jueves, 23 de mayo de 2013

EL IMPACTO GERMANO Y LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO



El Imperio Romano era una estructura política, dominando un territorio determinado y con unas fronteras claras. Éstas fueron fluctuando a los largo de los siglos, pero desde el siglo II d.C, prácticamente no se movieron. 

Las citadas fronteras estaban constituidas por accidentes geográficos; grandes ríos, Rhin y Danubio, mares, como el Mar Negro y el Océano Atlántico, y grandes desiertos, como el Sahara. Estas fronteras, llamada "limes", marcaban, delimitaban el territorio del Imperio Romano, más allá de ellas  moraban los diferentes pueblos bárbaros. 

Muchos de estos pueblos eran nómadas, formados por distintas tribus, que a su vez se desglosaban en diversos clanes. Estas sociedades tribales oscilaban entre dos polos; los jefes y los guerreros. La relación entre ellos se basaba en la vinculación personal que unía la vida, incluso el destino, del guerrero con su jefe. Este tipo de relación tendrá importantes repercusiones en época medieval. 



A partir del siglo III se comenzó a producir una fuerte presión, por parte de estos pueblos, sobre el limes, que terminarían traspasando para asentarse en el mismísimo Imperio Romano, siendo una importante agente que contribuyó a su disolución. Buscar el por qué de esa presión ha sido uno de los grandes temas de debate de la historiografía. 

Hasta hace relativamente poco, se trataba de dar explicación a partir de una única causa. Actualmente se piensa que un fenómeno tan complejo, y cargado de tantos matices, no es posible comprenderlo, ni explicarlo, por un solo motivo. La suma de una serie de causas nos permitirá establecer una explicación más razonable de esta presión. 

La primera de estas causas fue la debilidad del Imperio Romano a partir del siglo III; un bajo nivel demográfico, una mala administración y un cierto malestar social. Luis García Moreno afirma que "a todo esto habría que añadir la falta de solidaridad con los elementos dirigentes del estado imperial". 

A partir de los siglos III y IV varias ciudades cobran gran importancia, ya no va a ser Roma la única ciudad que capitalice el poder. A inicios del siglo IV Constantino funda una nueva ciudad en Bizancio, una segunda capital para el imperio, que bautizará con su nombre. Constantinopla se transforma en una Nueva Roma, con lo que el Imperio comienza a polarizarse entre Oriente y Occidente. Esta realidad se hace patente en el año 395, cuando Teodosio divide el imperio entre sus dos hijos, Honorio y Arcadio, en Imperio de Occidente e Imperio de Oriente, cada uno con su propia capital. 

De forma paralela otras ciudades fueron adquiriendo mayor entidad. Gracias a las Constituciones Imperiales sabemos que, por ejemplo, Milán o Tréveris fueron ejerciendo funciones de capitalidad. En los citados documentos aparece no solo el emperador que las emite, sino también el lugar dónde son emitidas. Muchas de ellas señalan Milan y Tréveris, por lo que poco a poco se van convirtiendo en cabeza de la administración. La capitalidad adquiere cierto tono itinerante, allí donde se encuentre el emperador, se hallará la capital. 

Ante problemas acuciantes para el Imperio, no se adoptaba una solución única para todo el territorio. Mas bien, proliferaban discursos distintos, no existía un proyecto político común. Se constata una ausencia absoluta de solidaridad entre los diferentes territorios imperiales. 

En cada lugar, o ciudad, se podía opinar, y actuar de manera contradictoria, tal y como sucedió en el siglo IV. Los visigodos hostigaban continuamente la región de los Balcanes, un problema que corresponde atajar a la capital de Oriente, Constantinopla. La solución adoptada será desviar el problema hacia Occidente, concretamente hacia Occidente. Por lo tanto el problema no desaparece, únicamente va a cambiar de ubicación. Constantinopla se deshace del marrón y le pasa la papeleta a Roma. 



Peter Brown apunta que la aristocracia romana, y también la Iglesia, cada vez con mayor frecuencia, optan por negociar acuerdos personales con cada uno de los jefes y reyezuelos de los pueblos germánicos. Poder temporal y poder espiritual se iban desentendiendo de la posibilidad de una política común para todo el ámbito imperial. Un ejemplo claro lo constituyen los grandes terratenientes del sur de Francia, que pactaron el asentamiento de los visigodos sin contar con Roma. 

Hemos analizado la situación interna de Roma, vamos a intentar ahora acercarnos a la realidad exterior. El fenómeno invasor no fue algo aislado, ni de aparición súbita. El peligro de los germanos estuvo ahí desde siempre, desde el mismo momento en que Roma comenzó su expansión y fue anexionando nuevos territorios. Mas esta presión se va haciendo insostenible a partir del siglo IV, relacionada con la necesidad de mejorar que tenían estos pueblos (una constante universal, iniciar migraciones para mejorar las condiciones de vida). 

