miércoles, 9 de abril de 2025

RCD ESPANYOL 93/94. CAMPEÓN DE SEGUNDA DIVISIÓN.

 


El Real Club Deportivo Espanyol lograba el título de liga de Segunda División y regresaba a la máxima categoría del fútbol español.



José Antonio Camacho vivía con el Espanyol su segunda experiencia como técnico, y también su segundo ascenso. El entrenador murciano insufló a sus jugadores su espíritu luchador.



Toni Jiménez, campeón olímpico, indiscutible en el marco perico. Meta ágil, seguro y bueno con el balón en los pies. De los menos batidos de la categoría de Plata.



Dimitrij Galyamin, algo marginado a principio de temporada, su incorporación al once titular dotó a la zaga de gran firmeza. Lateral derecho rápido y seguro. Internacional absoluto con la URSS, la CEI y con Rusia.





El canterano madridista, Víctor Manuel Torres Mestre, convirtió la banda izquierda en su teatro de operaciones. Una de las bazas ofensivas del equipo por su capacidad para penetrar por la banda.



El veterano Albert Albesa, capitán del equipo, futbolista sobrio, regular y efectivo. Esta temporada consiguió su segundo ascenso con el RCD Espanyol.




Bernardino Serrano "Mino", desde su incorporación a su equipo en 1990, es una de las señas de identidad de la zaga blanquiazul. Expeditivo y contundente, su carta de presentación.




El equipo juega al ritmo que marca Francisco López. Esta temporada recuperó su mejor versión consiguiendo además cinco goles.



El internacional ruso Dimitrij Kuznetsov ha sido el extranjero más utilizado por Camacho. Aúna fuerza y calidad, y gracias a su alto rendimiento se ha convertido en una de las piezas claves del equipo.



Camacho confió desde el principio en el joven Roberto Fresnedoso. Su inclusión en el equipo titular ha sido una de las sorpresas más agradables del año.




El centrocampista gaditano Moisés Arteaga se ha adaptado perfectamente al equipo. Se compenetra muy bien en la banda izquierda con Torres Mestre.




Jordi Lardín, artista del regate y segundo máximo goleador del equipo. Esa clase de futbolista incisivo y decisivo.




El búlgaro Velko Iotov ha sido, con 13 dianas, el hombre gol del equipo. Todo un éxito su fichaje.

lunes, 7 de abril de 2025

CLAUSTROFOBIA

 


Claustrofobia....

Claustrofobia....

sus patas repugnantes
golpean mi cuerpo....

Claustrofobia.....

su aguijón
inocula veneno
paraliza mi cuerpo
su fuerza quiebra mis huesos

Claustrofobia...

cuanto más me muevo
más pegajosa
se vuelve la red
de la tejedora......


Claustrofobia.......


Claustrofobia.....


unos misteriosos ojos verdes
se apoderan de mi vida...


Claustrofobia.....


Claustrofobia....


atrapado sin remedio
colgado y atado cabezabajo...


....en su red........

domingo, 6 de abril de 2025

RCD MALLORCA SUBCAMPEÓN DE COPA 1998

 




RCD Mallorca subcampeón de Copa en 1998 después de una épica final contra el FC Barcelona.


Disposición en el campo del equipo. 




El internacional argentino Carlos Lechuga Roa defendió brillantemente la portería. Considerado uno de los mejores guardametas de la historia del club.





El capitán Javier Olaizola jugaba de lateral derecho y el jerezano Quique Romero de lateral izquierdo.




Iván Campo y Marcelino Elena crearon una sociedad eficiente como pareja de centrales. Ambos alcanzaron la internacionalidad.


Vicente Engonga era el timón del equipo, la prolongación de Héctor Cúper en el césped.


Óscar Mena ofrecía trabajo, pundonor y un buen puñado de goles. Uno de los grandes fichajes de la temporada.



La zurda del serbio Stankovic dejó momentos inolvidables en la memoria colectiva de la afición bermellona.



El canario Juan Carlos Valerón era capaz de hacer realidad, lo que la mayoría de los futbolistas solo pueden soñar.



Santi Ezquerro y Gaby Amato fueron los puntas más utilizados a lo largo del campeonato.





Iván Rocha, Xabi Eskurza y Paco Soler participaron también en la final.






Kike Burgos, Lluís Carreras, Monchu y Pepe Gálvez, contribuyeron al subcampeonato copero.

sábado, 5 de abril de 2025

VELOCIDAD






Noche, luces de neón y velocidad. ¿Lo soñé? ¿Tal vez lo viví en una vida que ya no recuerdo?. Una vida mortal, la juventud parece otra vida cuando la miramos con el corazón de la madurez.

