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domingo, 26 de abril de 2015

LA MUERTE DE DIDO.



Dido, reina de Cartago, cuerpo desnudo y rollizo tan del gusto del maestro Rubens, real como la belleza misma, introduce una daga en el pedio del pecho para destruir el dolor, a la par que la vida, que padece tras la partida de Eneas.  

miércoles, 7 de mayo de 2014

THE MEETING OF DIDO AND AENEAS


Pintura de Nathaniel Dance Holland expuesta en Tate Britain
Dido y Eneas. Amor y Pasión. Enamorados y Enemigos. Ambos llegaron a las cálidas tierras del continente africano atravesando el mar Mediterráneo, huyendo de su patria. Ambos tenían una cita con el destino. Ambos sabían que jamás podrían permanecer juntos. 

Y Eneas marchó.

Nada hay peor que una mujer despechada. No hay odio más mortífero que aquel que nace del corazón que un día te amó. La ira de Dido atravesó centurias y los fuertes brazos de los Bárquidas a punto estuvieron de cumplir la maldición lanzada al viento por la desdichada reina de Cartago. 


domingo, 9 de febrero de 2014

METABUS, REY DE LOS VOLSCOS.



Metabus, tirano de la ciudad de Priverno, de la que es expulsado y se ve obligado a huir al bosque con su pequeña niña en brazos. Camila, su hija, creció en belleza y en virilidad, y llegó a convertirse en heroína de su pueblo en las luchas contra Eneas. La pluma de Virgilio le otorgó vida y las manos del escultor Nicolás Raggi le dieron forma.

Cuando arrojado del trono por el odio de sus vasallos, nacido de su soberbia y tiranía, salió Metabo, su padre, de la antigua ciudad de Triverno, huyendo por en medio de los combates, llévasela niña todavía, por compañera en su destierro, y la llamó Camila, del nombre un tanto alterado de su madre Casmila.
Virgilio. Eneida.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

JULIO CÉSAR




   Lo llamaban el calvo putañero, decían que era el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos.
    Fuentes bien informadas aseguraban que había estado encerrado varios meses en el dormitorio de Cleopatra, sin asomar la nariz.
    Con ella, su trofeo, regresó a Roma desde Alejandría. Y coronando sus campañas victoriosas en Europa y África, rindió homenaje a su propia gloria mandando al muere a una multitud de gladiadores y exhibiendo jirafas y otras rarezas que Cleopatra le había regalado.
    Y Roma lo vistió de púrpura, la única toga de ese color en todo el imperio, y ciñó su frente con corona de laurel, y Virgilio, el poeta oficial, cantó a su estirpe divina, que venía de Eneas, Marte y Venus.
     Y poco después, desde la cumbre de las cumbres, se proclamó dictador vitalicio y anunció reformas que amenazaban los intocables privilegios de su propia clase.
      Y los suyos, los patricios, decidieron que más vale prevenir que curar.
      Y el todopoderoso, marcado para morir, fue rodeado por sus íntimos y su bienamado Marco Bruto, que quizás era su hijo, lo estrujó en el primer abrazo y en la espalda le clavó la primera puñalada.
    Y otros puñales lo acribillaron y se alzaron, rojos, al cielo.
     Y allí tirado quedó el cuerpo, en el suelo de piedra, porque ni sus esclavos se atrevían a tocarlo.      
Eduardo Galeano. Espejos.    

miércoles, 14 de noviembre de 2012

CREUSA, DIDO Y LAVINIA, LOS AMORES DE ENEAS.


