viernes, 3 de enero de 2020

PHILIPPE DE MEZIERES, EL VIEJO PEREGRINO.




Durante la Edad Media, todo el mundo se mueve, lejos de lo que podríamos pensar, la sociedad medieval es una sociedad dinámica. Al menos desde un punto de vista geográfico. Las cruzadas y las peregrinaciones son dos claros ejemplos de grandes movimientos de masas. Algunos viajeros de esta época nos han legado las peripecias vividas en estos viajes. Uno de ellos es Philippe de Meziéres.

Philippe de Meziéres, pertenecía a la nobleza de Picardía, y sentía tanta pasión por las letras, como por las armas, de forma que estudió en la escuela capitular de Amiens y más tarde fue armado caballero. Después de pasar por el Norte de Italia, donde sirvió al duque de Milán Lucchino Visconti, e integrarse en el ejército francés, marchó a Jerusalén y de ahí a Chipre. En la isla mediterránea se convirtió en canciller de su rey Pierre de Lusignan.

Tras el asesinato del rey chipriota, Philippe de Meziéres se dirigió a Venecia, donde frecuentó ambientes devotos, permaneciendo en la laguna hasta que fue llamado por Carlos V de Francia. Instalado en París fue miembro del Consejo del Rey durante siete años, además de preceptor del delfín, el futuro Carlos VI. A la muerte del monarca se retiró a vivir con los celestinos. Retirado del mundo escribió su obra El sueño del viejo peregrino, considerada un viaje alegórico.

El mundo que visita el "viejo peregrino" en su deseo de conocer la verdad sobre sus virtudes y sus vicios, es un mundo coherente, activo y reconocible. Al contrario del itinerario que proponen las visiones, el sueño-viaje empieza precisamente en el Paraíso Terrenal, el punto más codiciado, cuyo alcance lo buscan los viajeros reales o imaginarios en casi toda la literatura medieval de esta índole.
Eugenia POPEANGA
Philippe de Mézières: Un viaje alegórico por la península

Esta aventura literario-filosófica, visita enclaves geográficos conocidos por todos, los reales y los legendarios, repitiendo los tópicos ya escritos en otros lugares. En su periplo el Viejo Peregrino viaja hacia Oriente, la India, la tierra del Preste Juan, el país de los tártaros, el Gran Khan y su capital Cambaluc (ciudad descrita por el veneciano Marco Polo), o la isla de Femenie (esto es, de las amazonas). No deja de visitar Etiopía y Egipto (a las que llama África la Grande), los Santos Lugares, Jerusalén y Constantinopla. Desde Santa Sofía cambia el rumbo y se dirige hacia Septentrión, Rusia, Prusia, Islandia, Noruega, Suecia y Dinamarca. El viaje continua por el corazón de Europa, Alemania, Bohemia, Moravia, Polonia, Paises Bajos, Eslovaquia, Hungría, Austria y la península italiana. Venecia, Roma, Sicilia, Nápoles y Avignon, y desde Francia se dirige a la Península Ibérica a través de Cerdeña y Mallorca, entrando por el reino de Aragón, visitando Barcelona, Zaragoza, Valencia, Murcia, Burgos, Granada, Algeciras, Compostela (para rezar frente al Apóstol), Córdoba, Toledo, Sevilla, Lisboa . . .


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