lunes, 1 de septiembre de 2014

EGIPTO EN EL MUSEO DE HISTORIA DEL ARTE DE VIENA.



Viena es una ciudad de arte y cultura. Muchos de los visitantes aprovechan para acercarse a alguno de sus museos. Y sin lugar a dudas cuando hablamos de arte, Egipto ocupa un lugar de privilegio. El Museo de Historia del Arte cuenta con una preciosa colección de antiguedades egipcias que hará las delicias de sus visitantes.  



Sacmet nos da la bienvenida.


Columnas papiriformes sostienen las cubiertas de las salas del museo, que sumergen al hombre actual en la magia del antiguo Egipto. 


Máscara de momia de la época Ptolemaica. 


Sarcófagos para momias. 


Mirada desde el más allá. Mirada desde el lejano pasado de exóticas tierras. Desde que el incansable viajero Heródoto recorrió Egipto, el país del Nilo ha espoleado el imaginario de Occidente. 


La rica y variada fauna avícola del Nilo era objeto de caza y también de veneración. 



Momia de Penbes adornada con una red de cuentas engastadas que conforman diversos motivos y dibujos.



Ushebtis, los que responden, eran los servidores para el más allá. Se elaboraban en piedra, madera, fayenza y lapislázuli. 


Ushebti de Sen - nedjem, de la dinastía XIX. Las fórmulas de los Textos de los Sarcófagos y los versos del Libro de los Muertos, inscritos en las figurillas, obraban el milagro. El ushebti volvía a la vida y presto se ponía al servicio del difunto.


Estela de Mer-bast-it. 


Estatuilla de un dios con cabeza de buitre. En ambos hombres, aparece en rojo, el disco solar. 


Estela funeraria del sacerdote Hahat de la dinastía XXVI. 


Orfebrería de alta calidad. Brazalete, pectoral y corona para realzar la belleza de una poderosa dama. 


Hipopótamo de fayenza. Estas esculturas fueron muy habituales en el país del Nilo. 


Venda preparada para momificar al difunto. La cultura egipcia, al menos en gran parte, giraba en torno a la preparación para la muerte. 


Amuleto fálico de Osiris. 


Isis alada en su función de deidad protectora. 


El babuino es otro de los animales típicos del Egipto faraónico.


Cabeza de carnero que representa la gran dios Amón. Dinastía XIX/XX.


Diosa Isis con Horus niño en su faceta de Diosa Madre. Parece claro donde debemos buscar el origen de las representaciones de la Virgen María y el niño Jesús. 


Cabeza del buey Apis con el disco solar colocado entre los cuernos. 


Tot, el dios de los escribas, en su forma de elegante Ibis, habitante de las fértiles orillas del Nilo. Los ibis eran venerados por los egipcios, incluso momificados, por eso muchas veces se fabricaban esculturas votivas como esta. Plata, madera, yeso y vidrio son los materiales que dan forma a este precioso ejemplar. 


Sandalias confeccionadas con juncos. Varias capas de juncos se superponían y se cosían unas a otras. 


Utillaje variado, confeccionado y utilizado por los propios campesinos. 


Collar de cuentas.


Espejo de la Baja Época.



Collares, pulseras, ungüentarios, anillos, pendientes y otros objetos de tocador. 


Anillos de lapislázuli.


Estatua de Kai-pu- Ptah y su esposa Ipep. 


Escultura de Ba - baef. 



Cabeza de una estatua de Ba-baef, un alto funcionario de la corte de un rey de la Dinastía V. Esta posición le permitía tener una serie de estatuas a su disposición. 


Estatua de Snefru nefer, un importante y opulento cortesano, cantante, compositor y jefe de mantenimiento de palacio, durante (posiblemente) la Dinastía V. 


Cabeza de la esfinge del faraón Sesostris III.


Estela de Haya. En el registro superior el dios Osiris entronizado con flagelo en la mano es cortejado por Isis y Horus.


Estela de Amen- mose. El dios momificado Osiris sentado en el trono, domina el centro alto de la paleta, y delante de él una mesa de ofrendas con panes, carnes y frutas.


Estatua de Imhotep sedente sujetando un papiro con ambas manos. 


Cabeza colosal de una estatua regia. Sus facciones son típicas de la época ptolemaica. 


Busto de un ¿joven rey?.


Elefante de época ptolemaica. 


León mordiendo a su presa.


Estatua cubo de Nimlot. Nimlot fue hijo de Sheshonq I, el fundador de la dinastía XXII.



Estela de Amenhotep II. Originaria de Elefantina, narra las victorias del faraón en Siria y las dedicatorias, de botín y prisioneros de guerra, al templo de Khnum en Elefantina. El propio Amenhotep aparece representado en compañía de algunos disos como Amón, Anubis....



Busto de mujer, posiblemente una joven princesa. El estilo sugiere que esta escultura podemos datarla durante el reinado de Tutmosis III. 






Estatuas de la diosa Sacmet, la terrible leona guerrera. Una de ellas sostiene en una mano la llave de la vida o Ankh. 



Parte superior de una escultura idealizada del rey Tutmosis III. La identificación se hace por comparación con otras estatuas de dicho rey.



Babuino con un rey ¿Amenofis II (o Amenhotep II)?. Dinastía XVIII. 



Hermoso torso femenino de época ptolemaica. Posiblemente una mujer de la familia real. 




Sarcófago del sacerdote Pa-nehem-Isis. Notable ejemplo de la época ptolemaica, con un gran rostro e imágenes y textos cubriendo toda la superficie basáltica. 



