miércoles, 20 de julio de 2016

JABALQUINTO.



Jabalquinto, inmenso mar de olivos, oro líquido, riqueza inmemorial mediterránea, curtida al sol, cosechada, con mimo, por aceituneros de Jaén, sangre áurea de nuestra tierra andaluza .


Los campos se abren ante la mirada de un anciano que observa ensimismado el ocaso, sus pensamientos los arrastra el viento hacia un lejano pasado, momento en que comenzó a forjar una felicidad que en su madurez aún sigue disfrutando.


La tranquilidad rural andaluza, donde Cronos camina con parsimonia y los días estivales duran más de veinticuatro horas, eso que alguien en alguna ocasión - con o sin acierto - denominó Andalucía profunda, supone una vuelta a los ancestros, al campo, al lugar donde todo nace, a la inocencia hipócrita oculta tras ventanas enrejadas, un ámbito ajeno al feroz capitalismo, a las muchedumbres y al todo vale, aquí aún existen normas de conducta, aquí recuperan su verdadera importancia todas aquellas cosas, que en el archimoderno mundo urbano malvendemos por unos pocos euros, un retorno a la verdadera esencia de la sociedad humana, a la estrecha relación con el vecino y los fuertes lazos que vertebran la familia extensa . . . volver al inicio de los tiempos . .


Tras varias visitas por fin descubrí el rincón más bonito del pueblo, la Carrera, con su muro de piedra y su ermita semiderruida . . .


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