sábado, 1 de diciembre de 2012

ODIO ETERNO A ROMA


 Amílcar, general cartaginés y patriarca del clan de los Barca, cruzó el Estrecho de Gibraltar, al frente de un poderoso ejército con el que someter Iberia. Le acompañaba su hijo de nueve años, Aníbal.

En cierta ocasión, se encontraban padre e hijo en el templo de Melkart, situado en Gadir, la ciudad más antigua del occidente europeo.

Con firmeza, Amílcar condujo al pequeño Aníbal al altar de sacrificios, y tras honrar a los dioses, ante el fuego sagrado, tomó sus manos entre las suyas, e instó a su hijo a pronunciar el siguiente juramento: odiaré eternamente a los romanos y sin descanso combatiré contra ellos hasta mi último aliento.
"Cuando su padre iba a pasar a Iberia con sus tropas, Aníbal contaba nueve años y estaba junto a un altar en el que Amílcar ofrecía un sacrificio a Zeus. Una vez que obtuvo agüeros favorables, libó en honor de los dioses y cumplió los ritos prescritos, ordenó a los demás que asistían al sacrificio que se apartaran un poco, llamó junto a sí a Aníbal y le preguntó amablemente si quería acompañarle en la expedición. Aníbal asintió entusiasmado y aun se lo pidió como hacen los niños. Amílcar entonces le cogió por la mano derecha, le llevó hasta el altar y le hizo jurar, tocando las ofrendas, que jamás sería amigo de los romanos"
Polibio, III, 11
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