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miércoles, 24 de junio de 2026

ITALIA 90. ALEMANIA 2 - PAÍSES BAJOS 1.

 


24 de Junio, en el estadio San Siro, los alemanes del Inter frente a los holandeses del Milan. Uno de los choques estrella de los octavos de final. La solvencia alemana derrotó, sin paliativos, a una desconectada Naranja Mecánica.

 



Dos de los principales favoritos para levantar la Copa, enfrentados a las primeras de cambio. 

 




 

 

El partido de la jornada, la firma de Pedro Escartín. El bloque germano frente a la inspiración del poderoso Ruud Gullit. Posibles claves del encuentro. 

 



Ganas de revancha. Dos años antes la Naranja Mecánica había eliminado a la RFA en las semifinales de su Eurocopa. Un partido de alto riesgo, un derby de la Europa Occidental. Los alemanes tenían ganas de revancha, de exprimir a la naranja. 

 


La historia de los Alemania-Países Bajos, es una historia de rivalidad, provocación y rencillas. Dos años antes, después de derrotar en Hamburgo a la selección anfitriona en las semifinales de la Euro, Ronald Koeman se llevó al culo la camiseta de Olaf Thon. 

 





En el césped de San Siro, una recreación del Derby della Madonnina, la afición dividida, Inter vs Milan, de un lado Matthaus, Klinsman y Brehme, del otro Rijkaard, Gullit y Van Basten. 

 



Pesadilla en San Siro. Leo Beenhakker sufrió en el coliseo milanés la peor derrota de su etapa en el banquillo del Real Madrid. Sin embargo, frente a la RFA dirigirá a los que aquella noche fueron sus verdugos. 

 


Lo sucedido en el terreno de juego vino a confirmar y materializar todas las sensaciones de ambas selecciones antes del enfrentamiento. 

 


Buen rollito para aliviar tensiones en la previa del partido. 

 


La idea de Beckenbauer frente a las dudas de Beenhakker. Mientras que los aficionados alemanes podía recitar de carrerilla el once inicial, en los Países Bajos era más fácil ganar a la ruleta que acertar la alineación del seleccionador orange. 

 


Las principales novedades en Alemania son el regreso de Brehme tras su sanción, el debut de Kohler, que empezó el mundial lesionado y la ausencia, por lesión, de Hassler. Beenhakker continuaba provando alineaciones sin llegar a encontrar su equipo ideal. 

 


Once jugadores no hacen un equipo, una selección sin alma y un entrenador que nunca encontró la clave. El combinado que había conquistado Europa dos veranos antes, era una triste sombra de sí mismo. Jugadores fuera de forma y enfrentados contra el mundo, un cocktel explosivo. 

 


Cuatro partidos, cuatro onces, cuatro ideas. Holanda se rompe por el centro. Ningún jugador ha sido capaz de recoger el testigo de Arnold Muhren, el jugador que llevaba el peso del equipo y proporcionaba equilibrio entre tanto centrocampista ofensvio. El poder en la sombra. Ante Irlanda partió de salida con cuatro teóricos delanteros - Gullit, Van Basten, Kieft y Gilhaus - en la práctica Van Basten fue un centrocampista más. La defensa también ha sufrido varias modificaciones, con Frank Rijkaard retrasando su posición. Jan Vannenburg y Erwin Koeman, que operaban en las bandas durante el verano triunfal del '88 no encontraban el punto de forma. Solo Wouters permanece como titular del centro del campo campeón.  Y los recambios, Winter, Witschge, Van't Ship, no han conseguido estar a la altura.

 


El Kaiser, por el contrario, tenía muy claro el sistema de juego y los futbolistas idóneos para ponerlo en práctica. 

 



Duelo añejo, de otros tiempos, de combate cuerpo a cuerpo, del delantero goleador y el perro de presa. 

 


El mundo al revés Aaron Winter marcando al líbero alemán Augenthaler.  

 


Wouters y Littbarski, dos piezas esenciales en cada lado del tablero.  

