domingo, 24 de noviembre de 2013

ALCAZABA DE ALMERÍA



El viento azota los cuerpos. Ataca sin piedad a los centinelas desguarecidos y castiga la piel de estáticos guerreros que no saben bien que pensar. Esta mañana el amanecer trajo vientos de guerra.



La Alcazaba de Almería es uno de los conjuntos monumentales, arquitectónicos y artísticos más destacados de la España mulsulmana; fortaleza militar y sede del gobierno. Una alcazaba es una ciudadela construida en varios niveles ubicada sobre una extensa elevación del terreno.



Esta emblemática fortaleza se ubica en un cerro desde el cual se domina toda la ciudad y la bahía. Su localización responde a motivos estratégicos y desde su construcción ha sido sede y residencia de los representantes del poder.


Tras subir los escalones que comienzan en la calle Almanzor, accedemos a la fortaleza a través de la Puerta de la Justicia.


La entrada está protegida por la Torre de los Espejos. Se cuenta que en su interior funcionaba un sistema de espejos que servía para mandar señales ópticas a los barcos.

El origen de la Alcazaba está íntimamente ligada a la ciudad de Almería. Surge en el siglo IX, como puerto de una ciudad que estaba a unos seis kilómetros de la costa; Bayyana. A mediados del siglo X fue fortificada y comenzó a ser conocida como Al-Mariyya. En estos tiempos la alcazaba ya debía contar con una configuración muy similar a la actual.



Las murallas llegan a los tres metros de espesor y los cinco metros de altura, elevadas sobre enormes rocas, lo que la convierten prácticamente en imposible de asaltar.


Agua, elemento dinamizador de cualquier edificación musulmana, presente en todos los ámbitos de la cultura de Al Andalus.


En la arquitectura palaciega mediante un esmerado e inteligente aprovechamiento y distribución de tan preciado elemento, se consigue cultivar árboles frutales, huertas y plantas de todo tipo.

Además el agua es purificadora, imprescindible para el fiel, que debe efectuar abluciones rituales antes de rezar.


Inscripción conmemorativa de las construcción de una fuente para abluciones. Mármol blanco. Siglo XII.



Agua y jardines por todos lados. Para los hombres venidos del desierto, este es el aspecto de un auténtico paraíso. Y no fue obra de Alá. Fue la creación de exquisitos ingenieros, esmerados jardineros y emotivos artistas.



Fortaleza, palacio, vivienda de lujo. Aquí se vivía completamente aislado de los problemas terrenales que agobian al populacho.



Paseando entre flores que aromatizan el aire y se mezcla con la sal regada por la brisa del mar.



Durante el siglo X Al-Mariyya será la sede de la flota naval del Califato de Córdoba.


La Torre Sur domina uno de los flancos de la fortaleza, superada únicamente en altura por la Torre del Homenaje del Alcázar Cristiano.



La Torre Norte.


La Torre Norte y la Torre Sur se encuentran unidas por un adarve, o camino de ronda, protegido por robustas almenas.


El Cerro de San Cristobal también aparece fortificado. 


Frente a sus murallas el Sagrado Corazón de Jesús vela por los sueños de la ciudad que duerme a sus pies.



La muralla de Jairán cierra el barranco de la Hoya, convirtiéndolo en una auténtica ratonera para los ejércitos hostiles.



La Alcazaba, y el Cerro de San Cristobal están conectados por medio de una muralla que atraviesa el Cerro de la Hoya, configurando un entramado defensivo de extraordinaria magnitud.


El Aljibe del siglo X proveía de agua a todos los habitantes de esta inmensa fortaleza. Estas estructuras se construyen enterradas para proteger el agua de la luz del sol, para evitar que se pudra. El agua de lluvia y las escorrentías superficiales alimentan el aljibe.


La extracción del agua para el consumo se efectuaba mediante un pozo abierto en la cubierta del aljibe.


Otro de los usos del agua; el Hamman. Los baños constituyen un elemento fundamental en la vida cotidiana del musulmán, con toda la significación ritual y social que posee. El hamman está compuesto de tres salas; fría, templada y caliente, y el aire que calienta la estancia procede de grandes calderas y es distribuido por canalizaciones subterráneas.

En el siglo XI se produce la fitna del Califato de Córdoba, con la aparición de numerosas taifas. Almería será la capital de una de esas taifas. Sus soberanos utilizaran el alcazaba como residencia, destacando el rey Al-Mutasin, al que visitó el geografo Al-Udri, que además describió su palacio.


Zona residencial y palaciega del alcazaba. Estanques y fuentes posibilitan que los residentes nunca dejen de estar en contacto con la naturaleza.

Desde aquí, los gobernantes musulmanes protegían un puerto al que llegaban mercancías procedentes de todos los rincones del mundo conocido. ¿Cómo podían imaginar que el mundo no acababa aquí? ¿qué unas lejanas tierras llenas de maravillas habían desarrollado sofisticadas culturas desconocidas?. Y vivieron durante milenios sin mirarse a la cara.



A finales del siglo XI Almería queda integrada dentro del imperio Almorávide, que coincidió con la época de mayor esplendor de la ciudad, que sería conocida como la Puerta de Oriente, ya que desde aquí se establecían relaciones comerciales con todos los puntos del Mediterráneo.



