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lunes, 10 de septiembre de 2018

MONASTERIO DE DEALU.




Situado a 400 metros por encima de la corte de Tirgoviste, el monasterio de Dealu (Manastirea Dealului) ha escrito alguna de las páginas de la historia rumana. 



Un busto de Mihai Vitazul (Miguel el Valiente) nos recibe a la entrada.


Ambiente laborioso, pero sereno. El cielo se había nublado, las mujeres del templo cortaban verduras en el jardín. 


Su interior olía a jazmín y mientras oía la letanía de la monja ortodoxa, quedaba ensimismado con las excelsas paredes, adornadas con coloridos retratos de voivodas históricos. El más conocido de ellos, Vlad Tepes, no se encontraba entre ellos.


Aunque les pesa a los anticlericales y ateos fanáticos, buena parte de la historia de Europa se ha escrito en los monasterios.


La adormición de la Virgen. 




Radu el Grande fundó este monasterio donde se conserva la cabeza de Miguel el Valiente. El edificio ha resistido varios terremotos.



martes, 17 de mayo de 2016

EL SANGUINARIO BANQUETE DE BOYARDOS.



La velada transcurría apaciblemente, las antorchas iluminaban los sonrosados rostros de los comensales y las sombras proyectaban alargadas figuras sobre las paredes del gran salón. Todos los boyardos del reino, magnates y prohombres, estaban reunidos aquella noche, sentados alrededor de una enorme y maciza mesa de madera, acompañados por sus esposas e hijas. Los pajes y escuderos observaban, sin intervenir, el pantacruélico banquete desde una distancia prudencial.

El príncipe no había reparado en gastos para agasajar a sus invitados, los grandes señores del país: faisán relleno, ciruelas, naranjas y melocotones, pistachos, almendras o otros frutos secos, cabrito de los Cárpatos, venado de la reserva de caza del príncipe, lechón asado, patos criados en las granjas de Valaquia, esturión del mar Negro, barbos y carpas del Danubio, ternera de Panonia y todo ello regado con los caldos, tintos y blancos, elaborados en las afamadas bodegas transilvanas. El príncipe, orgulloso y altivo, miraba complacido el maravilloso cuadro, al que aún había que imprimir color carmesí.


Cuando las panzas estaban llenas, el alcohol ya se había apoderado de cuerpos y mentes, los modales corteses habían cedido ante los eructos y exabruptos, y el placer lo inundaba todo, el príncipe se acercó a sus invitados, y con una sonrisa dibujada en los labios se dirigió a uno de los comensales de esta manera:
  •  Decidme señor ¿a cuántos voivodas habéis conocido?
  • ¿Diez?,¿veinte? - respondió con desdén el hombre.
A continuación reparó el príncipe en un veterano boyardo de pelo cano, el mayor quizás de los invitados, y de nuevo inquirió.

  • Y usted, noble señor ¿a cuántos voivodas habéis servido?
  • Seguro que a varias docenas – respondió con sorna bobalicona el aludido.
Y aún dirigió una tercera pregunta, obteniendo la misma respuesta – muchos -. Entonces, poseído por el mismísimo diablo, el príncipe endureció el gesto y exclamo: !Asquerosas ratas bastardas. Por culpa de vuestros egoísmos y traiciones los príncipes de este país no pueden mantenerse en el trono!. Pero yo, Vlad III, hijo de Vlad II “el Dragón”, atajaré este problema de raíz.

Sin que los boyardos tuvieran tiempo de reaccionar, la guardia del príncipe irrumpió, espada en mano, en el gran salón e iniciaron una terrible carnicería. Los primeros en ser degollados fueron los pajes y escuderos, y luego siguieron los boyardos más veteranos y algunas mujeres. Los que no murieron en el salón fueron sacados al exterior, maniatados y se les atravesó el ano con enormes estacas. Así pasaron varias horas (a lo peor días) empalados, sufriendo la más atroz de las agonías, mientras los cuervos se deleitaban picoteando los ojos, las lenguas y otras partes blandas. La sangre de la redención regó la tierra de Valaquia.


Los que se libraron del acero y la madera fueron trasladados a Poenari y allí se vieron obligados a trabajar como esclavos en la construcción del castillo que corona la cumbre. Los cuerpos de muchos de ellos terminaron estercolando la tierra.

Esta es una de las anécdotas más truculentas y recurrente que se cuentan sobre el terrible príncipe de Valaquia Vlad III, conocido como “el Empalador”. Como dijo el actor Rudolf Martin cuando encarnaba al personaje en la película Vlad Príncipe de la Oscuridad: “He oído tantas veces esas historias, que estoy empezando a creerlas”.

