tierras. Finalmente, en noviembre de 1447 se documenta la primera mención a la existencia de viñedos en Recas. Es de suponer que en esa fecha se producía vino en esta bodega, un vino que probablemente amenizase las fiestas y los banquetes que celebraban los boyardos transilvanos y valacos en sus castillos. Podemos imaginar al mísmisimo Vlad el Empalador disfrutando de uno de estos caldos.

Por cierto el vino Castel Huniade producido en esta bodega está buenísimo.


domingo, 5 de abril de 2015

RELIEVE VOTIVO DE DIONISIOS.



Una procesión sacrificial en honor de Dionisios y Artemisa por la victoria en una competición teatral. El teatro viene representando por las máscaras de la comedia griega situadas en la parte superior de la estela. Se trata de un relieve votivo del siglo IV a.C. expuesto en la sala de Alejandro de la Gliptoteca de Munich. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

FAUNO BARBERINI.



El despreocupado sueño de un fauno después de una agotadora bacanal. Todo su cuerpo, incluidos testículos y pene, se muestran en un placentero y reparador reposo.



El fauno Barberini, expuesto en ese maravilloso museo que es la Gliptoteca de Munich, es una de las obras maestras de la escultura griega de época helenística. Realizada en mármol de Pérgamo hacia el siglo III a.C. pudo formar parte de un santuario dedicado al dios Dionisios. Fue hallada cerca del Castillo de San Angelo en Roma, permaneciendo durante mucho tiempo en el Palacio Barberini.  

jueves, 20 de noviembre de 2014

MÉNADES



Ménades, poseídas por el espíritu de Dionisios, danzan febrilmente del ocaso al alba, participan en interminables orgías bajo los influjos de la Luna, se dejan arrastrar por los pecados de la carne, yacen ebrias en el húmedo prado y enloquecen orgásmicamente con todo tipo de placeres.


Las ménades, según la mitología griega, son criaturas femeninas salvajes y libres, vinculadas con Dionisios, el dios de los placeres, el desenfreno y todos los vicios. Las ninfas que se ocuparon de criar a Dionisios niño, enloquecieron inspiradas por el arrebatador espíritu del dios frigio y se convirtieron en las primeras ménades.

martes, 4 de noviembre de 2014

MÁSCARA DE SILENO.



Rechoncho, anciano y sabio sátiro, preceptor de Dionisios, dios del vino y patrón de las bacanales. Esta máscara de mármol romana nos presenta al sátiro señor de los bosques, conocedor de todos sus secretos. Su desaforado amor por el fruto de la vid fue su perdición, empedernido borracho, la embriaguez agudizaba su inteligencia y le otorgaba el don de la profecía. 

sábado, 25 de octubre de 2014

SÁTIRO CUIDA A DIONISIOS NIÑO.



Dionisio, el dios del vino y del desenfreno, era hijo de Zeus y de la bella Semele, y por ser fruto de una (nueva) infidelidad, desencadenó los terribles celos de Hera, la eterna esposa de Zeus.


Para poner a salvo al pequeño, Hermes le buscó acomodo en Nisa, una pequeña ciudad de Asia Menor, donde un grupo de ninfas, ayudadas por Sileno y los sátiros del bosque, se encargaron de criar y proteger al pequeño. La escultura es una copia romana del original griego fechada hacia el 390 a.C. y conservada en la Gliptoteca de Munich.

viernes, 3 de octubre de 2014

MARSIAS.



El sátiro Marsias tuvo la osadía de participar en un concurso que le enfrentaba al dios Apolo. Marsias era un experto tocando el aulós (especie de flauta doble) pero su pericia no consiguió convencer a las Musas, jueces y jurado de la contienda, que decidieron otorgar la victoria al dios de la lira. El vencedor podría tratar al vencido como más le complaciese, y un vengativo Apolo, ordenó que el desgraciado Marsias fuese desollado vivo. 