EL PACTO FRANCO-VENECIANO Y EL DOMINIO DEL COMERCIO EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL.

 



En los inicios del siglo X bizantinos y árabes seguían dominando el mar Mediterráneo, pero estaba comenzando a producirse un fenómeno que terminaría cambiando esta tendencia, “la contraofensiva comercial y militar de la Europa Occidental”. Palabras de Roberto Sabatino López, citadas por Gerald A.J. Hodgett en “Historia social y económica de la Europa medieval”.


Los antiguos puertos de larga tradición urbana y comercial, como Nápoles, Pisa y Rávena, y también los de reciente creación como Amalfi y Venecia, y ciudades como Pavía y Milán empezaron, poco a poco, pasito a pasito, a desplazar a bizantinos y árabes como los intermediarios entre Oriente y Occidente. Primeros pasos, décadas complicadas, un conflicto de intereses, la pujanza occidental, el caso es que hacia finales del siglo XII y comienzos del XIII, los italianos dominaron, incluso, el Mediterráneo Oriental. Con Venecia a la cabeza.


Amalfi, Gaeta, Salerno, Bari y algunas otras ciudades italianas de pequeño tamaño, que se habían abierto al comercio doscientos años antes, fueron pioneras en este renacimiento comercial en la Europa Occidental. Los ataques de los lombardos habían obligado a las ciudades que todavía se encontraban bajo dominio bizantino, a practicar el comerio para conseguir un medio de subsistencia. Los centros urbano italo-bizantinos adquirieron una importancia primordial desde las primeras décadas del siglo X. Sobre todas estas ciudades destaca una, Venecia. Anteriormente Venecia era simplemente un asentamiento modesto de pescadores, pero a finales del siglo IX mantenía un activo y lucrativo comercio con Constantinopla. Gracias a las ganancias que le proporcionaba esta actividad comercial, los venecianos podían comprar el cereal y el vino, que ellos no producían, en la cercana Lombardía.


Venecia, y el resto de ciudades italo-bizantinas tenían capacidad para recoger toda clase de productos y enviarlos a Constantinopla, la flamante y próspera capital del Imperio. Como ciudadanos bizantinos, los venecianos gozaban de ciertos privilegios por encima de comerciantes de otras procedencias. En ese sentido tenían acceso a los almacenes locales situados por las autoridades en los términos de los caminos y en los principales puertos, además de alojares en las casas de huéspedes ubicadas en la capital.


Bizancio dispensaba un trato excepcional a los venecianos, puesto que esos cedían sus barcos al gobierno imperial para el servicio de correos y el transporte de tropas. Los venecianos fueron los más avezados intermediarios en aguas del mar Mediterráneo. Gracias a estos favores, los bajeles venecianos únicamente debían pagar dos nomismata de oro al pasar el estrecho de los Dardanelos, mientras el resto de naves debían pagar quince.


Además del comercio legal, mercaderes y marineros practicaban un intenso contrabando, con Constantinopla como centro de salida y de recepción. Pese a los decretos imperiales que prohibían este tipo de actividades, el tráfico ilegal (como ha ocurrido y seguirá ocurriendo a lo largo de la historia) fluía libremente. Los contrabandistas italianos introducían esclavos en tierras del Imperio y sacaban toda clase de telas de lujo (cuya exportación estaba prohibida), oro, material de guerra y alimentos básicos. La demanda de ciertos productos en determinados lugares y momentos contribuyeron a forjar la imagen romántica del contrabandista, hombre libre y valiente que se mueve con destreza entre los estrechos márgenes de la ley.


El comercio legal y reglado era lo suficientemente atractivo y lucrativo, como para inducir a mercaderes de Venecia, Amalfi, Gaeta y Salerno a desplazarse a Constantinopla, aunque no era posible asentarse de forma permanente en la ciudad. El permiso de residencia que expedía el gobierno bizantino en la xenodochia o casas de alojamiento tenía una validez de tres meses (en cada viaje).


El dinero y los recursos son más valiosos que las diferencias culturales y religiosas. El pragmatismo por encima de las creencias y los fanatismos (sean de la naturaleza que sean). Todos estos puertos italianos también mantenían relaciones comerciales con los países islámicos. La abundancia de monedas árabes halladas en Europa occidental, parece corroborar que este comercio con el mundo islámico era más productivo y beneficioso que el que se mantenía con el Imperio de Oriente. Se importaban especias, perfumes, marfil, textiles y aceites, mientras que se exporaban esclavos, madera, hierro y herramientas. El hecho de comerciar con un potencial enemigo, como era el caso del Islam, no importaba demasiado a los mercaderes italianos.