 

  


Rozando el ecuador de la primera parte, la tensión, los nervios, la competitividad y las rencillas estallaron entre Rijkaard y Voeller, dinamitando definitivamente la eliminatoria. Dos grandes estrellas, dejados llevar por la ira, se convierten en protagonistas del duelo. 

 


Historia de la Copa del Mundo, la pasión del Deporte Rey, grandes estrellas sobre el césped, tensión, polémica, viejas rencillas, el juez balón, emoción y goles. Alemania fue mejor y ganó el partido. 

 


El éxtasis del gol.  Van Basten es un fantasma, Gullit se esfuerza, pero es Klinsmann quien marca al comienzo de la segunda parte. 

 


Klinsmaan cara, Van Basten cruz. El Cisne de Utrecht fue una de las grandes decepciones de Italia 90.  

 

No es un Mundial: sino un himno al defensivismo y, en particular, al marcaje al hombre, que por primera vez he visto adoptado incluso por Holanda, con ocasión del octavo de final perdido contra Alemania. De paso, soy de la opinión de que esta solución terminó por desnaturalizar el juego de los holandeses que —incluso— hasta la expulsión de Rijkaard me habían parecido estar en mejores condiciones respecto a sus adversarios. Paradójicamente, la salida contemporánea de Rijkaard y Völler benefició a los alemanes y sobre todo... a Klinsmann, en una noche excepcional, contra quien Van Aerle (desplazado por Beenhakker) no pudo hacer gran cosa. Muy volcada a la defensa estaba también la escuadra de Beckenbauer, que en la práctica tenía una retaguardia dispuesta así: Reuter y Brehme en las bandas; Köhler, Berthold y Buchwald (más mediocampista que central) en el medio; y Augenthaler detrás: un dique de locura, pero no inexpugnable, si es cierto —como es cierto— que Gullit, Van Basten y compañía tuvieron más de una ocasión de gol. (Gigi Maifredi) 

 


Las victorias son de los hombres, no de los sitemas, por Giovanni Trapattoni.


Ya sé que alguien, después del Alemania-Holanda, sacará a relucir una vocecita maliciosa que tenía lista desde hace tiempo: los alemanes del Inter, en el campeonato y en la Copa, se han «descansado»; los holandeses del Milán, no: he aquí, pues, explicada la victoria alemana. Se trata de una explicación muy superficial, porque «mis» Matthäus, Klinsmann y Brehme a lo largo de la temporada han luchado y se han sacrificado al igual que sus compañeros italianos. Más bien, el partido de San Siro estuvo condicionado, quizás también en sentido psicológico, por la doble expulsión de Rijkaard y Völler. A partir de ese momento comenzó un predominio, no aplastante pero sí continuo, de la formación de Beckenbauer.

Alguien había criticado al seleccionador alemán por su planteamiento «prudente», pero es un viejo vicio de nosotros los italianos el de dejarnos engañar por las apariencias. Berthold se encargó de Gullit, pero dio una gran contribución al centro del campo; la misma tarea cumplió Kohler, alineado sobre Van Basten, y el criticado Buchwald terminó poniendo su sello en el gol de Klinsmann.

Considero superficial también la actitud de quienes, tomando como punto de partida el resultado del Alemania-Holanda y el Argentina-Brasil, se han puesto a hablar de la victoria de la defensa al hombre sobre el marcaje en zona. Hace años que voy predicando la bondad de ambas escuelas, sosteniendo que cada esquema puede ser válido o inútil, feo o exaltante, dependiendo de los jugadores en el campo. El fútbol, los Mundiales, son una contraposición entre dos tipos diferentes de juego, pero al final las victorias son de los hombres, no de los sistemas.

Y ya que hablamos del factor humano, me gustaría subrayar la importancia que tendrá, en lo que queda de este torneo mundialista, la disciplina. Ya está claro que los árbitros se han puesto a aplicar —algunos por convicción, otros por conveniencia— las disposiciones de Blatter. Esto significa que las amonestaciones y expulsiones terminarán por condicionar las alineaciones y las actitudes tácticas de los equipos. La suerte (¿qué habría pasado si al menos uno de los postes golpeados por Brasil contra Argentina hubiera sido gol?) y la corrección, en definitiva, podrían terminar siendo casi tan decisivas como la forma física. 

