martes, 3 de enero de 2017

ARNULFO DE CARINTIA.



Las estirpes germana y eslava unidas en un hombre que intentó revitalizar a un moribundo Imperio Carolingio en un momento en que estaba próxima la certificación de su defunción. El padre de Arnulfo, Carlomán, era hijo de Luis el Germánico y su madre una dama eslovena. Su condición de hijo ilegítimo le apartó, en principio, de la carrera por el trono.

Como Margrave de Carantania, Arnulfo fue capaz de mantener las fronteras de su estado a pesar de la presión asfixiante que ejercían por el este los moravos de Svatopluk. Hombre fuerte de la Europa Central, un capo sin discusión, decidido, ambicioso y con grandes aptitudes, esperó el momento oportuno y consiguió deponer a su tío Carlos el Gordo. Incluso se especula que ordenó su asesinato.



A pesar del empeño sólo fue aceptado por los francos del este, la futura Alemania. Los francos occidentales se decantaron por Eudes, el conde que salvó París de los vikingos. El imperio se desmoronaba. Maestro en tejer redes clientelares, Arnulfo recibió la petición de ayuda del papa Formoso y ni corto, ni perezoso entró a saco en Italia para luchar contra Guido de Spoleto y su hijo Lamberto que no paraban de incordiar al Santo Padre. El flamante emperador abanonó Roma tras ser coronado por el Papa, pero aquejado de un incurable (y doloroso) reumatismo.

Sus últimos años de vida estuvieron marcado por la enfermedad que mermó sus fuerzas, por la progresiva desaparición de cualquier tipo de influencia en Francia Occidental y la incontenible invasión de moravos y magiares.


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