En el siglo X el papel fundamental en la actividad comercial correspondió a Venecia. Este monopolio comercial del que disfrutaban los puertos italo-bizantinos podía haberse amenazado en el supuesto que las negociaciones de Carlomagno con Bizancio o con el califa abasí Harun-al-Rashid de Bagdad se hubiesen llegado a materializar. Al no concluir con éxito estas negociaciones, los derechos que el Emperador de Occidente hubiese otorgado al Imperio de Occidente como un todo, le fueron concedidos por entero a la República veneciana.


El pactum franco-veneciano del año 840 está en la base de la supremacía de la que disfrutó Venecia por encima del resto de puertos comerciales italianos, en lo que respecta al comercio occidental. Ciudades como Amalfi, Nápoles y Gaeta desarrollaron una poco inteligente política a ojos bizantinos, al seguir colaborando con los musulmanes. Esta colaboración socavó los privilegios comerciales que estas ciudades disfrutaban en los dominios del Imperio de Oriente.


“A los tres años de su elección [Pietro Tradonico de Jesolo], lo vemos encabezando una expedición naval a Dalmacia, y en el 840, fortalecida su posición por el relativo éxito de tales operaciones, envió un embajador a los francos con la misión de firmar un tratado con el nieto de Carlomagno, el emperador Lotario. Gran parte de dicho tratado no era sino la simple confirmación de acuerdos anteriores, pero resulta notable por dos motivos. En primer lugar, el manuscrito original aún existe, y se considera como el más antiguo documento diplomático veneciano que se conserva. En segundo lugar, contiene el compromiso explícito del dogo de responsabilizarse de la defensa del Adriático frente a los eslavos o cualquier otro enemigo, así como el reconocimiento implicito por parte de Lotario de su propia debilidad naval y de los consiguientes derechos de los venecianos sobre el Mediterráneo central”.

Historia de Vencia.

John Julius Norwich


A comienzos del siglo XI la preponderancia de Venecia era absoluta, al tiempo que se producía el declive de los puertos de la región como Comacchio e incluso Rávena, que en su momento disfrutó del puerto más grande del Adriático. En la práctica Venecia era completamente independiente de Constantinopla, y sin embargo sus mercaderes conservaban el privilegio de la ciudadania bizantina. Y por otro lado mantenían relaciones diplomáticas con todas las potencias del Islam. Los negocios por encima de todo. Cuando existe el interés – especialmente el economico – las diferencias religiosas dejan de tener importancia. Para Venecia todos eran clientes y socios comerciales, de manera que trataban de igual a igual a los reyes lombardos, a los posteriores – y efímeros – reinos de Italia y a los emperadores de Occidente (a los carolingios y a los del Sacro Imperio).


Los mercaderes extranjeros eran tratados en Vencia de la misma manera a como lo hacian en Constantinopla, eran controlados por el estado y tenían que redidir obligatoriamente en las xenodochia. Hasta el siglo XI, Venecia no sufrió la rivalidad de otros puertos italianos, pues a partir de esta centuria comenzó Génova a recuperarse lentamente de los destrozos causados por los lombardos. Por otro lado, Pisa, la única ciudad que había continuado realizando actividades comerciales, nunca supuso un serio peligro para la poderosa República de San Marco.


viernes, 4 de abril de 2025

FERNANDO JIMENEZ DEL OSO NOS PRESENTA A DRÁCULA.

 



Han pasado cien año y ahí sigue, como un monumento indiferente al tiempo, ajeno a las torpes insidias de los débiles humanos, tan solitaria y eterna como su protagonista. Definida por alguno como la mejor novela jamás escrita, Drácula, sin ser tanto, es mucho más de lo que sus lectores imaginan. No por su envoltura, realmente excepcional, sino por su contenido, por el caudal oscuro de aguas abisales en el que una parte de nosotros se halla sumergida. Todos estamos ahí, compartiendo inconfesables anhelos, ansias primigenias nacidas de nuestro paleocerebro. No es el adusto conde el enemigo, no es la muerte quien triunfa, es la vida en su estado puro, el impulso del predador para el que no existe otra norma que su propio instinto, la urgente y libre manifestación de sus pasiones.

