sábado, 25 de enero de 2020

EL RITMO DEL NILO.




Ya en el año 3200 a.C. el valle y el delta del Nilo estaban unificados en un solo reino que duró tres mil años, hasta la era de Cleopatra. La unidad política se vio reforzada por la unidad natural. El Nilo, a semejanza de los cuerpos celestes, exhibía un ritmo natural, aunque algo más melodramático. Es el río más largo de África; recorre más de seis mil kilómetros desde sus remotas fuentes y recoge a su paso el agua de las lluvias y de los deshielos de las montañas etíopes y de todo el nordeste del continente en un gran canal único que desemboca en el Mediterráneo. El país de los faraones ha sido llamado, con propiedad, el imperio del Nilo. En la antigüedad, y siguiendo el ejemplo de Heródoto, Egipto era denominado «el don del Nilo». La búsqueda de sus fuentes, tal como la búsqueda del santo Grial, fue una empresa teñida de misticismo que entusiasmó a los más audaces exploradores del siglo XIX.

El Nilo hizo posibles las cosechas, el comercio y la arquitectura de Egipto. Gran vía comercial, también se utilizó para transportar los materiales utilizados en la construcción de los colosales templos y pirámides. Un obelisco de granito de tres mil toneladas podía ser labrado en Assuán y luego transportado río abajo, a lo largo de más de trescientos kilómetros, hasta Tebas. El Nilo alimentaba a las ciudades que se apiñaban a lo largo de sus riberas. No es extraño que los egipcios le llamaran «el mar», y que en la Biblia sea «el río».

El ritmo del Nilo era el ritmo de la vida egipcia. La crecida anual de sus aguas determinaba el calendario de la siembra y la cosecha, con sus tres estaciones: inundación, crecimiento y recolección. Las aguas inundaban Egipto desde el final de junio hasta los últimos días de octubre y dejaban sobre la tierra una capa de fértil limo en el que crecían los cultivos desde fines de octubre hasta los últimos días de febrero; la recolección duraba luego desde estas fechas hasta el final de junio. La crecida del Nilo, tan regular y tan importante para la vida como la salida del Sol, señalaba el año del Nilo.
Daniel Boorstin.
Los descubridores. Volumen I. El tiempo y la geografía.



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