miércoles, 26 de diciembre de 2012

SERTORIO EL LIBERTADOR DE LOS HISPANOS (I)


Sertorio, general romano que se enfrentó a la República contando con la ayuda de los gentes de Iberia.
Quinto Sertorio nació a finales del siglo II a.C., año 121, en Sabina, y gracias a su valentía y éxitos militares, pronto conseguirá un ascenso en la sociedad romana. Destacada fue su actuación en la batalla de Aquae Sextae, bajo el mando de Cayo Mario contra los teutones y sus aliados ambrones. Sertorio se disfrazó de germano, penetró en el campamento enemigo y descubrió los planes de los teutones, lo que valió la victoria del ejército romano.

“Después de la guerra de los cimbrios y teutones Sertorio fue enviado a Iberia en calidad de tribuno militar bajo el mando de Didio y pasó el invierno en la ciudad de Cástulo, entre los celtíberos”
Plutarco. Sertorio 3.

A pesar de todo, Sertorio era un “homo novis”, un advenedizo recién llegado y por tanto nunca contará con la aprobación de los optimates, cuya facción estaba encabezada por Sila, rival político de Mario.

A estos optimates el poder les viene por su nacimiento y riquezas, eran una aristocracia de abolengo, mientras que los populares habían conseguido alcanzar su privilegiado estatus social gracias a su talento y sus méritos. En ocasiones, los populares eran optimates que habían desertado, por diversos motivos, de dicha facción. Como su propio nombre indica, los populares buscaban el apoyo del pueblo para conseguir sus objetivos políticos.
Cayo Mario uno de los más insignes militares de la Historia de Roma
El líder popular Cayo Mario se va a enfrentar al optimate Sila, en una sangrienta guerra civil que finalizará con la victoria total de Sila. Tras derrotar a Mario, se inicia en Roma la persecución y represión de todos sus partidarios. En estos momentos, Sertorio no tiene más remedio que huir de Roma para salvar el pellejo, y se va a refugiar en la Península Ibérica.

“El último de los trabajos causados por Sila fue la guerra de Sertorio, de ocho años de duración, nada fácil ni ligera para los romanos, quienes no tenían que luchar contra los iberos, sino contra conciudadanos suyos y contra Sertorio”
Apiano. Guerras Civiles. 1, 108.

Varios fueron los motivos que llevaron a Quinto Sertorio utilizar la Península Ibérica como teatro de operaciones. En el año 91 a.C. Sertorio había sido cuestor en Hispania, por tanto conocía de primera mano el territorio, la situación política y socioeconómica, y lo que resultó más determinante, la idiosincracia de sus gentes.

El conocer la Península Ibérica le abre a Sertorio todo un abanico de posibilidades. Tendría al alcance de la mano el poder contar con los famosos mercenarios lusitanos y celtíberos, rodearse de clientelas políticas y militares que le apoyasen en su causa y obtener los importantes recursos económicos de Iberia. Además, el proceso de romanización ya había comenzado, por tanto, se trata de un territorio afín a la cultura romana. Por último, señalar la privilegiada situación estratégica de la península, con Italia y la propia Roma a un tiro de piedra por si se viera en la necesidad de regresar rápidamente.

Quinto Sertorio llega a la península mal pertrechado, cruzando los Pirineos con un pequeño ejército de unos 3000 hombres, perseguidos por los 40000 legionarios del ejército optimate dirigido por Anio Lusco. Los territorios que tuvo que atravesar estaban poblados por tribus hostiles, a las que tuvo que pagar para poder cruzarlos. A pesar de esta inferioridad numérica y las condiciones adversas, Sertorio, con la inestimable ayuda de los hispanos, fue capaz de mantener una guerra contra Roma durante una década.

Los hispanos enfrentados al Senado de Roma, hartos de abusos, injusticias y despropósitos, ven en Sertorio una posibilidad de vencer, y por este motivo se van a unir a él. En ese sentido Sertorio parece convertirse, al menos durante algún tiempo, en un auténtico Libertador de los Hispanos.

Una vez en Hispania, lo primero que va hacer Sertorio es atraerse a los indígenas, diciéndoles lo que quieren oír, y haciendo promesas que luego no va a cumplir. Vamos, como cualquier político de nuestro tiempo.
Aristócrata ibero.
Sertorio busca la energía de la juventud, se atrae a los caudillos y élites indígenas, que en su mayoría está descontenta con Roma. Les va a liberar de los tributos y del alojamiento y manutención del ejército.

“Entonces, pues, dando por enteramente perdida la ciudad, partió para Hispania, con la mira de anticiparse a ocupar en ella el mando y la autoridad, y preparar allí un refugio a los amigos desgraciados. Sobrecogiéronle malos temporales en países montañosos, y tuvo que comprar de los bárbaros, a costa de subsidios y exacciones, que le dejaran continuar el camino. Incomodábanse los suyos y le decían no ser digno de un procónsul romano pagar tributo a unos bárbaros despreciables; más él, no poniendo la atención en lo que a estos les parecía una vergüenza, les contestó: Lo que compro es la ocasión, que es lo que más suele escasear a los que intentan cosas grandes; así continuó ganando a los bárbaros con regalos, y apresurándose, ocupó Hispania. Halló en ella una juventud floreciente en el número y en la edad; pero como la viese mal dispuesta a sujetarse a toda especie de mando a causa de la codicia y los malos tratamientos de los pretores que les habían cabido, con la afabilidad se atrajo a los más principales, y con el alivio de los tributos a la muchedumbre; pero con lo que sobre todo se hizo estimar, fue con librarlos de las molestias de los alojamientos. Obligó a sus soldados a armarse barracas en los arrabales de los pueblos, siendo él el primero que se hospedaba en ellas. Mas, sin embargo, no se debió todo a la benevolencia de los bárbaros, sino que, habiendo armado de los romanos allí domiciliados a los que estaban en edad de tomar las armas, y habiendo construido naves y máquinas de todas especies de este modo tuvo sujetas a las ciudades, siendo benigno cuando se disfrutaba de paz y apareciendo temible a los enemigos con sus prevenciones”
Plutarco. Sertorio 6

