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sábado, 9 de noviembre de 2019

CASTRO DE CABO BLANCO.




En la Edad el Hierro los habitantes del Norte de la Península Ibérica construían sus poblados a orillas del mar. Veinticinco siglos después, aún quedan los restos de aquellas construcciones. Caminando hacia Tapia de Casariego, pasamos cerca de los restos de Castro de Cabo Blanco.


Las estructuras arquitectónicas son prácticamente invisibles para el ojo no experto, pero el yacimiento se encuentra en proceso de excavación. Habitado durante los siglos I y II d.C. con indicios de ocupación prerromana.



El bravío cantábrico también disfruta de momentos de sosiego.

lunes, 6 de abril de 2015

VERRACOS LUSITANOS.



Verracos (cerdos o jabalíes), custodios de los castros lusitanos, como los leones en el mundo griego (e ibérico) o los toros aliados asirios. 


El Museo Arqueológico Nacional de Portugal, situado en el barrio de Belem, expone cuatro ejemplares de verracos, tallados en granito, procedentes del paraje conocido como "Olival dos Berroes", un kilómetro al sur del castro de Castelo de Cabeça Boa, cerca de la localidad de Cabanas de Baixo. Todos ellos están datados entre los siglos I y II d.C. 


¿Se trata de jabalíes protectores?. Al igual que los grifos y esfinges, leones y toros alados, estos verracos pudieron cumplir una función protectora de puertas y caminos durante la Edad del Hierro. Su construcción se prolongó hasta época romana. 


Esa cola enrollada pertenece sin duda alguna a un cerdo. 


Menos estilizados y elegantes que los felinos, más pequeños y menos fornidos que los bóvidos, pero más duros, obstinados y resistentes. Sin tanto glamour pero mucho más eficaces y disuasorios en su cometido. 


Tosca escultura labrada en piedra, ¿qué secretos guarda tu figura?.


¿Pudo el espíritu del animal quedar atrapado en esta estatua zoomorfa?. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

MOUROS



Los mouros y mouras gallegas, nada le deben a Mahoma y nada tienen que ver con el Magreb. Viven bajo los milenarios muros de un castro, detrás de una roca esculpida por la Naturaleza o se esconden debajo de los túmulos que ellos mismos construyeron. Son buenos y también malos, pueden hacer a un aldeano rico de por vida o encantarlo, o arruinarlo para siempre. Viven en estas tierras desde el origen del mundo.


Los mouros custodian peñas, túmulos, castros y castillos. Poderosos y fuertes son constructores y guerreros que han expulsado de estas tierras a cualquier tribu que pretendió invadirlas. Y escurriéndose entre las grietas de la piedra han hecho desaparecer a más de una doncella.  

martes, 25 de marzo de 2014

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA CULTURA CASTREÑA



Lo primero que llama la atención es la acusada personalidad de esta cultura castreña. Los estudios hasta principios del siglo XX identificaban el hábitat de la II Edad del hierro en la zona noroeste con poblaciones celtas.

La característica que unifica (culturalmente) a todas estas poblaciones de la Segunda Edad del Hierro es su patrón de asentamiento en torno a poblados fortificados, situados en altura, que reciben el nombre de castros o citanias (en portugués), en las cuales las viviendas suelen ser de planta circular.

Ni espacial, ni temporalmente, todo esto se circunscribe exclusivamente al noroeste. El ámbito geográfico de desarrollo de la Cultura Castreña es muy preciso. Un núcleo central, el entorno de Galicia, Occidente de Asturias y Norte de Portugal, y una zona de expansión hacia la Meseta. El río Duero sirve de frontera, o límite meridional de este mundo castreño. 

LAS ÉTNIAS.
Si para el mundo ibérico es difícil, y para la Celtiberia complicado, el estudio de las etnias del norte es un auténtico galimatías de cuasi imposible solución. Esto es debido fundamentalmente a que se trata de la última zona en ser romanizada y ser la más alejada de los centros de poder. Por estos motivos, en las fuentes literarias nos topamos con una mayor imprecisión para situar geográficamente a estas poblaciones e identificarlas nominalmente. 

Simplificando, y a grandes rasgos, podemos nombrar a los tres grandes grupos poblacionales como galaicos, astures y cántabros. Formando parte de estos grupos aparecen un sinnúmero de etnias muy difíciles de identificar. 


