sábado, 5 de abril de 2014

CASTELO DE SAO JORGE



Domina desde la altura la enorme boca del Tajo. Vigila la ciudad. Nos parapetamos tras sus murallas para protegernos de propios y extraños. Desde la Edad Media los castillos cumplieron función de defensa, de residencia, de símbolo del poder nobiliario y en ocasiones articuladores del territorio y centros de comercio . Paseando entre sus murallas es fácil imaginar a nobles y reyes viviendo aquí, dentro de su burbuja, totalmente ajenos a la realidad de su propio pueblo. Con cierta tristeza compruebo que en algunas cosas no hemos avanzado nada en los últimos siglos.


El Castelo de S. Jorge forma parte de la ciudadela medieval o alcazaba, junto a las ruinas del antiguo palacio real y la zona residencial para las élites de Lisboa.


La fortificación construida por los musulmanes a mediados del siglo XI, era el último reducto defensivo para el alcaide, cuyo palacio se encontraba en las inmediaciones, y las clases superiores de la ciudad. 


El 25 de octubre de 1147, Alfonso Henríquez, primer rey de Portugal, conquistó Lisboa. Desde ese momento y hasta el siglo XVI, el castelo vivió su época de mayor esplendor, como espacio cortesano. Los espacios islámicos fueron adaptados para alojar al rey, la corte, el obispo y para instalar el archivo real. Los reyes portugueses del siglo XIII los transformaron en palacio real. 


El centro de la explanada principal, un precioso balcón con vistas al océano, está dominado por una estatua de Alfonso Henríquez. Se trata de un réplica de la que se encuentra en Guimaraes. 


El castillejo es de época islámica, construido en el siglo IX en la zona de más difícil acceso de la colina, aprovechando las escarpas naturales al norte y al oeste. 


La función del castillo era alojar a la guarnición militar, y en caso de asedio, acoger a las élites que vivían en la alcazaba. Por tanto, lo que es el castillejo no tenia función residencial como ocurre en otros castillos de Europa. 


Conserva once torres, entre las que podemos citar,  la Torre del Homenaje, la Torre de Ulises, la Torre del Palacio, la Torre de la Cisterna y la Torre de San Lorenzo.


Patio de Armas.


El acceso a las torres y al adarve (también llamado camino de ronda) se hace a través de tres tramos de escaleras adosados al parapeto de la muralla.


El palacio real situado en el recinto sufrió en sus propias carnes (o piedras) los efectos del devastador terremoto de 1735.


Un camino de ronda en pendiente comunica el castillo con la Torre de San Lorenzo que domina una de las laderas. Esta torre servía para asegurar el acceso a un poso de agua situado fuera del recinto. 


Gracias a su emplazamiento, el Castillo de San Jorge sobresale entre todos los miradores lisboetas. 


Mirador de Sao Pedro de Alcantara, cubiertas a dos aguas de tejas rojizas y fachadas de colores, celadoras de cientos de historias, guardan tras de sí inconfesables secretos familiares.


Mirador de Santa María de la Graça, en ocasiones, a lo largo de nuestra vida hay que alejarse, subir a las alturas para tomar perspectiva y contemplar desde arriba lo siempre y sencilla que es nuestra existencia terrena. El Castelo observa a los lisboetas y les susurra historias de otros tiempos. 
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