 


 

 

La pluma que sonríe. Una crítica al sistema mundialista. La oponión de Gianni de Felice en Guerin Sportivo. 

 

Cada Mundial tiene su propia clave narrativa. Dramática y antidictatorial la del '78 en Argentina. Triunfalista y patriótica, vista la "pluma azul" y el tembloroso interés de Pertini, la del '82 en España. Turística y colorida, dada la ubicación, la del '86 en México. Este Mundial, en cambio, tiene la clave humorística, satírica, sarcástica, irónica, brillante y neo-demencial en algunos casos. No hay periódico que no haya desatado o contratado a una "pluma que sonríe". El líder es Michele Serra, el más divertido de los humoristas de complemento. No me disgusta Ippoliti en el Corriere della Sera: pero él es un humorista en servicio permanente efectivo en las cadenas de televisión de Fininvest. Señalo además el "as bajo la manga", verdaderamente notable, de Paolo Granzotto en la primera página de Il Giornale Nuovo: delicioso su artículo sobre los pájaros de mal agüero de la selección azzurra y, en definitiva, del Mundial.

Expreso algunas impresiones personales, sin ninguna pretensión de juzgar o establecer clasificaciones de mérito. Siempre he tenido la ambición de reafirmar que al éxito del fútbol puede contribuir, además de la actitud de dramatizar cada tontería y las feroces polémicas, también alguna sonrisa o alguna broma. Esta loable tendencia, sin embargo, ha encontrado más de un obstáculo en la vocación de denuncia, que a veces induce a los periódicos a confusiones bastante injustas. No me ha parecido correcto, por ejemplo, confundir las ideas al lector presentando los muy justos informes de la Corte de Cuentas (gastos excesivos, procedimientos favorables a irregularidades y abusos, etc.) como una acusación a "Italia '90". Es evidente la intención de sintetizar en esta expresión el Mundial en su conjunto: pero como "Italia '90" es el nombre de la empresa de Col, se hace imaginar que el supremo órgano de control del erario público la tiene tomada con Carraro y Montezemolo, Matarrese y Sordillo, Havelange y Blatter. Lo cual no es en absoluto cierto. La Corte de Cuentas la tiene tomada con las financiaciones y construcciones de estadios, carreteras, medios de transporte y otras obras relacionadas solo marginalmente con el mundial, que han costado una cifra de locura.

Entonces es honesto decir dos cosas. Primera: Italia '90, entendida "entre comillas", es completamente ajena a este tipo de licitaciones y de gastos, tanto más cuanto que su balance —de carácter puramente privado— no tiene ni una sola lira de dinero público. Segunda: el desorden denunciado por la Corte de Cuentas no es una exclusiva de las construcciones futbolísticas, antes de los estadios de oro estuvieron, si no me equivoco, las cárceles de oro. No fueron ciertamente los procedimientos acelerados los que determinaron los despilfarros objeto de un clamoroso proceso. Si alguien robó, como parece, lo hizo con todas las demoras de la burocracia: quiero decir que las obras costaron igualmente una cifra descabellada, pero tardaron un número inverosímil de años en completarse. Al daño, la burla. No es una ocurrencia, sino que sería justo decir de manera muy realista: señores, ¿saben cuál es la degradación moral del sistema público-partidista? Era inevitable que en el País de las "sábanas de oro" y de la "comisión" como complemento de emolumentos ya confortables, era obvio que también los estadios y anexos relativos se volvieran "de oro". La noticia, verdaderamente clamorosa, habría sido lo contrario.