Los primeros éxitos militares de Sertorio se deben a la habilidad para atraerse a los indígenas hispanos. Su verdadero plan consistía en ganar la guerra desde la península, para luego marchar sobre Roma. De ninguna manera pensaba en liberar a los hispanos.

“De la grandeza de ánimo de Sertorio son pruebas, primero el haber denominado Senado a los senadores que, huídos de Roma, estaban con él, y el elegir entre ellos a los cuestores y pretores, procediendo en todo de acuerdo con las leyes patrias. En segundo lugar, el que, a pesar de valerse de las armas, las riquezas y las ciudades de los españoles, no les concedía la más mínima participación en el poder supremo, imponiéndoles a los romanos por generales y magistrados, como si quisiese restablecer a éstos en su libertad, no hacer prosperar a aquéllos a costa de los romanos. Era muy amante de la patria y tenía un gran deseo de volver a ella, pero, siendo maltratado, se mostraba hombre de valor, aunque nada indigno hizo nunca contra los enemigos, y después de obtener una victoria enviaba a decir a Metelo y a Pompeyo que estaba dispuesto a dejar las armas y vivir como un particular si obtenía la restitución, pues antes prefería ser en Roma el más insignificante de los ciudadanos que, desterrado de ella, ser proclamado rey de todos los demás. Dícese que no menos que la patria echaba de menos a su madre, porque, siendo huérfano, había sido cuidado por ella, y en todo la obedecía. Y, llamándole sus amigos para ocupar el mando en Hispania, al saber la muerte de su madre, por poco pierde la vida por el dolor; pues siete días estuvo tendido sin dar la señal a los soldados, ni dejarse de ver por ningún amigo, y con trabajo pudieron los generales y gente de autoridad, rodeando su tiendo, obligarle a presentarse a los soldados y ocuparse de los negocios que prosperaban. Por lo que creen muchos que por naturaleza era benigno e inclinado a la tranquilidad, pero que las circunstancias le llevaron a tener que usar de los mandos militares; y no encontrando seguridad en otra parte, sus enemigos le forzaron a lanzarse a la guerra, buscando en las armas sus seguridad personal”.
Plutarco. Sertorio, 22


Entre los años 81 y 79 a.C. hostigado continuamente por el ejército de los optimates, Sertorio nomadea de acá para allá; Ibiza, la Bética, Mauritania, para finalmente acabar en Lusitania.

“Y así Sertorio, dejando una ligera guarnición en la Mauritania, aprovechando una noche oscura, a favor de la corriente intentó pasar sin combate, o furtivamente o por su rapidez”
Salustio. Historias. 1, 104.

En todo este periplo, es posible que pisara suelo canario. Según se desprende del texto de Plutarco, Sertorio llegaría a desembarcar en las Islas Afortunadas.

“Habiendo por fin cedido el viento arribó a unas islas, entre sí muy próximas, desprovistas de agua, de las que hubo de partir; y pasando por el estrecho gaditano, dobló a la derecha y tocó en la parte exterior de Hispania, poco más arriba de la embocadura del Betis, que desagua en el mar Exterior, dando nombre a la parte que baña esta región. Diéronle allí noticias unos marineros, con quienes habló de ciertas islas del Atlántico, de las que entonces venían. Estas son dos, separadas por un breve estrecho, las cuales distan de África 10.000 estadios, y se llaman Afortunadas. Las lluvias en ellas son moderadas y raras, pero los vientos, apacibles y provistos de rocío, hacen que aquella tierra, muelle y crasa, no sólo se preste al arado y a las plantaciones, sino que espontáneamente produzca frutos que por su abundancia y buen sabor basten a alimentar sin trabajo y afán a aquel pueblo descansado. Un aire sano, por el que las estaciones casi se confunden, sin que haya sensibles mudanzas, es el que reina en aquellas islas, pues los cierzos y solanos que soplan de la parte de tierra, difundiéndose por la distancia de donde vienen en un vasto espacio, van decayendo y pierden su fuerza; y los del mar, el ábrego y el céfiro, siendo portadores de lluvias suaves y escasos, por lo común, con una serenidad humectante, es con la que refrigeran y con la que mantienen las plantas; de manera que hasta entre aquellos bárbaros es opinión, que corre muy válida, haber estado allí los Campos Elíseos, aquella mansión de los bienaventurados que tanto celebró Homero”
Plutarco. Sertorio, 8.

Aparecen tópicos literarios atribuidos a lugares lejanos, exóticos y en su mayor parte desconocidos para los romanos. En su continua huída, Quinto Sertorio llegó a este archipiélago tan distante de la propia Roma.

Puedes leer el artículo completo en http://www.claseshistoria.com/revista/2013/articulos/candon-sertorio.pdf
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