Eneas, héroe troyano y protagonista absoluto del poema de Virgilio, además de excelente guerrero y aventurero, fue un consumado seductor. Tres grandes mujeres, de tres lugares lejanos entre sí, sucumbieron a sus encantos y cayeron rendidas a sus pies. 
Troya, la de altos muros, está ardiendo, fortaleza quebrada, agoniza entre llamas, una larga enfermedad de diez años toca a su fin, y el valiente Eneas, hijo de la diosa Venus y el mortal Anquises, consigue escapar junto a su familia de la destrucción absoluta.
Durante la noche, iluminada por altas hogueras e inundada por los gritos apagados de los troyanos moribundos, Eneas huye de la masacre, en una mano lleva a su hijo Julo Ascanio, en la otra porta a los dioses penates, y sobre sus hombros a su anciano y enfermo padre. A escasa distancia, aturdida y herida, le sigue Creusa, su amante esposa, hija de los reyes troyanos Príamo y Hécuba. A partir de esta patética escena, tres mujeres, Creusa, Dido y Lavinia simbolizan la travesía vital del héroe (y de todos y cada uno de nosotros); el pasado, el presente y el futuro. 
CREUSA, EL PASADO QUE QUEDÓ ATRÁS.
Durante la confusión de la huida, la confundida Creusa perdió de vista a su marido, y desapareció entre la multitud que trataba de salvar su vida. Al descubrir su ausencia, Eneas volvió sobre sus pasos para buscarla, pero no hubo suerte. Vagaba apesadumbrado, cuando se le apareció la sombra tenebrosa de su esposa, para decirle al héroe, que ya había muerto, pero que no se entristeciese porque otra esposa le aguardaba hacia Occidente, a orillas del Tíber. 
La gentil Creusa, madre de Ascanio, simboliza el pasado, aquello que ya está muerto y no podemos recuperar, por eso, la muerte de Creusa, acontece la misma noche en que Troya es destruída.  
DIDO, EL PLACER DE DISFRUTAR EL PRESENTE. 
Una vez a salvo, Eneas y sus compañeros construyeron una flota y se hicieron a la mar. Navegaron por el mar Egeo y desde allí pusieron rumbo a Occidente. Eolo desató toda su furia, provocando una horrible tempestad que destruyó la escuadra y arrojó a Eneas a las playas ardientes del Norte de África.
Eneas llegó a Cartago, donde fue bien recibido, agasajado y colmado de atenciones, por parte de su reina. Dido entusiasmada, se enamora perdidamente de Eneas, al que entrega su corazón y su cuerpo; el troyano pierde la razón en los brazos de la voluptuosa reina. Ambos amantes convirtieron sus vidas en un disfrute continuo, abandonándose a los placeres de la carne y el espíritu.  
Pero Venus, diosa de la belleza y el amor, y madre de Eneas, recordó a su hijo el destino que le aguardaba y la importante misión para la que había nacido. Eneas, muy a su pesar, dejó a Dido, marchó de Cartago y puso rumbo a la península italiana. 
Dido herida de amor y desengañada lanzó una maldición sobre Eneas y todo su linaje, enloquecida y desesperada levantó una enorme pira a la que arrojó las ropas del héroe, acto seguido subió a la pira, hundió la espada de Eneas en su pecho y dejó que su cuerpo sirviese de alimento a las llamas. En este caso, el amor de Dido y Eneas simboliza lo efímero del presente, que siempre acaba muriendo.
LAVINIA, LA PROMESA DE UN FUTURO.  
     Eneas llegó a Sicilia, costeó el litoral italiano hasta la desembocadura del Tíber, y ascendió por el río hasta llegar al Lazio. En este punto, finaliza el periplo del troyano por el Mare Nostrum.
En el Lazio gobernaba el rey Latino, hombre honrado y de palabra, que tenía una hija llamada Lavinia. Una antigua profecía disponía que Lavinia se casaría con un caudillo extranjero, y que de su descendencia nacería un pueblo llamado a dominar el mundo entero.
Latino prometió su hija a Eneas, lo que provocó el enfado de Turno, el eterno pretendiente. Eneas y Turno dirimieron por las armas sus diferencias, y lucharon (como en una producción de Hollywood), por el amor de Lavinia. Tras una serie de duras batallas, la suerte de la guerra se decidió en singular combate; Eneas dio muerte a Turno y se casó con Lavinia, cumpliendo así lo dispuesto por el Destino.
"Eneas venciendo a Turno", Lucas Giordano
Al contraer matrimonio con Lavinia, Eneas había alcanzado su futuro, y el de sus descendientes; dos de ellos, Rómulo y Remo fundaron Roma.     
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