Domesticados, con los lícitos deseos ancestrales reprimidos, no podemos hacer otra cosa que envidiar secretamente a quien, como Drácula, ha vencido a la muerte y ejerce su imperio sobre el mundo de la noche, de espaldas a la luz, a la consciencia. Él es un símbolo, una clave por pocos entendida: la vida plena es imposible sin asumir nuestra sombra, sin incorporar nuestra parte oscura. Condicionados por la razón de los social, tan necesaria como manipuladora, hemos terminado por entender que nuestro objetivo es la luz, olvidando que sin la oscuridad no existe. Delegamos nuestra bipolaridad en arquetipos, enfrentamos a dioses y demonios sin pensar que así la lucha será eterna, sin solución posible, porque el uno sin el otro pierde su sentido. El final, si hay un final, no llegará por la victoria de la luz o de las tinieblas, habrá de venir por la conjunción de ambas en un coyunda reconciliadora que junte lo que nunca estuvo separado. La lección no está en los agudos colmillos, ¿o eran incisivos?, no está en la succión del principio de la vida que la sangre expresa; está en la entrega mutua, en la unión que, por inevitable, a ambos beneficia. Lo demás; la cruz, la estaca o los poco elegantes collares de liliáceas, son sólo recursos para pusilánimes, para pacatos con miedo de vida.

Yo hace tiempo que me entregué gustoso al mordisco de mi sombra...y aquí estoy, esperando a ver que pasa.



Drácula Señor de las Sombras, por Jiménez del Oso.

Fascinante, con una carga simbólica que hace de él casi un arquetipo, el personaje creado por Abraham Stoker se ha convertido en una de las criaturas literarias más populares....y menos comprendidas. Llevada al cine en inumerables ocasiones es, pese a todo, una extraordinaria novela que pocos han leído. Autor y protagonista son analizados con rigor en un artículo que proporcionará al lector pistas para adentrarse en el sugestivo mundo de la Ghost Story.

"Hubo una vez un adolescente al que la vida había concedido dones tan inapreciables como un viejo sillón, un cuarto cuya puerta podía cerrarse y una reducida familia de hábitos tranquilos y respetuosa de la intimidad ajena. Eficaz en sus estudios sin dedicar demasiado tiempo a ellos, el aprendiz de hombre disponía de algunas horas cada día para aquellas actividades que más le complacían y en las que no solía contar con otro compañero que si mismo. La magra biblioteca de su padre, heterogénea y ausente de lomos gofrados, como corresponde a quien ama más la lectura que los libros, sirvió, complementada por un número ingente de tebeos, para nutrir aquel inmaduro intelecto durante unos años... hasta que un día, el más nefasto de los días, la novela gótica entró en su vida y el muchacho sucumbió en las innobles redes de su encanto. Estremecido y gozoso, temiendo y deseando el horror que aguardaba entre sus páginas, fue comprando en librerías de lance cuanto libro de terror le permitía su escasa economía. Y aún arrastró esa enfermedad durante décadas, mientras el cabello huía de su cabeza - tal vez harto de tanto erizarse - y el rostro se le cubría de encanecida barba. Incluso ahora, padre responsable y miembro de una digna profesión, aguarda el momento preciso, cuando la casa está en silencio y todos duermen, para someterse de nuevo al vicio inconfesable de tan nefanda lectura".

Así empezaba uno de los muchos artículos que he escrito sobre Drácula. Salvo un error de transcripción, ahora corregido, que calificaba pedantemente como "magna" la biblioteca de mi padre, cuando solo era magra, esto es, "flaca o enjuta, con poca o ninguna grosura", la mantengo íntegra, ya que, aunque con menos asiduidad, persevero en tan malsana afición. También mantengo el resto del artículo con alguna mutilación que en nada afecta al contenido. Lo he preferido así, porque al cumplirse el centenario de la edición europea de la célebre novela y viéndome en el compromiso afectivo de conmemorar el nacimiento de mi personaje favorito, tras ojear lo ya antes escrito buscando inspiración y datos, me encontré con este artículo y leyéndolo concluí en que nada nuevo podía añadir sin que fuera un adoso superfluo y nada merecía cambiarse; así pues, en lugar de escribir otro, exhumo éste, en la confianza de que será inédito para muchos lectores y releído sin encono por los que hace años lo leyeron. De esta forma, además del homenaje a Bram Stoker, me hago un homenaje a mí mismo.

Drácula, el mito.

Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre su fina nariz y las ventanas de ella especialmente arqueadas; con una frente alta y despejada y el pelo gris le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca, por lo que podía ver de ella bajo el tupido bigote, era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios, cuya notable rudeza mostraba una singular vitalidad en un hombre de su edad. En cuanto a los demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior; el mentón era amplio y fuerte, y las mejillas firmes, aunque delgadas. La tez era de una palidez extraordinaria". Tal es parte de la descripción, tras su primer encuentro, hará Jonathan Harker de Drácula en su diario. Claro está que con el transcurso de los días irá añadiendo nuevos y aún más repulsivos detalles sobre la apariencia y carácter de su anfitrión. No obstante, en este retrato se refleja ya algo que el resto de los personajes y, por ende, el propio autor, sintieron ante el conde Drácula; la fascinación. Aunque poseedor de casi todos los atributos negativos, el noble eslavo reúne las características de héroe y, como tal, despierta en el lector un afán, no siempre reconocido, de emulación.

Al modo de un protagonista de tragedia griega, él es víctima de su detino y lo asume dignamente. Aquellos que sólo ven en Drácula su hematofilia, su desmedido ansia por la sangre, están dejando de lado los aspectos más interesantes de su personalidad. Pese a ser comparado con un insaciable vampiro, su sed es más simbólica que alimenticia, porque en la novela la sangre no es otra cosa que la vida misma; y no de una forma genérica, despersonalizada, sino con atributos que van más allá de lo físico. En el beso del vampiro literario se succiona la vida y la voluntad de ser, se toma del alma. Drácula no es el villano engominado de la Universal, es el seductor en su dimensión más elevada. No asalta a sus víctimas femeninas, elegidas cuidadosamente, sino que espera a que ellas se ofrezcan a sus colmillos totalmente fascinadas, anhelantes por compartir un éxtasis más allá de lo ordinario, en el que lo sexual se sublimará con la máxima entrega: la del Yo. El personaje creado por Stoker es la tentación, la imagen oscura del hombre. Él ha alcanzado la cota máxima de libertad en su reino de sombras, del que es emperador indiscutible. Domina a los seres de la noche, a las fuerzas tenebrosas que amedrentan a los hombres comunes, y, libre de afectos o conceptos morales, no tiene otro compromiso que el que su voluntad le depara en cada instante. Es la fuerza de los inconsciente, de lo habitualmente reprimido, que surge espléndida, rompiendo todas las barreras. Él es lo que los demás quisiéramos ser si tuviéramos valor para ello. Pero el mundo construido por los hombres es como es y no de otra forma. Frente al poder de Drácula y su universo sombrío, se levanta el bien, representado en la novela por los símbolos convencionales de la religión asociados a la luz de la consciencia: el Sol. Forzosamente, el protagonista sucumbe ante la norma establecida, ante un bien que en la ficción literaria no tiene otra fuerza que la de lo socialmente asumido. Drácula no muere por sus hábitos hematófagos, sino por su condición de elementos desestabilizador.

Habría que preguntar a Bram Stoker, su creador, qué razones le llevaron a inclinar la balanza en favor de la norma, a sacrificar la trágica grandeza de su personaje en aras de un orden cuya validez él mismo cuestionaba.

REVISTA ENIGMAS 1997. CIEN AÑOS DE DRÁCULA.

jueves, 3 de abril de 2025

JUVENTUS DE TURÍN 1991. UNA TEMPORADA PARA OLVIDAR.

 

 



Juventus 1990/91. Temporada nefasta para la Vecchia Signora, que aunque alcanzó las semifinales de la Recopa en la Serie A ocupó un discreto séptimo puesto que no le sirvió para disputar competición europea la temporada siguiente.




El veterano Tacconi, suplente de Walter Zenga en la Azzurra, seguía guardando el marco juventino.




El brasileño Julio César aterrizaba en la Serie A para convertirse en el jefe de la defensa.




Luigi De Agostini solía ocupar el lateral izquierdo, aunque se adaptaba a otras posiciones defensivas.




Gianluca Luppi fue uno de los defensores más utilizados por el míster, Luigi Maifredi.




Marco De Marchi era el lateral derecho.




El campeón del mundo, el alemán Thomas Hassler, no pudo triunfar en la Vecchia Signora.




Giancarlo Marocchi era el encargado de armar el juego en la media.




Daniele Fortunato, típico hombre de equipo, sacrificado y polivalente.




Roberto Baggio, el fichaje estrella, el gran protagonista del verano del '90 y esperanza bianconera.




Toto Schillacci no estuvo a la altura de las expectativas que había creado en el reciente mundial, donde fue el máximo goleador.





Pier Luigi Casiraghi completaba el tridente ofensivo juventino.

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