Las licitaciones del Mundial sin trampas habrían sido, periodísticamente hablando, el rarísimo caso del hombre que muerde al perro. En realidad, "Italia '90" ha cumplido con su deber y lo ha hecho bien: en condiciones y situaciones objetivamente difíciles. El Mundial, como organización, no se presta a críticas serias. Las manchas están alrededor. ¿El misterioso asunto de las entradas vendidas para asientos no ocupados se debe a la relación entre personajes cercanos a la FIFA, las Federaciones extranjeras y agencias de viajes deportivas que pertenecen a ex campeones o a influyentes dirigentes internacionales? La distribución del "producto Mundial" fue confiada a una agencia creada ad hoc por Cit (Ferrocarriles del Estado) y Alitalia: ¿quién tuvo esa brillante idea, qué fuerzas políticas patrocinaron la iniciativa y el nombramiento de sus realizadores?

El Mundial ha sufrido críticas por los árbitros, hasta el punto de estar demasiado pilotados. La televisión ha documentado errores colosales, mucho más graves que aquellos —ya no despreciables— registrados hace cuatro años en México. Es difícil convencer a la gente de lo que efectivamente ocurrió, pero lo que han visto los árbitros y jueces de línea. Una concepción tan autocrática está fuera de la cultura de nuestro tiempo, que rechaza el dogma, que no acepta afirmaciones apodícticas, que exige para cada tesis o decisión el documento o la comprobación objetiva. La documentación de la decisión arbitral sufre golpes cada vez más devastadores por parte de la tecnología electrónica, capaz de "detener" incluso el escupitajo de Rijkaard que alcanza los rizos de Völler. Y terminará inexorablemente por perder.


La opinión pública se indigna por la negativa a poner remedio no solo a los errores técnicos (en muchísimos casos sería materialmente imposible), sino también a los disciplinarios. Es un insulto a la justicia negar la prueba del video. ¿Me entienden? Un tribunal que en sustancia dice: no te dejo verificar el documento sobre la base del cual te condeno y no acepto que me muestres uno que podría absolverte. Es difícil encontrar, hoy en día, otras actividades en las que las cuentas se gestionen de acuerdo con esta barbarie. Es absurdo constatar que esto ocurra en una actividad donde la unidad de medida económica es el millardo. He hablado de ello porque la víctima no es italiana: una payasada de este tipo es tal aunque afecte a un alemán o a un camerunés.

Sin embargo, no se dan cuenta de ello los jefes de la FIFA, quienes ostentan el poder conquistándolo con dos sandías y una fruta: los votos de la miríada de "federaciones" africanas, centroamericanas y especialmente asiáticas. Es en homenaje a esta interesada política tercermundista que se pasó primero a veinticuatro equipos y luego a esta fórmula de eliminación directa a partir de los octavos de final. Una fórmula simplemente estúpida: como demostró México y como ha confirmado Italia. Porque los equipos grandes en la fase de grupos juegan como mucho un partido "de verdad": los otros dos o tienen enfrente a un rival fácil o se ponen tácitamente de acuerdo. Luego, si en los octavos de final tienen mala suerte (véase Brasil con Argentina), quedan fuera y se van a casa: cuatro años de espera, largas preparaciones, costosas concentraciones para jugar, si acaso, un par de partidos "de verdad".

A mí me importa el desarrollo de los países en vías de desarrollo. Considero una conquista del fútbol el Camerún en los cuartos de final. Pero no se puede retener una derrota del Mundial la salida de escena de la URSS, Holanda y Brasil, tres candidatas, y sustancialmente injustas las eliminaciones de España y Bélgica. Este tipo de conducción puede encontrar un consenso favorable en la inexperta opinión pública yanqui, dentro de cuatro años. Pero los europeos y sudamericanos, ampliamente curtidos, ya no se lo tragan. La FIFA debe cambiar de página. De lo contrario, la Copa del Mundo, sumergida por el creciente descrédito, pronto quedará reducida a una mera feria de exhibición. Privada de cualquier significado técnico y deportivo.
 

 


Terminada la batalla, vencedores y vencidos firman la paz. 


domingo, 21 de junio de 2026

ITALIA '90. IRLANDA 1 - PAÍSES BAJOS 1.

 


21 de Junio de 1990. Grupo F. Irlanda 1 - Países Bajos 1. Quinto empate del grupo. Gullit adelantó a los tulipanes y Niall Quinn logró el empate. Un sorteo decidió que Irlanda fuese segunda de grupo y Holanda tercera. La Naranja Mecánica se vería las caras con Alemania. 