En el puerto de Almería se embarcaba mármol de Macael, cuya calidad y cantidad no tenía paragón en todo Al-Andalus y textiles de fabricación propia para comerciar con todo el Mediterráneo. Entre las producciones artesanales de la ciudad, destacaba la seda. Se llegaron a contabilizar 800 telares en la ciudad. Por otro lado llegaban cereales, oro, marfil, esclavos eunucos, lino y especias del Próximo y Lejano Oriente y del Norte y Centro de África..

En el año 1147 una fuerza combinada formada por las flotas de las ciudades italianas de Génova y Pisa, catalanes, aragoneses y castellanos, comandada por Alfonso VII, conquistaron la ciudad. Almería quedó bajo control cristiano, produciéndose un retroceso de su potencial económico, que se vio reflejado en una cierta decadencia social y cultural.



En 1157 los almohades recuperaron Al-Mariyya para el Islam, y aunque revitalizaron la ciudad y la volvieron a colocar en el mapa comercial mediterráneo, jamás recuperó el esplendor de la etapa anterior.

Casas andalusíes ubicadas en la zona residencial de la Alcazaba, muy próximas a la zona palaciega, de la que quedaba separada por un muro.


Estos dos edificios son recreaciones de casas tradicionales islámicas con un patio interior y varias habitaciones que se abren a su alrededor. Estas casas andalusíes presentan una serie de elementos constantes, aunque sus características formales vayan cambiando según la época y la clase social que la habite.


Estas viviendas se desarrollan hacia el interior, con varias dependencias que se organizan alrededor de un patio que les suministra la luz y la ventilación necesaria (e imprescindible). El clima almeriense posibilita que la vida familiar gire en torno al patio.


En la zona residencial de la Alcazaba han aparecido pequeños juguetes y miniaturas que nos acercan al mundo infantil. En la imagen una figurilla con forma de caballo. La presencia de estas figurillas se ha puesto en relación con determinadas fiestas musulmanes en las que es costumbre regalarlas.


Una de las características que definen la vivienda andalusí es lo escaso de su mobiliarios y enseres, y el que en una misma estancia se desarrollen actividades diferentes.


La misma habitación que era utilizada para las labores cotidianas, se convertía, al caer la noche, en un austero dormitorio.

A mediados del siglo XIII, tras la irrupción cristiana en tierras andaluzas y la formación del Reino de Granada, Almería pasó a formar parte del Reino Nazarí junto a las provincias de Málaga y Granada.


El Mirador de la Odalisca, recibe este nombre por una romántica y trágica leyenda. Galiana, concubina predilecta del Palacio de Almotacín, escuchó en una fría y oscura noche, un prisionero cristianos cantando desde la mazmorra. La voz del reo atravesó los muros, sus letrillas alababan la frágil belleza de la odalisca. La melodía llegó a su corazón y conmovida decidió liberar al preso enamorado. Lo estaba ayudando a escapar descolgándose por la ventana, cuando sorprendidos, el cristiano perdió pie, se precipitó al vació y se estrelló contra el suelo. Poco después, apoyada en el alfeizar de la ventana, la bella Galiana también moriría a causa de la tristeza.




1489, poco antes de la rendición de Granada, los Reyes Católicos conquistaron la ciudad, la incorporaron a la Corona de Castilla y pusieron fin a seis siglos de historia islámica en la ciudad.


Proyectiles.



El Alcázar Cristiano. En Iberia todo lo que fue musulmán, terminó siendo católico.

En 1490, un año después de la toma de la ciudad, el secretario real Hernando de Zafra, ordena la construcción, sobre antiguas dependencias del palacio islámico, un nuevo castillo.



El Alcázar muestra unas formas y técnicas constructivas diferentes de la Alcazaba. Presenta planta triangular, con torres circulares en los extremos, patio de armas y Torre del Homenaje. Los materiales son bloques de sillares de cuidada ejecución. En algunos es posible ver marcas de cantero.



La Torre del Homenaje, origen y torre capitana de los castillos medievales cristianos. 

Militarmente la fortificación se adapta a las necesidades defensivas de la época, tras la aparición de la artillería.


El patio de armas, que rodea a la gran Torre del Homenaje, se abre a los vientos procedentes del mar. La brisa acaricia a los soldados de la guarnición cuando pasan revista.


Torre de la Polvora que cierra el patio de armas.


Artillería en el interior de la Torre de la Polvora.


La misma torre desde el exterior. 



La Alcazaba de Almería mira directamente a los ojos del mar Mediterráneo.

Desde la más alta de las atalayas, el viento mece con suavidad el pendón de la Media Luna, el alcaide divisa a lo lejos el regreso de su flota cargada de especias cultivadas con esmero bajo el sol de otros países, las más dedicadas bellezas para formar parte de su pequeño harem, maderas preciosas y costosas arrancadas del corazón de bosques tropicales situados en lugares de nombres impronunciables.



Sigo una ruta de piedras que fueron templos o fortalezas, atávicas necesidades del hombre; la religión y la guerra. No han existido sociedades pacíficas, ni tampoco sociedades ateas. Iglesias y castillos nos cuentan la historia de Europa.  
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