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sábado, 13 de julio de 2019

MUIÑOS DEL RÍO BAROSA.




Naturaleza domeñada por el hombre, un maravilloso lugar para refrescar los pies y reposar el alma.


Este precioso enclave humanizado forma parte de un Parque Natural en el que podemos ver hasta diecisiete muiños (molinos).



En el hostal de Pontevedra nos dieron la clave para encontrar este idílico enclave. Sin la información recibida habríamos pasado de largo. Otra prueba más, de lo importante que es saber escuchar.


Una parada fundamental en nuestro Camino Portugués a Santiago.


A veces (casi siempre) es necesario (y obligatorio) apartarse del camino señalado.


Sintiendo el camino en cada poro de piel, ser todo en cada momento.


sábado, 15 de junio de 2019

SANTA MARÍA DE CALDAS.




Cerca de Caldas del Rei, a las afueras según se viene desde Portugal, se yergue una iglesia románica construída en el siglo XII (quizás sobre otra anterior), Santa Mariña. Cerrada a cal y canto, no obstante, pudimos disfrutar del Agnus Dei, que nos recibe desde el tímpano.




Esta antigua edificación fue levantada a los pies de la calzada romana que unía la antigua Duos Pontes, es decir Pontevedra, con Aquies Celenis, Calda de Rei. Ambas localidades figuran como mansiones en el itinerario de Antonino (siglo III). Este mismo camino fue retomado a partir de la Edad Media por los peregrinos que dirigían sus pasos hacia Santiago de Compostela.



martes, 4 de junio de 2019

SAN AMARO DE PORTELA.




Primera parada casi a mitad de la etapa jacobea que discurre entre Pontevedra y Caldas de Rei. San Amaro es un lugar (no se bien como denominarlo) situado en la Parroquia de Portela en el Concello de Barro en Pontevedra.



sábado, 1 de junio de 2019

RUINAS DE SANTO DOMINGO EN PONTEVEDRA.




Una cabecera con cinco ábsides del siglo XIV se mantiene en pie contra viento y marea en el centro de Pontevedra. Precioso ejemplo del gótico gallego. Lo que hoy podemos disfrutar es lo único que sobrevivió del complejo conventual.


Fue la mayor construcción de los hermanos dominicos en Galicia.


En el siglo XIX su estado de ruina era total y se salvó de la demolición final gracias a la acción de la Sociedad Arqueológica. Actualmente es una de las sedes del museo arqueológico de Pontevedra.


Paseando entre estos viejos muros la imaginación vuela y nos transporta a la Edad Media. En el espacio expositivo podemos ver algunas esculturas, sepulcros, laudas gremiales y labras heráldicas.


Escudo de Tristán de Montenegro, procedente de la Casa y Torre de los Montenegro en el campillo de Santa María (Pontevedra).


Un sepulcro perteneciente a la poderosa familia Soutomaior.


Escudo del Arzobispo de Santiago de Compostela Rafael Muzquiz de Aldunate Latorre.


Otro de los iconos de Pontevedra son las ruinas del convento de Santo Domingo, convertidas hoy en Museo Arqueológico. La epigrafía romana, los restos prehistóricos y medievales hallados en la ciudad y en toda la provincia han hallado acomodo dentro de las semiderruidas capillas góticas en las que aún yacen en sus sepulturas los Sotomayor, los Montenegro y otros maganates de la primera nobleza pontevedresa. De noche, la iluminación da al lugar un arie de misterio, produciendo un escalofrío de belleza y emoción histórica.
Viaje al Corazón de España.
Fernando García de Cortázar.


Y las piedras seguirán ahí, de píe, cuando nos hayamos ido.



sábado, 25 de mayo de 2019

IGREXA DE SANTA MARÍA DE ALBA




Una iglesia levantada según los cánones del románico pero una modificación cambio su fisonomía para siempre en el siglo XVII. Precioso conjunto eclesiástico rural con el camposanto adosado al templo.


La Iglesia de Santa María de Alba fue construida en el año 1595 sobre los restos de un santuario anterior que había sido consagrado por el arzobispo Diego Xelmírez. La dirección de las obras correspondió al maestro Mateo López que intervino en la construcción de Santa María la Mayor en Pontevedra y participó también en las reformas del Monasterio de San Martín Pinario en Santiago de Compostela.



lunes, 20 de mayo de 2019

DE PONTEVEDRA A CALDAS DE REI. CAMINO A SANTIAGO.




Una etapa preciosa, menos llana de lo que se cuenta, lleva a los peregrinos xacobeos desde Pontevedra hasta Caldas de Rei, una ciudad balneario, ideal para descansar tras una larga caminata.