Factores climáticos, demográficos y sociales nos ayudan a explicar este aumento de la presión sobre el limes.  Oscilaciones y empeoramiento del clima en algunas zonas de Asia provocaron que los grupos humanos buscaran espacios más templados. El aumento demográfico de determinadas tribus hizo que parte de la población se desplazase en búsqueda de más y mejores tierras para asentarse. 

A las oscilaciones climáticas y el crecimiento demográfico hay que sumar los cambios sociales. Entre los siglos II y III los germanos experimentan un desarrollo de su estructura político-social, el desarrollo de determinadas explotaciones agrarias y el fortalecimiento de una clase dirigente, una incipiente aristocracia. Estos cambios provocan la aparición de nuevas reglas para ordenar la vida cotidiana de estos pueblos. Los señores fueron acaparando cada vez más poder político, asentado en el control económico de un determinado territorio. 

En el momento en que estamos, no se puede seguir manteniendo la "Hipótesis del efecto dominó". Según esta hipótesis los movimientos de estos pueblos seguían un efecto dominó. Se argumentaba que existía un movimiento primario que desencadena el resto, empuja a otros pueblos hacia el limes. Como acabamos de señalar, esta hipótesis ya no se sostiene. Los diferentes pueblos se van acercando al limes en distintos momentos y por diferentes causas. Para abordar estos temas es necesario realizar estudios más locales. 



Miles de personas van a traspasar el limes, van a intentar establecerse en el Imperio y la solución que adopta Roma ante esa avalancha será, en principio, de naturaleza jurídica. Buscará una fórmula jurídica que le permitiese asumir la presencia de estos pueblos dentro del Imperio. Esta fórmula es el "foedus". 

El "foedus" es un tratado firmado entre el estado romano y un pueblo germano. A través de este tratado el pueblo se convierte en federado y aliado de los romanos y queda instalado dentro del Imperio. 

Una vez asentados dentro del Imperio Romano se produce un reparto de las propiedades entre la población romana y la población germana. Este reparto se hace de la siguiente manera, dos tercios del ager (zonas en cultivo) para el germano y el tercio restante para el romano. Mientras que del saltus (zonas incultas, bosques, marismas) queda la mitad para cada uno. 

En el 418 se firma un foedus entre Roma y los visigodos, en virtud del cual, quedan instalados en el sur de la Galia, entre Toulouse y el Atlántico. En este espacio la población romana residente, tendría que convivir con los recién llegados. 

Entre el 395, año de la división del Imperio, y el 476, cuando Roma desaparece como estructura política, se firmaron más de cien foedus, entre Roma y diferentes pueblos germanos. Bien es cierto, que un pueblo germano podía firmar más de un foedus. 



De alguna manera Roma pretendía asumir a estos pueblos, incorporarlos a su realidad, hacerlos romanos, y que participasen en la defensa del Imperio. Y por supuesto que iban a hacerlo, en tanto en cuanto que estos germanos ya tenían unas propiedades, y había que defenderlas. Roma lanzó a unos germanos contra otros. 

A pesar del éxito inicial de esta fórmula, el Imperio Romano terminó desapareciendo. El hecho de la caída del Imperio Romano siempre se ha estudiado poniendo todo el énfasis en las invasiones germanas. Indudablemente el factor más espectacular y llamativo a ojos del historiados decimonónico. Como venimos señalando, esta afirmación ya no se sostiene. En la desaparición del Imperio Romano de Occidente intervinieron algunos elementos más .



Para estudiar el tema de las invasiones se utiliza un concepto de la historiografía alemana, acuñado en el siglo XIX, el Volkerwanderung, literalmente "migración de pueblos". Este concepto iba asociado al análisis de las estrategias militares utilizadas por los germanas para vencer a los romanos. También intentaba explicar la caída de Roma como consecuencia de la llegada de los invasores llegados de más allá del limes. 

Hoy día esta lectura única del concepto volkerwanderung está en tela de juicio y se potencian los estudios regionales que atiendan a una serie de aspectos tales como, el grado de desarrollo sociopolítico de los invasores, las conexiones existentes entre los grupos de dirigentes invasores y las autoridades imperiales, que objetivos subyacían bajo estos movimientos (fusionarse con la población romana o destruirla) y las relaciones entre el gobierno central romano y sus provincias. Muchos germanos actuarán como aliados romanos en la lucha contra otros germanos, independientemente del pueblo al que pertenezcan; los guerreros germanos siguen a su jefe, no a una supuesta nación.