CRONOLOGÍA.
Para el mundo castreño contamos con dos periodizaciones. Maluquer establece cuatro periodos;
Castreño I
Castreño II
Castreño III
Castreño IV

En época más reciente esta cronología se ha revisado y se ha establecido una nueva, y más aceptada, dividida en tres periodos:
Castreño I o Castreño Antiguo. Siglos VII - V a.C.
Castreño II o Castreño Clásico. Siglos IV - III - II a.C.
Castreño III o Castreño Tardío. Hasta el siglo II d.C.

ARQUITECTURA Y URBANISMO.
Emplazamiento; los castros se ubican en zonas de difícil defensa. Puede ser en altura, en un cerro, en llano, en un área rodeada por extensas llanuras, pueden estar fortificados, o no, y utilizan diferentes paramentos defensivos: torres, murallas, o fosos. Además distinguimos entre castros interiores y castros costeros. cuya característica más destacable es su especialización económica. 


En el interior de los castros constatamos la existencia de viviendas de plata circular u ovalada. Hasta época romana no aparecen casas de planta angular. No obstante, las casas de planta circular no desaparecen con la llegada de los romanos. Las casas tienen una única puerta y es habitual que presenten un porche de acceso.

Normalmente las casas se construyen con zócalo de piedra y con alzado en tapial (muro de barro). La cubierta de las estructuras suele ser en materia vegetal, al menos en época prerromana. Los pavimentos de las habitaciones van a ser de piedra apisonada y de manera puntual se enlazan los interiores de las viviendas. Propios de estas viviendas castreñas son los bancos cosidos. 

Los aparejos suelen ser de carácter poligonal. El otro tipo de aparejo característico es el ciclópeo, propio de las estructuras defensivas. 

Los paramentos defensivos suelen ser fosos, terraplenes, parapetos o murallas con torres. El terraplén es una estructura de tierra levantada en el suelo. El parapeto es una antemuro de pequeñas dimensiones. Campos frisios son terrenos con estacas o piedras clavadas. Son muy habituales en el mundo castreño, colocándose delante del muro del foso para obstaculizar el paso de la caballería.

Lo único que podemos decir con total seguridad es que un castro es un lugar de habitación suprafamiliar, algunos de reducidas dimensiones para 40 ò 50 personas, mientras que otros alcanzan las 200 personas, estaríamos hablando de poblados de grandes dimensiones. 


No existe un patrón de poblamiento estándar en el caso de los castros. El único elemento característico de los castros son los monumentos con hornos. Reciben ese nombre por su relación con las aguas. En el interior de estos monumentos existen una o varias estructuras cuadrangulares llenas de agua. Se le atribuye una función de carácter termal. Y poseen horno, porque ahí se produce una combustión y se creman los cadáveres, teniendo, de esta manera, un cometido ritual y funerario. En la actualidad se interpretan como santuarios de carácter salutrífero vinculado a las aguas. 

Se advierte una clara evolución histórica en la problemática del mundo castreño. En los castros prerromanos no hay obras de ingeniería (aterrazamientos, calles, sistemas de drenaje). Las casas angulares también serán introducidas en los castros a partir de época romana. 

Los habitantes de los castros practican el rito funerario de la cremación y no hay constancia de la existencia de unas estructuras funerarias de carácter monumental.

Las poblaciones castreñas son agricultoras, ganaderas y están volcadas a la explotación de recursos marinos y metalogenéticos.


"Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen tambien hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro:

de todo sacrificar cien.
Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos. 

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos <...> y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Este, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos"."
Estrabón III, 3.7

Texto redactado a partir de las clases del profesor
de la Universidad de Cádiz Darío Bernal Casasola

martes, 11 de junio de 2013

CITANIA DE BRITEIROS



En lo alto del Monte Sao Romao,  nos escpera una citania, restos de una ciudad celta, típico asentamiento de esta zona, cuadrante noroccidental de la Península Ibérica. 



Una gris y lluviosa mañana de primavera, con el Sol escondido tras las nubes, puro tiempo galaico, nos desplazamos con ánimo e ilusión a la montaña en busca de un antiguo asentamiento de la Edad del Hierro . Lo que encontramos no nos decepcionó. 




Situado en la Route N309 en el Monte San Romao, en la feligresía de Salvador de Briteiros, un municipio de Guimaraes. A pesar de lo que había leído en algunas páginas webs y foros, fue muy sencillo llegar al castro. La carretera era bastante buena para ser de montaña y la dirección a la citania estaba muy señalizada. Una vez se llega a Salvador de Briteiro únicamente hay que seguir las indicaciones.