 Un puente de base romana que cruza el río Lérez sirve para abandonar el casco viejo pontevedrés. La oscuridad y la neblina matutina lo envuelven todo.




Un antiguo pazo monumental invadido por la vegetación ubicado en la parroquia de Alba a pocos kilómetros de la capital. La naturaleza recupera lo que siempre fue suyo, lo que nunca debió perder. El ser humano desaparecerá, y como recuerdo quedarán las piedras que colocó conformando extrañas formas.






Para ver mundo nada mejor que caminarlo. 


Viñedos por todos lados. Los que hoy dan sombra, mañana serán vino. Sin duda alguna una tierra fecunda en buenos caldos.



Cruceiros solitarios, antaño vigilaban las encrucijadas. 



Un lugar idílico para descansar, y por momentos, perderse del mundo, los muiños del río Barosa. Naturaleza domeñada por las sociedades humanas, no pierde su belleza.



Tibo. El final de un precioso camino. Se alza un cruceiro de 1654 y al lado una refrescante fuente de cuatro bocas construida en 1880. Entramos de lleno en el mundo rural y tradicional gallego, recuerdos vivos de otro tiempo, de otras formas de vida que se resisten a perecer en el olvido.




viernes, 17 de mayo de 2019

PONTEVEDRA.



Una pequeña y hermosa ciudad de casas blasonadas, iglesias, soportales y plazas, Pontevedra posee un casco histórico pequeño, concentrado y muy bien conservado. Un más que interesante patrimonio histórico-artístico.



Cuentan las leyendas que Teucro, uno de aquellos valerosos héroes que combatieron en el épico asedio de Troya, llegó hasta estas tierras guiado por una sirena llamada Leucoiña. Y en estos lares fundó una ciudad para el futuro, Pontevedra.



La historia, siempre más prosaica, admite, no sin debates, que la ciudad fue fundada por los también conquistadores, romanos. Quizá por eso, su nombre, Ponte Vetera – entiéndase Puente Viejo – procede de la lengua latina.



La situación estratégica de Pontevedra, junto al mar y al borde de una vía romana, la XIX, la convierten en una ciudad de paso obligado, un punto clave en el Camino Portugués a Santiago, y la capital urbana de las Rías Baixas.



El llamado Ponte Vetera - o puente o burgo - cruza el río Lérez, la arteria vital pontevedresa.



Esa peculiaridad de ciudad de paso ha desarrollado un espíritu hospitalero que lo impregna todo. Pontevedra da de beber a quién pasa es un dicho que expresa claramente la hospitalidad con la que los vecinos de la ciudad reciben al que llega.

Pontevedra no suele estar en los planes de quienes viajan a las Rías Bajas. Pero debería. Pequeña y soñadora, situada tierra adentro, en la cabeza de una ría con verdes colinas al fondo, la vieja Pontis Veris o Duos Pontes del Itinerario Antonino luce un balsámico look medieval preservado de los horrores urbanísticos que han asolado otras capitales de provincia de España, con callejuelas de puro granito, jardincillos de camelias y plazas encantadoras donde antaño se vendía leña o verdura y hoy se sirven platos de alta cocina.
Viaje al Corazón de España.
Fernando García de Cortázar.

El gremio de los mareantes consiguió prestigio, poder y riqueza, transformándose en un dinámico patriciado urbano durante el paso del Medievo a la Edad Moderna.



Su época de esplendor, y de ello son recuerdos los edificios que forman su casco viejo, se desarrolló en los siglos XV y XVI gracias al puerto y a la lucrativa pesca de la sardina. Por estos tiempos llegó a convertirse en la mayor población gallega. En el siglo XIX – 1833 – fue declarada capital de provincia. Ya en el siglo XX vive a la sombra industrial de Vigo.




El caso viejo pontevedrés guarda un variado patrimonio arquitectónico, organizado a partir de sus numerosas plazas (de las Cinco Calles, A Ferrería, de la Leña y de la Verdura), sus soportales y sus vetustos callejones. Entre los edificios religiosos destacan la Peregrina, el convento de San Francisco, las ruinas de Santo Domingo y la basílica de Santa María la Grande.




Las callejuelas que rodean la basílica formaban parte de la antigua judería pontevedresa. La Virgen de la O, patrona de la ciudad y protectora de los buenos partos se custodia en esta iglesia jesuita del siglo XVIII. La plaza de la Verdura antiguamente conocida como Feira Vella por el mercado que en ella se celebraba. Durante años, todas las mañanas se vendían aquí frutas, verduras y hortalizas.





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