 


Mick McCarthy, capitán del combinado irlandés, celebra la clasificación a la conclusión del encuentro. 

 


La Naranja dejó de ser Mecánica. Van Basten, uno de los mejores delanteros de su época, no logró demostrar sus dotes goleadoras en la Copa del Mundo. Los holandeses no pudieron repetir en Italia el triunfo obtenido dos años antes en Alemania. 

 


Leo Beenhakker no consiguió dar con la tecla y la selección holandesa parecía una sombra de sí misma. En el otro lado del campo, Jacky Charlton había montado un equipo duro, competitivo y muy difícil de batir. 

 


Ruud Gullit, capitán y goleador, en los momentos previos al encuentro, oyendo el himno de su país. 

 


Once inicial holandés posando en el césped de la Favorita de Palermo. Rijkaard, Kieft, Van Basten, Witschge, Gullit, Van Breukelen. Agachados Van Aerle, Gilhaus, Van Tiggelen, Wouters y Ronald Koeman. 

 

  

Un partido de infarto hasta el empate, que también es bien recibido por Holanda (que iba ganando) ya que supone la clasificación de ambos equipos para los octavos de final: mientras tanto, de hecho, el equilibrio de la clasificación se rompe con la victoria de Inglaterra sobre Egipto. Los milanistas despiertan a Holanda, el gran corazón de Irlanda hace el resto. Y en las gradas se vive un espectáculo de afición desatada pero deportiva y ejemplar. En el campo, la mejor noticia es el regreso al gol de Gullit después de 393 días: solo una clamorosa pifia de la defensa holandesa permite a Irlanda lograr el empate.

 


Paul McGrath uno de los mejores futbolistas de la historia de Irlanda. Figura destacada en el progreso de la selección irlandesa desde mediados de la década de los '80. 

 




La estrella holandesa, el Balón de Oro, Ruud Gullit apareció en el momento en que su equipo más lo necesitaba.  

 


La réplica, el empate y la clasificación en la bota de Nial Quinn.  

martes, 16 de junio de 2026

ITALIA 90. INGLATERRA 0 - PAÍSES BAJOS 0.

 

  

16 de Junio de 1990. Stadio Sant'Elia de Cagliari. Países Bajos 0 - Inglaterra 0. Grupo F. Un partido soso y dos selecciones que no encuentran su camino. El grupo F empieza a llenarse de empates. 

 


Los capitales Bryan Robson y Rudd Gullit intercambian banderines. Dos de los grandes futbolistas europeos de los '80s. 

 


Las hinchadas holandesa y inglesa eran de las más problemáticas de cuantas acudieron a la cita Italiana. El encuentro Países Bajos - Inglaterra declarado de alto riesgo. 

 


Ni Van Basten, ni Gary Lineker, ni Gullit, ni nadie fue capaz de marcar un gol . Para Inglaterra, después de no ganar a Irlanda, no ser derrotado por los campeones de Europa, no era mal resultado. 

 


Dos años atrás, en la Eurocopa celebrada en Alemania, Países Bajos ganó con claridad a Inglaterra por un 1 -3 , con un triplete de Marco Van Basten. En esta ocasión, prácticamente los mismos 22 jugadores, empataron a cero. 

 


El habilidoso centrocampista del PSV Vanenburg, que llegó tocado al mundial, fue una de las bajas más sensibles del lado holandés. En Inglaterra era su capitán, Bryan Robson, el jugador que sufrió problemas físicos. El técnico inglés rediseñó su defensa, Mark Wright entró en el equipo para jugar de líbero, cubriendo las espaldas de Walker y Butcher, y el joven Paul Parker ocupó el lateral derecho en detrimento de Stevens. 

 


Paul Gascoigne, Ruud Gullit y Ronald Koeman, cuanta calidad futbolística en una instantánea. 

 


Cuerpo a cuerpo Waddle Gullit, esencia del fútbol ochentero. 

 


Gary Lineker frente a Van Breukelen. Las defensas ganaron la partida a las vanguardias.  

