sábado, 2 de julio de 2016

KRISTINA DE NORUEGA.



La princesa Kristina fue una gélida flor del Norte, de bellos rasgos y tez blanquecina, que se marchitó bajo el sofocante calor de Sevilla. Como parte de los acuerdos firmados entre Castilla y Noruega, la infanta Kristina, hija del rey Haakon IV fue prometida en matrimonio con un hermano de Alfonso X el Sabio, que buscaba con este enlace conseguir apoyos en su carrera por convertirse en emperador. Arrancada de su hogar paterno, bajo la promesa de lujosos palacios y vistosos jardines construídos por los delicados artistas moriscos, la joven Kristina llegó a la capital hispalense en 1258 después de pasar por Valladolid donde se celebró la boda con don Felipe. Kristina nunca pudo adaptarse ni al clima, ni a las costumbres, ni a la gente, tan diferentes a lo que ella conocía, y cuatro años después de su llegada murió, según cuentan, ajada por la melancolía.  
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