Desde donde dejamos el coche hasta la entrada al yacimiento unos cinco minutos de cómoda subida.



La Citania de Briteiros es un enclave característico de la Cultura Castreña del Noroeste, que poco tiene que ver con los Castros de la Meseta. 




La Cultura Castreña, extendida propiamente por Galicia, y algunas zonas de norte de Portugal y Asturias ofrece una personalidad propia, que se diferencia de las áreas meseteñas y de otras regiones de la Cornisa Cantábrica. 


Simbiósis perfecta de elementos indígenas que aportaciones traídas por los celtas de más allá de los Pirineos. De todas formas sigue sin quedar muy claro cuanto peso tuvieron estos celtas en la configuración de la Cultura Castreña del Noroeste. 



A pesar del sustrato precelta, que arranca en el Bronce, las influencias celtas durante la Edad del Hiero, no debemos olvidar, que los momentos claves de la cultura castreña coinciden con el momento en que los romanos comienzan a intervenir en el Noroeste. 



"Conocemos como cultura castreña un conjunto de manifestaciones y actividades ocurridas en un tipo de yacimiento muy característico, situado en un ámbito geográfico muy concreto a lo largo de un período temporal determinado"
Fernando Acuña Castroviejo


Lo que distingue, y en cierto modo, también define a los castros del Noroeste, de los meseteños, es el aspecto externo, la disposición y estructura interna del poblado. 



Sera a partir del contacto con Roma cuando los castros comiencen a experimentar importantes transformaciones, como las referentes a la organización y distribución de los espacios.


Muela. La abundancia de piezas como estas demuestran la importancia que tenía el grano para estos pueblos, lejos de esos tópicos que estaban mal alimentados. 


Piedra para moler el grano.


Una de las cosas que más me llamó la atención es la calle principal, que articula prácticamente todo el castro, y con la facilidad que se podía acceder a este camino desde casi cualquier lugar. . . por no hablar del excelente estado de conservación.



La rua principal se extiende del sudoeste al nordeste, se cruza con otra calle importante, y desde ella nacen diversas rutas secundarias, que delimitan pequeños barrios. 


Zona residencial de la parte más baja del castro, con viviendas situadas a ambos lados de la vía principal.




En las plataformas de las laderas orientales aparecen dos bloques de viviendas. 



Las viviendas de planta cuadrangular son más numerosas en los núcleos inferiores del castro. 


Una habitación con vistas. A medida que vamos ascendiendo aumentan las viviendas de planta circular. 


Algunas vivienda contaban con una especie de porche o vestíbulo, para paliar sus reducidas dimensiones.



El otro eje fundamental, se cruza con la rua principal y atraviesa la acrópolis. Ambos senderos forman como una gran "T" mediante la que organizan todo el espacio en el interior de los muros. 



La piedra cuenta el paso del tiempo, guarda mil historias, únicamente hay que permanecer en silencio y oírlas.


Los muros de arranque de las viviendas se encuentran en un perfecto estado de conservación. Un lugar ideal para visualizar como es un castro celta.



Una de las líneas de murallas vista desde el exterior. Muralla de la plataforma superior. La acrópolis estaba protegida por una muralla de cerca de un metro de grossor, tanto en su interior como en su exterior, formada por aparejo ciclópeo, asentado en ocasiones sobre afloramientos graníticos. Constituiría la principal línea defensiva del asentamiento. 



En total existen tres líneas de murallas, con una media de dos metros de anchura y cinco de altura, ¿guerras endémicas en la zona? ¿símbolos de poder y prestigio? 


Una de las puertas de la citania. Vista desde el interior.


Irregularidad del terreno.


Típica cubierta vegetal perfectamente adaptada al abundante y constante caudal de lluvias. 



La capacidad adaptativa del ser humano no conoce límites, al igual que la vegetación, el lobo o el conejo, se adapta a cualquier tipo de medio ambiente. En este caso puebla la ladera de una húmeda montaña. Incluso parece cómodo el pasear por estas calles. 


Viviendas de planta cuadrangular, más tardías que las circulares y ¿de posible influencia romana?.



La influencia romana se hace patente a partir del siglo I a.C., recordamos que fue durante el principado de Augusto, cuando se inicia la conquista de la zona, y se manifiesta en inscripciones latinas, monedas, cerámica importada y plantas cuadrangulares de las viviendas. 