La escultura romana "Hanging Marsyas" se conserva en la Gliptoteca de Munich y es copia de una escultura anterior. Marsias, como todo sátiro estaba estrechamente vinculado a Dionisios, el dios de los excesos, por tanto, el mito de Apolo y Marsias, se ha interpretado como un episodio más en la eterna lucha entre lo apolíneo y lo dionisíaco, el orden y el caos, la mesura y el desenfreno. 

martes, 16 de abril de 2013

EL TRIUNFO DE BACO


. . . sentimiento vacuo de tiempo perdido,
momentos inservibles, minutos inocuos,
páginas en blanco de una novela vital,
gin tonic y cigarrillos,
bacanal de alcohol y comida en demasía,
otra fiesta igual,
una pachanga que se repite una,
y mil veces,
una sola borrachera no deja recuerdos,
pero ¿cómo vivir sobrio toda una vida?
¿cómo resistirse a ser abrazado,
tan siquiera una vez,
por los embrigadores brazos
del dios Dionisios?.....

martes, 22 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXX)



6 Razonamiento sobre toponimia.
Pero también es natural que los lugares adopten esa misma denominación, sobre todo después de que el tiempo ha destruido los hitos establecidos; porque hoy día no subsisten los altares de los Filenos, pero el lugar ha adoptado su nombre; y dicen que tampoco se vieron en la India columnas de Heracles ni de Dioniso, y sin embargo, al ser denominados así y mostrados como tales ciertos lugares, los macedonios creían que eran columnas aquellos en los que encontraban algún indicio de lo que se contaba sobre Dioniso o Heracles. Así pues, no hay porqué dudar de que los primeros en llegar aquí utilizaran como hitos, en los lugares más alejados y visibles a los que llegaron, altares, torres o pequeñas columnas hechas con sus propias manos - y los más visibles para indicar límites y comienzos de lugares son los estrechos, las montañas que se ciernen sobre ellos y las islitas - ni de que, al desaparecer los monumentos construidos por los hombres, se transfiera su nombre a los lugares, bien a las islitas, bien a los promontorios que forman el Estrecho; pues es difícil determinar ya a cuál de los dos accidentes hay que atribuir esa denominación, puesto que las Columnas se asemejan a ambos. Y digo que se asemejan porque se alzan en lugares tales que hacen pensar claramente en confines, por lo cual se llama también "boca" este Estrecho, y como éste otros muchos: la boca es comienzo si se entra y confín si se sale navegando. Por consiguiente, como las islitas situadas en la boca tienen un contorno definido y están en situación señalada, se podría, no sin razón, compararlas con columnas. Lo mismo pasa con las montañas que se ciernen sobre el Estrecho y que presentan un aspecto prominente, como las columnitas o las columnas. En este sentido tendría razón Píndaro al hablar de las "Puertas de Gádira", si se supusieran las Columnas en la boca; pues las bocas parecen puertas.

En cambio Gádira no se alza en lugares tales que puedan indicar un término, sino que está más o menos a la mitad de un extenso litoral que forma un golfo. Pero relacionar con las Columnas las del templo de Heracles  que se encuentra allí es a mi parecer aún menos razonable, porque lo verosímil es que prevaleciera la fama de este nombre si se lo hubieran dado primero generales, no comerciantes, como en el caso de las columnas de la India; y argumento en contra de esta interpretación es sobre todo la inscripción, que dicen que muestra no una imagen sagrada sino una relación de gastos; pues las Columnas de Heracles deberían ser un recordatorio de su gran empresa, no de los gastos de los fenicios. 

