Gala Placidia fue hija, hermana y madre de emperadores. En una época complicada su determinación y conocimiento del mundo mediterráneo la convirtieron en un auténtico poder en la sombra, gobernando con firmeza desde Rávena en nombre de su hijo durante trece años. Gala desempeñó un papel clave en el desarrollo de Rávena, su huella en la historia de la ciudad es imborrable.
El contexto histórico y los propios avatares de la vida, llevaron a Gala Placidia a conocer con profundidad los resortes del poder y los aspectos culturales de los pueblos que lo ostentaron. Su vida es realmente novelesca. El emperador Teodosio fue el padre de Gala Placidia. Hermanastra por tanto de Arcadio y de Honorio. Nació en Constantinolpla, vivió en Milán cuando era corte imperial, y acompañó a su hermanastro Honorio a Rávena, la nueva sede de la corte. Tomada como rehén por los godos de Alarico cuando saqueó Roma, pasó varios año yendo de acá para allá en algún carromato de los godos. Podemos suponer que la trataron bien por su condición de princesa imperial y como valiosa moneda de cambio. Contrajo matrimonio con el rey godo Ataúlfo. Cuando murió su esposo Gala seguía siendo una valiosa rehén y fue utilizada como moneda de cambio para obtener de Rávena suministros y alimentos, una ingente cantidad de cereal. De esta manera, en el 415 Gala Placidia regresaba a Rávena.
La princesa de veinticuatro años, hija de Teodosio, viuda del rey Ataúlfo, hermanastra de Arcadio y Honorio, era la segunda mujer más poderosa de la dinastía, solo superada por la emperatriz Eudocia, que reinaba en Constantinopla. Su hermano Honorio la entregó como esposa a su general favorito, Constancio. Del matrimonio nació una niña, Honoria, y un niño, Valentiniano. Viuda otra vez a la muerte de Constancio. Un conflicto con su medio hermano la obligó a huir y buscar refugio en Constantinopla. Allí conoció a la hermana mayor del emperador, Pulqueria, una mujer como ella, nacida y educada para ejercer el poder. (Interesante esta relación). Gala Placidia trabajaba para su hijo, Pulqueria para su hermano. Cuando murió Honorio, Gala Placidia vio la oportunidad de que su hijo se convirtiese en el nuevo emperador de Occidente. Convenció a la corte oriental que debían reconocerlo y Teodosio II aceptó.
Gala invistió a su hijo Valentiniano emperador, primero fue aclamado en Rávena y posteriormente presentado oficialmente ante el Senado en Roma. A finales de aquel mismo año 425, un cortejo imponente avanzó desde Rávena a Roma. Lo guiaba, de la mano de su madre, el pequeño Valentiniano que tenía entonces siete años. En el Capitolio, revistió la púrpura, se coronó con la diadema y el pueblo lo aclamó como augusto (Historia de la Edad Media. Indro Montanelli y Roberto Gervaso).
De vuelta a Rávena, la emperatriz gobernó en nombre de su hijo, un niño de seis años. Entre sus aportaciones a la belleza inmemorial de la ciudad está la construcción de algunas iglesias paleocristianas. El obispo Pedro Crisólogo fue un estrecho colaborador y consejero de la emperatriz Gala. Trabajaron junto en el engrandecimiento de la ciudad de Rávena, fue el encargado de consagrar la iglesia de San Juan Evangelista, proyectada por la emperatriz.
En la corte imperial de Rávena, la autoridad de la emperatriz fue al parecer respetada desde el principio del reinado de su hijo. La maquinaria imperial básica de principios del siglo V estaba en marcha, sostenida por los notarios imperiales, que registraban todas las decisiones del Gobierno. Los funcionarios de la corte, a menudo eunucos, sabían organizar los aspectos ceremoniales de la administración, y adaptaron y reordenaron de forma casi espontánea los anteriores roles masculinos. Lo esencial era que el puesto de emperador estuviera ocupado, de modo que el gobierno pudiera hacerse efectivo en su nombre, aun cuando lo encabezara una mujer. Cabe imaginar al joven Valentiniano sentado en el trono imperial, con su madre en otro trono a su lado, rodeados por los altos cargos de la administración y por los guardias, todos ellos de pie y cada uno en el lugar que le correspondía. (Rávena. Capial del imperio y crisol de Europa. Judith Herrin. )
Una figura típica del siglo fue la del «emperador-niño», con frecuencia demasiado joven, débil y, en general, escasamente dotado, que vivía en su palacio, separado del mundo por el ceremonial de la corte, los cortesanos y la guardia. Ladebilidad política del emperador, disimulada tras el velo de un exagerado ceremonial cortesano, provocó el surgimiento de verdaderas camarillas. Estas camarillas provocaban, naturalmente, un juego de rivalidad y complicidades cargado de conflictos, en el que intervenían fuerzas de la más diversa especie. Los palacios imperiales y los centros de gobierno se convirtieron en escenarios de constantes intrigas, cuya evolución y causas no podemos reconstruir con seguridad, pese a los muchos tópicos históricos que hemos heredado de esta época. En el centro de este mundo de intrigas se destacan con fuerza las mujeres de la casa imperial, figuras enérgicas y orgullosas, que intentaban preservar en el juego político sus intereses dinásticos (frecuentemente bajo la influencia de sus consejeros espirituales). En Oriente jugaron un papel destacado durante el mandato de Teodosio II su hermana Pulquería y su esposa Eudocia; en Occidente, y bajo Honorio y Valentiniano III , Gala Placidia, la hermana de Teodosio.(Transformaciones del mundo mediterráneo. Siglos III – VIII, Frang Georg Mayer).
En el debe de Gala Placidia cabe señalar ser una madre pésima, que no fue capaz de preparar a sus hijos para los puestos que debían ocupar. Su hija no se casó a la edad apropiada y su hijo, el emperador Valentiniano III, no era capaz de gobernar sin el apoyo de su madre. No logró prepararlos para sus funciones dinásticas. Del 425 al 438 dirigió la administración, tomo decisiones y se entregó a las tareas de gobierno. A partir del 438, cuando Valentiniano III asumió la autoridad, Gala Placidia permaneció en Rávena, emperatriz madre retirada, y durante los doce años siguientes, se dedicó a la filantropía, los asuntos religiosos y proyectos de construcción.
Educada en la corte imperial de Roma y de Rávena, y casada con un rey godo, a lo largo de su vida Gala Placidia se movió por todo el mundo romano, desde Roma hasta Constantinopla y gan parte de su vida adulta la pasó en Rávena, siendo testigo y protagonista de la profunda transformación de la ciudad. Pasear por Rávena es recordar la obra de esta fascinante mujer.





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