No entendía nada. Mi vida se había transformado en un laberinto imposible, sus muros se estrechaban sobre mi. Su sonrisa y su mirada, merecían toda aquella locura. No era capaz de pensar con claridad. Simplemente estaba total, y perdidamente, enamorado de ella. ¿Locura permanente o enajenación mental transitoria?. El tiempo dictará su sentencia.


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