Los historiadores sitúan la matanza de boyardos en la ciudad de Tirgoviste, donde Vlad tenían instalada su corte, durante la celebración del Domingo de Pascua. Matei Cazacu (uno de los biografos más reputados del Drácula histórico) fecha la Pascua Sangrienta en 1459.

Un relato alemán de 1463 describe la escena con las siguientes palabras: “Invitó a su morada a todos los señores y nobles de su país; cuando hubieron terminado la comida, se dirigió al de mayor edad y le preguntó de cuántos voivodas o príncipes que hubieran reinado en ese mismo país guardaba recuerdo. Él le contestó lo que sabía al respecto; después fueron interrogados los demás, jóvenes y viejos; y Drácula pidió a cada uno de ellos a cuántos podían recordar. Uno contestó cincuenta; otro, treinta; uno, veinte; otro, doce; y ninguno era lo suficientemente joven como para recordar a menos de siete. Entonces, él hizo empalar a todos esos señores, que en total eran quinientos”.

Real o no, esta historia ha sido repetida tantas veces, que todo el mundo la da por cierta.


sábado, 16 de abril de 2016

VLADISLAV II VOIVODA DE VALAQUIA



En el baile interminable de príncipes valacos del siglo XV, cuando uno de ellos era defenestrado mientras el siguiente aguardaba en el umbral de la puerta de entrada, Vladislav II (con una pizca de fortuna) fue capaz de mantenerse en el poder durante una década (1447 – 1456). Es cierto que durante esos años los turcos estaban ocupados en la conquista de Constantinopla y su padrino, Janos Hunyadi, disfrutaba de las más altas cotas de poder de su carrera.

Vladislav II era el nieto de Dan II, y el capitán de Transilvania (y regente de Hungría) Janos Hunyadi, lo promocionó como príncipe de Valaquia en detrimento de Vlad II el Dragón. Según Ralf Peter Märtin “Con Vladislav II, Hunyadi tenía un príncipe conforme a sus deseos”. Con el beneplácito del húngaro los hombres de Vladislav II asesinaron a Vlad II y a su hijo mayor Mircea. Sin embargo otros estudios sugieren que fueron los turcos los que ayudaro a Vladislav II a alcanzar el trono.

A pesar del apoyo recibido, las relaciones con Hunyadi nunca fueron buenas del todo. Ambos paladines porfiaron constantemente por la posesión de Fagaras y también surgieron graves diferencias entre ellos en relación a los comerciantes sajones de Transilvania.

En 1456 con otomanos y húngaros enfrascados en el asedio de Belgrado, Vlad III aprovechó para hacer una incursión en Valaquia y asesinar a Vladislav. Con esta acción “el Empalador” mataba dos pájaros de un tiro: vengaba a su padre y se convertía en príncipe de Valaquia.

Vladislav II fundó el famoso monasterio de Snagov, aunque no fue enterrado allí, sino en la iglesia del monasterio de Dealu, muy cerca de la corte de Tirgoviste.


jueves, 10 de diciembre de 2015

RADU VII PAISIE.



Radu Paisie, conocido también como Peter de Arges, era abad del monasterio de Curtea de Arges, antes de que en 1535 fuese elegido por los poderosos terratenientes locales para proclamarlo voivoda de Valaquia, un cargo que desempeñó hasta 1545.

jueves, 24 de septiembre de 2015

VLAD INECATUL



En las monarquías hispánicas abundan los Alfonso, en la francesa los Luis y los Carlos, en la húngara los Esteban, y en Valaquia los Vlad. Un nombre de resonancias legendarias y ecos novelescos por obra de Vlad III el Empalador (y su biógrafo no autorizado Bram Stoker). Precisamente en su misma linea sucesoria (más o menos bastarda) encontramos varios voivodas que gobernaron en Valaquia con el nombre de Vlad.

Vlad Inecatul (Vlad VI), de la línea draculesti, para gobernar tuvo que desplazar a Moise, el voivoda anterior, una costumbre muy arraigada en esta parte de Europa, y derrotarlo en batalla. Una vez eliminado Moise (de la rama rival, los Danesti), Vlad Inecatul, hijo de otro Vlad – Vlad cel Tanar (el joven), tan sólo pudo gobernar durante dos años (1530 – 1532) otra costumbre arraigada en la tradición de los Vlad rumanos.