7 Régimen de las fuentes y pozos del Heraclion
Dice Polibio que hay una fuente en el Heraclion de Gádira que tiene una bajada de unos cuantos escalones hasta llegar al agua, que es potable, a la cual le sucede en las mareas lo contrario que al mar, que se seca en los flujos y se llena en los reflujos. Aduce como causa el hecho de que el aire que se escapa del fondo hacia la superficie de la tierra, al ser ésta cubierta por el oleaje durante las crecidas del mar, no puede salir por sus vías habituales, y regresando al interior obstruye los conductos de la fuente y provoca la falta de agua; y al quedar de nuevo la tierra al descubierto, yendo directo al exterior, deja libres las venas de la fuente de forma que puede manar con facilidad. Artemidoro, por otro lado, contradice a Polibio y da al mismo tiempo su propia explicación, citando además la opinión del historiador Sileno, pero creo que no dicen cosa digna de mención porque tanto él como Sileno son profanos en la materia. En cuanto a Posidonio, que asegura que es falsa esta historia, dice que hay dos pozos en el Heraclion y un tercero en la ciudad; de los del Heraclion, el más pequeño se agora de inmediato si se le saca agua sin interrupción y si se deja de sacar agua se llena de nuevo, y el mayor, que da agua abasto durante todo el día,  aunque baja de nivel como todos los demás pozos, de noche se vuelve a llenar cuando cesa la extracción. Pero puesto que la bajamar tiene lugar muchas veces con ocasión de la subida del agua del pozo, los lugareños han creído sin fundamento en lo inverso del fenómeno; así pues, que se ha dado crédito a la historia no sólo lo ha dicho Posidonio, sino que nosotros la hemos encontrado también recogida minuciosamente en las Paradojas. 

Hemos oído decir también que existen otros pozos, unos delante de la ciudad en los huertos y otros dentro de ella, pero que a causa de la mala calidad del agua proliferan en la ciudad los aljibes para el agua de lluvia. No obstante, si alguno de estos pozos avala la suposición de lo inverso del fenómeno, eso no lo sabemos; las causas, si es que realmente la cosa sucede así, habría que situarlas entre los problemas de difícil solución; porque es verosímil que sea tal como dice Polibio, pero es verosímil también que algunas de las venas de las fuentes, al ser mojadas por la marea por su parte externa, cedan y permitan a las aguas derramarse hacia los lados en vez de empujarlas a brotar siguiendo su cauce primitivo hasta llegar a la fuente; y se mojan, por fuerza, cuando el oleaje inunda la tierra. Pero sí, como dice Atenodoro, lo que sucede en las pleamares y bajamares se asemeja a la espiración e inspiración, podría haber algunas corrientes de agua que tuvieran su desagüe natural en la superficie por unas salidas cuyas bocas llamamos fuentes y manantiales, mientras que por otras salidas fueran atraídas al fondo del mar, y subiendo con él al subir la marea, cuando se produce una especie de espiración, abandonaran su cauce habitual y regresaran a él de nuevo cuando también el mar comenzara a retroceder.

domingo, 14 de octubre de 2012

BESOS

 (también llamados besios)

Los besos son una de las más importantes tribus de los tracios del curso medio y superior del Hebro (río Maritsa).
 "Habitan a lo largo del Hebro los corpilos, y en su curso más alto, los brenas, y luego, los últimos, los besos; pues hasta ellos es remontable su curso".
                                                                         Estrabón VII, frg 47.
Parece ser que eran un clan de la tribu de los satras y tenían una función sagrada como profetas de un santuario consagrado a Dionisios. Dentro de los grandes grupos tribales existen familias o clanes con un cometido religioso, como también ocurría con los magos, entre los medos.

"En la lucha son duros, y poseen un oráculo de Dionisio. Este oráculo está en unos montes altísimos, y los besos, que pertenecen a los satras, son los profetas del santuario"
                                                                           Heródoto VII, 111

Los besos fueron durante mucho tiempo independientes, hasta que en el 72 a.C.M. Licinio Lúculo los sometió al poder romano. Repetidas veces se sublevaron,  y repetidas veces fueron derrotados, hasta el año 11 a.C. cuando fueron definitivamente vencidos por L. Calpurnio Pisón.

"Una vez sojuzgados éstos, sus vecinos los ipasinos y los besios se entregaron a él (Augusto) por miedo"
                                                                              Apiano. Iliria, 16.

Muchas bandas de besos se dedicaban al bandolerismo y al pillaje de forma excesivamente salvaje.

"Por cierto, todos éstos son pueblos dedicados en extremo al bandidaje, aunque los besos, que precisamente ocupan la mayor parte del monte Hemo, son llamados bandidos incluso por los bandidos".
Estrabón. VII, 5, 12.

La capital de la comarca que habitaban los besos era Besapara; y Egira, Zyrinae y Lissae sus ciudades más importantes. En el siglo IV el obispo dacio Miketas les convirtió al cristianismo.
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