 


Peter Shilton dominador del espacio aéreo.  

 


Paul Gascogine supera a Ronald Koeman. Los jugadores holandeses no pudieron esconder un bajo estado de forma a lo largo de todo el campeonato. 

 


Inglaterra - Holanda, un clásico europeo a nivel de selecciones. Nada más grande que enfrentarse en un mundial.  

 


Otro partido se jugaba en las calles. La policia italiana tuvo que emplearse a fondo para evitar los enfrentamientos entre los sectores más violentos de ambas aficiones. Inglaterra tenía un serio problema de paro, violencia y alcoholismo que confluyeron en el movimiento hoolingan. En estos momentos los clubes ingleses tenían prohibido jugar en competiciones europeas.  «Usaremos el puño de hierro, como nos ha aconsejado el propio ministro de deporte británico: parece que estos hooligans no son tan insensibles a las maneras fuertes...». Así había amenazado el subsecretario de Interior, Giuseppe Ruffino, presidente del Comité de Seguridad para los estadios de Italia 90, en la víspera del Mundial. A pesar de los disturbios el control sobre los hooligans ingleses estaba funcionando. Los hooligans ingleses han ocupado cada día las crónicas de los periódicos por pedradas, escaramuzas y pequeñas peleas. Pero un buen número ha terminado en la cárcel, otros han sido enviados de vuelta al otro lado del canal, humillados en su orgullo de «guerreros», quizá fuertemente apaleados y también un poco sedientos debido a las copas faltantes. «Estoy agradecido a las fuerzas del orden italianas», comentó Colin Moynihan, ministro de deporte inglés, «por su rápido, firme y decidido compromiso».

 



El partido entre Inglaterra y Países Bajos en Cagliari, había sido anunciado como una ocasión propicia para el choque violento entre las dos aficiones. Exactamente a las 18.00 se produjo el intento por parte de los ingleses se burlar a la estrecha vigilancia que ejercía la policía y lanzarse sobre la afición orange. Los naranjas no aceptaron el desafío y los ingleses se estrellaron contra el muro formado por las fuerzas del orden: las pedradas y lanzamientos de botellas fueron respondidas a golpe de porra y gases lacrimógenos.

 


Hubo guerrilla durante dos horas, con coches dañados, persecuciones hombre a hombre, unos cuarenta heridos y 5 arrestos. Uno de los arrestados estaba ebrio, 400 aficionados ingleses estaban sin entrada, 150 eran identificables como hooligans de marca. Las crónicas cuentan también que mucha de la rabia que anima a los bull-dogs ingleses deriva del control al que son sometidos, de la atmósfera de desconfianza que rodea a cualquiera que hable la lengua de Albión, de ser el blanco de la intolerancia de vándalos sardos que, por un malentendido espíritu regionalista, buscan su momento de gloria transformándose en «hunters», cazadores de hooligans. 



Gigi Riva, antes del Mundial, dijo: «Todos están muy preocupados por la llegada de los hooligans. Yo solo querría decir una cosa: los sardos son hospitalarios y muy cordiales, pero no permiten a nadie arrollar sus tradiciones. He aquí que quien llegue a Cagliari sepa que el estadio para los sardos es respetado, no representa una ocasión de violencia y de caos, sino que es casi un lugar sagrado». Seguramente los jóvenes sardos han exagerado en la defensa de sus sentimientos, pero también esto debía tenerse en cuenta: la violencia atrae más violencia. 

 


El choque entre ingleses y holandeses concluyó con consecuencias menos graves de las previsibles. Sin embargo, el peligro no ha pasado aún, perdurará mientras Inglaterra siga en liza.  Y entonces se impone una consideración: ya no es admisible que una ciudad, una región, una Nación deban vivir días de tensión, si no de terror, porque un grupo de inadaptados tome como pretexto un partido para sus locuras. No es admisible que ingentes fuerzas de policía deban ser movilizadas para un evento deportivo. He aquí que, al menos, el Mundial ya ha evidenciado esta realidad, si es que alguna vez hubo necesidad de una contraprueba.

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