En el año 476, Odoacro, un rey hérulo, depone al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augusto. El caudillo hérulo coge los símbolos e insignias imperiales y las envió a la nueva Roma, Constantinopla.

Ese 476 tuvo un gran valor simbólico; significaba el final del Imperio Romano de Occidente. Sin embargo, hemos de verlo como un hecho más, ya que en ese momento, el poder político romano era pura ficción.

Durante los siglos IV al VII se va produciendo la llegada y el establecimiento de distintos pueblos. Normalmente este proceso lo estudiamos a través de distintas fases, tres oleadas migratoria. 

La primera fase, entre los siglos IV - V, protagonizada por hunos, visigodos, suevos, vándalos, burgundios, anglos, jutos , sajones provocó los efectos más traumáticos y devastadores. Entre los siglos V y VI, participan pueblos que durante la fase anterior permanecieron en un segundo plano, como los francos y los ostrogodos. 



La tercera fase, siglo VI - VII, se produce el intento de recuperación de la parte occidental por parte del emperador bizantino Justiniano. Para llevar a cabo este proyecto crea un ejército dirigido por los generales Belisario y Narsés, invirtiendo grandes riquezas, para lo que tuvo que realizar un gran esfuerzo económico. Tras algunos éxitos iniciales, recupera el Norte de África, el Levante de la Península Ibérica y algunas zonas de Italia, el intento termina en fracaso. En este ejército participan algunos pueblos germanos aliados de Constantinopla. Uno de ellos es el de los lombardos, que terminará separándose de Bizancio e instalándose en Europa Occidental.

Para finalizar una rápido repaso a los más importantes protagonistas del volkerwanderung. 

HUNOS.



Dirigidos por Atila, no llegaron a establecerse en ningún punto de Occidente. Procedentes de Asia, recorrieron buena parte de Europa y hostigaron a los romanos, especialmente en las Galias y en la Península Ibérica. Al parecer se trataba de una confederación formada por distintos pueblos. 

Esta gran confederación estaba agrupada gracias a Atila, un caudillo militar. Todos sus guerreros dependían dél personalmente. Cuando muerte Atila el peligro huno se difumina, al desaparecer el nexo que los unía. 

VISIGODOS. 

Junto con los ostrogodos pertenecen a una familia mayor, los godos. Los godos estaban situados junto al río Dniéster. Los visigodos empiezan a presionar la frontera oriental del Imperio Romano, sobre todo en la zona de los Balcanes. 

Los problemas originados por los visigodos a Constantinopla, provoca que la corte oriental desvíe el problema hacia occidente, siendo asentados al sur de la Galia. Posteriormente, tras la derrota militar que los visigodos sufren en el 507 en la batalla de Vouillé, a manos de los francos, los visigodos se desplazarán a la península Ibérica, donde se instalarán hasta el 711. 

SUEVOS.




Los suevos procedían de Centroeuropa y se instalan en lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal. 

VÁNDALOS.

Cruzaron la frontera del Rhin en el año 406, recorren parte de las Galias, cruzan la Península Ibérica y se dirigen hacia el norte de África. A través de un foedus, 429, los vándalos son instalados definitivamente en el norte de África. La actitud de este pueblo será bastante hostil hacia las comunidades romanas.

BURGUNDIOS.

Llegaron desde el Centro de Europa y su recorrido será algo más corto. Quedaron instalados en la zona que actualmente se conoce como Borgoña. Este pueblo será anexionado por los francos.

ANGLOS, JUTOS Y SAJONES.

Estos pueblos, aprovechando que las guarniciones del sur de Britania habían sido abandonadas, se dirigen y asientan en la isla. Su hogar original pudo estar en Dinamarca.

En las segundas oleadas llegan a occidente otros pueblos.

FRANCOS. 

El pueblo franco se dividía en francos salios y francos ripuarios. Los salios procedían de Salland (Países Bajos) y los ripuarios estaban asentados más al este, grosso modo, entre la ciudad de Colonia y el mar del Norte. La rama que va a triunfar será la de los francos salios. 

OSTROGODOS. 

Pertenecían a la gran familia de los godos, primos hermanos de los visigodos. En torno al 490, los ostrogodos están instalados en el Norte de Italia, situando su capital en Rávena. 

LOMBARDOS. 

Llegan a Occidente de la mano de las tropas de Justiniano, actuando como tropas auxiliares de Bizancio. Los bizantinos intentaban recuperar la parte occidental del imperio, y en ese contexto conseguirán destruir el Reino Vándalo del Norte de África. 




Durante esos años de reconquista, los lombardos actuaban como tropas auxiliares, hasta que consiguen independizarse de los bizantinos. Una vez liberados de la tutela bizantina, se instalan en Italia, básicamente en la región actual de Lombardía, provocando a su vez, la desaparición de los ostrogodos. 

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