La esencia indígena queda patente en la disposición topográfica de los lugares de habitación . . . 



. . . y de la planta circular de las viviendas. 


Disposición en pisos o terrazas, aprovechando el pronunciado desnivel del terreno.




Zona más alta del poblado, desde la que se desciende hacia un espacio abierto, una especie de plaza o foro en el corazón de la acrópolis. 



Núcleos residenciales de la acrópolis. Formados por viviendas de grandes dimensiones y varias habitaciones. 



En el extremo nordeste del poblado, formado por diversas unidades de habitación, se sitúa la acrópolis. Cada una de las construcciones cuenta con un número indeterminado de estancias. Este aspecto del urbanismo, habla a las claras del carácter dinámico de estos castros, y confirma la hipótesis de que cada una de estas unidades pertenecía a una familia extensa, cuyo número y composición variaban debido a numerosos factores, como la natalidad, la muerte o los casamientos. 



Reconstrucciones de viviendas, situadas en la parte más elevada del castro, llevadas a cabo por Sarmento. 



Mujeres y hombres iban juntos a la guerra, defendían juntos su hogar y prefirieron morir unidos, antes que perder su libertad. ¿Pudo existir un matriarcado entre estas gentes? Quizás nunca lo sepamos con certeza. 



Piedra y ramas. Parece acogedora. Especialmente cuando la lluvia te cala hasta los huesos. 


Las viviendas se iban disponiendo desde la zona más elevada de la citania, hasta las más bajas, descendiendo montaña abajo.



Cuando el ser humano convivía con la Naturaleza, y la trataba con humildad y agradecimiento. 



Como un nervio recorre toda la ciudad, otorgando vitalidad y dinamismo al asentamiento.


Y al final, como en la mayoría de las ocasiones, la Cruz, termina invadiéndo (destruyendo-transformando) todo...



En la parte alta de la ciudad existe una ermita, o pequeña iglesia, cuadrangular de una sola nave, que se levantó en la Edad Media y consagrada a Sao Romao. En sus inmediaciones también aparece un cementerio cristiano. 



En Briteiros hay restos de época neolítica y del Bronce inicial. La citania fue abandonada definitivamente en el siglo III d.C. 



Los últimos estudios siguen arrojando luz sobre la función administrativa de Citania de Briteiros. Se le atribuye el papel de capital política de los Callaeci Braccari en el inicio del siglo I d.C. Quizás los restos de otros castros que se encuentran en la zona, muestren el carácter articulador del territorio de esta citania. 




Se hace imposible no quedar impresionado cuando se visita un lugar así. Construcciones primitivas, toscas en ocasiones, que se confunden con el medio, sin poder vislumbrar donde termina la piedra y donde comienza el sillar, en que lugar la naturaleza se tornó humanizada. Asentamientos que guardan la esencia de un pasado no tan lejano y donde recordar que al fin y al cabo, siempre formaremos parte, queramos o no, y al margen de religiones o ciencias, de un maravilloso mundo natural viviente.



...el montaraz galaico moraba en estas montañas lluviosas, habitaba en casas de piedra, bebía agua de lluvia, salía a cazar, tenía un par de cabras (con suerte) y recolectaba bellotas, con las que tras la molienda, hacía un pan de extraño (para nosotros) sabor y durante los meses más duros constituía su único alimento . . . el escaso cereal del que disponía, lo destinaba a la fermentación de una especie de cerveza, el bárbaro sacia su sed con cerveza, el romano decadente engorda su opulencia con el fruto de la vid...




Monumento en Guimaraes a Martins Sarmento el insigne arqueólogo que inició la excavación de este castro.



Francisco Martins Sarmento, además de notable arqueólogo fue escritor. Su legado, la puesta en valor de este impresionante castro o como escriben nuestros vecinos citania. Su hallazgo se produjo en 1875 y fue el propio Sarmento quién dirigió las primeras campañas de excavaciones. 




Por momentos las fuerzas de la naturaleza parecen conjugarse para recuperar lo que es suyo, lo que le pertenece, y pretende hacer desaparecer, borrar de nuestra vista los restos de la presencia humana.




Volviendo a los orígenes. . . mis compis de facultad siempre pensaron que tenía algo de bárbaro, antisocial e incivilizado . . . su razones tendrían.



Recorriendo todos los caminos posibles.


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