La historia de la Ruta Xacobea es
larga y su origen parece perderse en la noche de los tiempos, millares de
peregrinos han transitado por ella, algunos conocidos, la inmensa mayoría
anónimos. Reyes, arzobispos y misioneros, emperadores, cardenales y frailes de
toda época y lugar han cumplido debidamente con el ritual y su presencia junto
a la tumba del apóstol está perfectamente documentada. Pero hay algunos personajes
de los que no se puede afirmar ni negar categóricamente su peregrinación a
Santiago de Compostela.
Felipe
de Alsacia, Conde de Flandes, cruzado y devoto cristiano es uno de ellos.
Algunos historiadores, como Werner Thomas, señalan que el noble flamenco vistió
Santiago antes de 1172. Otros estudiosos de la materia, sin embargo, opinan que
el hecho no es demostrable documentalmente.
Pero
Felipe de Alsacia está relacionado con la leyenda medieval por excelencia, el
Santo Grial. Su padre, Teodorico de Alsacia, conde y cruzado como el hijo,
trajo a su regreso de Tierra Santa una ampolla que contenía la sangre de
Cristo, y la depositó en una pequeña iglesia de Brujas, la Basílica de la Santa
Sangre. No acaba aquí su vinculación con el Santo Cáliz, pues una tradición
sostiene que Felipe encontró un manuscrito que contenía historias relacionadas
con la reliquia, y que sirvió de inspiración para que Wolfram von Eschenbach
escribiese su Parzifal.
Si a todo esto
sumamos que en el Camino de Santiago encontramos, al menos, tres cálices
candidatos a Santo Grial – Cebreiro, San Juan de la Peña y San Isidoro de León –
podemos cerrar los ojos, dejar volar la imaginación y contemplar al noble Conde
de Flandes depositar el Santo Grial en uno de los enclaves jacobeos.