viernes, 18 de noviembre de 2016

OLAF I TRYGGVASON.



Este hijo de Tryggre Olafsson se vio obligado a refugiarse en Rusia, en compañía de su madre, cuando su padre fue asesinado. Su juventud la vivió como vikingo, viajando a acá para allá y dedicándose a la piratería en las aguas del Báltico y en el mar del Norte. Un verdadero rey del mar. Sus aventuras alimentaron durante décadas a los escaldos y dieron lugar a hermosas sagas.

Atacó Inglaterra en varias ocasiones en compañía de Svend Barba Partida y entre pitos y flautas, batallas y entrevistas con el rey Etelredo, Olaf acabó bautizado como cristiano. Olaf era un rey sin trono, y entonces puso los ojos en el trono de Noruega, al que tenía derecho al ser descendiente de Harald I el de Hermosa Cabellera.

En el 995, aprovechando cierto descontento, desembarcó en el país de los fiordos, expulsó al jarl Hakon y se convirtió en rey, Olaf I. Fundó Nidaros (moderna Trondheim) e hizo de esta ciudad su capital. Y además ordenó taxativamente el bautismo de todos sus súbditos.


En el año 1000, su antiguo aliado el danés Svend, en compañía de unos furiosos suecos derrotaron a Olaf en una batalla naval. Viendo que llegaba su final, Olaf saltó por la borda y desapareció bajo las aguas. Algunos relatos afirman que el valeroso rey sobrevivió y acabó sus días como monje en la cálida Siria.  
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