Grupo escultórico del dios Horus y el rey Horemheb. 



Estatua de un dios semidesconocido, Imi Khent Wer, según una inscripción de la propia estatua. 



Triada de Meri-Ptah, Kafi y Sa-Isis.



Escultura de Sebek-em-saf, el heraldo de Tebas, un personaje que no pertenece a la realeza. El mandil anudado bajo el pecho es el vestido típico de los altos funcionarios. 



Estela de Senbef e Ipta. Un gran signo ankh encuadrado en una ventana rectangular domina la estela. A ambos lados de la ventana dos momias masculinas. Los textos hacen referencia a la calle procesional de los misterios de Osiris, lo que indica la procedencia; Abydos.



Pataikos. Amuleto de fayenza con forma de enano desnudo.


Escultura de portaestandarte del Imperio Nuevo.

HIPOPOTAMO DE FAYENZA.



El Hipopótamo uno de los habitantes más malhumorados del río Nilo, era además un peligroso vecino para campesinos y pescadores egipcios. Durante los primeros tiempos un consumado destructor de cosechas, por tanto, un complicado rival para el hombre. Poco a poco la presión humana fue desplazando al paquidermo a regiones menos pobladas. Faraón, garante de la paz y del bienestar de su pueblo era gran aficionado a la caza. Y la caza del hipopótamo simbolizaba la victoria del faraón sobre el Caos.



A partir del Imperio Medio comienzan a aparecer en las tumbas pequeños hipopótamos de fayenza, como este precioso ejemplar expuesto en Viena, con la cabeza ligeramente girada hacia un lado, de unos once centímetros de alto.  

KAI-PU-PTAH Y SU ESPOSA IPEP.



Para los egipcios, quizás mas que para cualquier otra cultura del mundo antiguo, el matrimonio era algo muy importante y especial, según se desprende del importante número de esculturas que nos legaron. Un ejemplo de ello es el grupo escultórico de Kai-pu-Ptah y su esposa Ipep, de la Dinastía V y hallado en la Necrópolis de Gizeh. Kai-pu-Ptah, de piel morena, más alto que su mujer, de piel amarillenta. Rostros de mentón y mejillas redondeadas. Ojos hundidos, narices pequeñas y labios carnosos.

HOREMHEB Y HORUS.



Los faraones fueron auténticos dioses en la Tierra. Los reyes de Egipto siempre buscaron la identificación con algún dios. Horemheb, militar advenedizo que se hizo con el trono después de la turbulenta época de Amarna, comparte la eternidad junto al dios halcón Horus. Ambos, el dios y el hombre, gobiernan Egipto desde el mismo trono. Viéndolos juntos, uno no puede dejar de preguntarse de qué temas hablaban el halcón y el guerrero; ¿la vida, la guerra, el estado, la muerte...?



La piedra caliza da soporte a una obra en que Horemheb está sentado a la derecha de Horus, que rodea con su brazo derecho la cintura del mortal. La mano izquierda del dios sujeta la llave de la vida. Rey y Dios aparecen con el pecho desnudo, la falda corta y la doble corona del Alto y del Bajo Egipto. El realismo de los detalles anatómicos son una continuación del arte amarniense de la corte del Faraón Hereje Akenatón.


BABUINO CON REY EGIPCIO.



El babuino, personificación de dios Tot, de pie sobre sus patas traseras, se muestra colosal, en comparación con la figura humana, que parece proteger. En la religión egipcia el babuino con las patas levantadas representa la adoración al Sol naciente. Este simbolismo es fruto de la observación. Los grupos de babuinos abandonan el lugar de descanso al amanecer entre gritos, ruidos y gestos agitados. El babuino erguido ofrece su sombra, y protección, al rey. Los conservadores del Museo de Historia del Arte de Viena consideran la posibilidad de que se trate de Amenofis II (o Amenhotep II) y datan la escultura entre 1454 y 1419 a.C. 


El granito rosa es el soporte vital de esta escultura. La cabeza del rey está cubierta por el Nemes, el torso aparece desnudo y de cintura para abajo viste un faldín. La figura regia adquiere la postura ritual conocida como "alabar al dios cuatro veces". El origen de la estatua pudo ser un santuario solar. Las estatuas de babuinos solares también se relacionan con los obeliscos, ya que el obelisco forma parte de la imaginería solar. El sentido de esta obra es la metáfora del saludo egipcio al Sol de la mañana, el Sol regenerador y eterno.  

NIMLOT I



Nimlot I, príncipe de Egipto, hijo del faraón Sheshonq I, el fundador de la Dinastía XXII de origen libio, y de la reina Pentreshmes. El faraón le concedió el título de Rey de Heracleópolis y el mando del ejército, con la finalidad de controlar el Egipto Medio.

En el Museo de Historia del Arte de Viena se expone esta estatua cubo del príncipe, en una actitud contemplativa, realizada en basalto. El príncipe Nimlot parece estar ensimismado en sus pensamientos. Las cuatro caras del cubo están completamente cubiertas de textos y representaciones de dioses (en la parte delantera Amón).

Originariamente la estatua fue colocada en el templo de Heliópolis y las oraciones inscritas hacen pensar que el propio Nimlot participó en su redacción. Por otro lado, la actitud y el compromiso religioso, quedan materilizada en las ofrendas de toros para el dios de su ciudad, Herishef, al que anualmente se le ofrecían sesenta toros.


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