En el caso de Vlad VI no fue la mano traidora la que puso fin a su vida. Una tarde después de un banquete, en el que probablemente habría bebido más alcohol de la cuenta, Vlad salió a dar un paseo a caballo por la orilla del río Dambovita. No se tiene muy claro lo que pasó, lo que si se sabe es que perdió pie, cayó al agua y murió ahogado. Su pseudónimo “Inecatul” hace referencia precisamente a la forma en que murió.



Aunque su reinado no fue especialmente significativo para la historia de Valaquia, la ciudad de Tirgoviste, antigua capital, lo recuerda junto a muchos otros voivodas en un céntrico parque.  

domingo, 20 de septiembre de 2015

MIHNEA TURCITUL.



El antiguo principado de Valaquia, una de las regiones históricas que conforman la moderna Rumanía, era un estado con gobernantes – denominados voivodas – de quita y pon. La mayoría de las veces estos príncipes eran títeres y vasallos de estados más poderodos, como el Reino de Hungría, el Imperio Otomano o la dinastía Habsburgo, una situación que se traducía en gobiernos efímeros, tumultuosos y que solían acabar en un baño de sangre, un asesinato en la oscuridad o una precipitada huida a medianoche para mantener la cabeza sobre los hombros. A veces, esos mismos voivodas desterrados, regresaban a Valaquia como si nada hubiese sucedido, y volvían a sentarse en el trono. Uno de estos voivodas de ida y vuelta fue Mihnea Turcitul, que gobernó Valaquia en dos ocasiones. Entre 1577 y 1583 y entre 1585 y 1591.

Mihnea II, hijo de Alejandro II Mircea, perteneciente al linaje de los draculesti, recibió el apodo de Turcitul tras su conversión al Islam. El primer reinado aconteció durante su infancia, bajo la tutela y regencia de su madre, Catherine Salvaresso. Este breve reinado finalizó por deseo del sultán Mehmed III que patrocinó a Petru Cercel como nuevo voivoda. El joven Mihnea tuvo que exiliarse a Trípoli custodiado por la autoridad otomana.


El dinero de su madre, miembro de una rica familia, y su sumisión y conversión sincera al Islam, terminaron por convencer a los otomanos, que propiciaron su vuelta al trono valaco. El vil dinero pasó de las manos de Mihnea a la de los funcionarios turcos que se comprometieron a asesinar a su rival. Tampoco acabó bien este segundo reinado, pues fue depuesto y reemplazado por Stefan Surdul. Mihnea murió en Estambul, su tierra de acogida en 1601.  

viernes, 18 de septiembre de 2015

MIHAIL I DE VALAQUIA.



Mihail I – Miguel I – fue voivoda de Valaquia durante dos años, entre 1418 y 1420. Hijo legítimo de Mircea I el Viejo, admirado personaje histórico en Rumanía, cogobernó el principado junt a su padre desde, aproximadamente el año 1408. A la muerte de su padre mantuvo su línea de actuación política; renovó las buena relaciones con los estados vecinos, Reino de Hungría y Moldavia, apoyó a los comerciantes sajones de Transilvania y reforzó su posición frente a los enemigos, despertando los celos del turco. Los otomanos lanzaron todo su potencial contra la frontera del Danubio, y Mihail I les plantó cara, muriendo en el combate cerca de Severín.  

miércoles, 9 de septiembre de 2015

PATRASCU CEL BUN



En una época de crímenes y traiciones, ambiciones desmedidas y coronas teñidas de sangre, el voivoda de Valaquia, Patrascu, cuyo busto acompaña a otros gobernantes en Tirgoviste, antigua capital del principado, fue conocido como el Bueno (cel Bun). El motivo del apodo, no haber participado en ningún crimen político, ni mandado a asesinar a ningún boyardo. Es cierto que su actitud tolerante hacia la Reforma le procuró una buena dosis de propaganda positiva entre los protestantes. 

Patrascu, miembro de la dinastía draculesti, gobernó entre 1554 y 1557, y su reinado se caracterizó por la Paz. No obstante murió en circunstancias no aclaradas en Bucarest, posiblemente envenedado por orden del sultán otomano, ya que el valaco sentía simpatía hacia los Habsburgo. Fue enterrado en el monasterio de Dealu, en una colina sobre Tirgoviste.


Para algunos historiadores, Miguel el Valiente, el unificador de los rumanos, fue hijo ilegítimo de Patrascu, un Patrascu, que atendiendo a su actitud en el gobierno, fue la excepción que confirma la regla.  
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