martes, 8 de abril de 2014

LEYENDA DE LA TORRE DE DOÑA BLANCA EN ALBARRACÍN.



Viejos edificios medievales que guardan leyendas. Leyendas de las que nadie sabe su origen, pero que todo el mundo conoce.

La gente del lugar cuenta que sus muros dan cobijo a una desdichada y triste infante aragonesa.

Doña Blanca, joven, guapa y sencilla, era hermana del rey de Aragón. Pero !ay, la envidia¡. Su cuñada, y reina consorte, envenenada por los celos, la odiaba a muerte. Amigos, nobles y cortesanos, aconsejaron a la infanta abandonar Aragón y buscar refugio en a Corte de Castilla.

Un día, camino de Castilla, acompañada por nobles, damas, y una pequeña escolta, llegó a Alabarracín. Los vecinos de la localidad contemplaron el paso de la comitiva con gran entusiasmo. Pendones y escudos, caballeros de relucientes armaduras y damas engalanadas, recibían exclamaciones de admiración en su recorrido por las calles de la ciudad.

La infanta, invitada por los señores de la Casa de Azagra, se alojó en la torre. Y pasó un día. Y luego otro. Y otro más. Y la gente seguía espectante y pendiente, para poder contemplar nuevamente el espectacular séquito de la Infanta de Aragón.

Las hojas se volvieron ocreas, las nievas cubrieron cumbres, y poco a poco, caballeros, damas, y escuderos comenzaron a abandonar Albarracín. Mas de la infanta, nada de sabía.

Pronto comenzó el rumor. La sencilla gente del pueblo empezó a pensar que la joven había muerto de tristeza por su injusto destierro y melancolía por la vida perdida. Nunca más se supo de ella.

Con el tiempo, el torreón sería conocido como Torre de Doña Blanca.

Desde aquel entonces, las noches estivales con luna llena, justo cuando las campanas dan la bienvenida a la medianoche, una tímida sombra blanca puede verse salir de su prisión eterna, descender lentamente hacia el río y desparecer bajo sus aguas.  
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