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domingo, 27 de enero de 2019

OLIVER CROMWELL.




Oliver Cromwell una figura controvertida, héroe y defensor de las libertades (y de la república) para unos, tirano y regicida para otros, pero de importancia capital en la historia de Inglaterra (una estatua suya está situada junto al parlamento británico). En su persona confluyeron todas las contradicciones de una época, no quiso ser rey, pero acumuló más poder que el monarca anterior, fue un parlamentario que disolvió parlamentos por la fuerza de las armas. Su paso hacia adelante cambió para siempre el sistema político británico. Transformó la monarquía en República (Mancomunidad de Inglaterra, 1649 – 1660) y después de él nada volvió a ser lo que era.

Miembro de la Cámara de los Comunes, una posición desde la que protagonizó su asalto al poder. Destacado militar, en la guerra civil que enfrentó a parlamentarios y monárquicos Oliver Cromwell dirigió con éxito una regimiento de caballería. La derrota monárquica y la ejecución del rey Carlos I, allanaron el camino de Cromwell, que convertido en Lord Protector, impuso su liderazgo sobre Inglaterra, Escocia e Irlanda. Con él nació, y murió, la única república inglesa de la historia.


viernes, 25 de enero de 2019

MONARQUÍA PARLAMENTARIA. INGLATERRA Y EL CAMBIO DE PARADIGMA.





A mediados del siglo XVII tiene lugar en Inglaterra un ciclo revolucionario que tuvo como consecuencia el final de la monarquía absoluta y el origen de una monarquía parlamentaria. A partir de esta revolución, el rey de Inglaterra, quedaba sometido a las leyes del Parlamento. Asistimos por primera vez a la separación de poderes. El pensador John Locke fue el principal defensor del parlamentarismo.

En Inglaterra (Reino Unido a partir de 1707 con la firma del Acta de Unión) el absolutismo monárquico fue un fracaso. El monarca Carlos I quiso gobernar sin tener en cuenta al Parlamento y la burguesía aprovechó para, con el apoyo de algunos sectores populares y levantiscos, radicalizar la oposición política. En este contexto se desencadenó la Primera Revolución Inglesa y en el año 1642 estalló un guerra civil entre realistas y parlamentarios. El rey Carlos fue derrotado y ejecutado por traición.

Tras la disolución de la monarquía se instauró un república en Inglaterra que sería dirigida por Oliver Cromwell. Tras once años de gobierno republicano las aguas tornaron a su cauce y la monarquía fue restaurada en 1660 en la persona del rey Carlos II, que fue sucedido por Jacobo II. Este último monarca era católico practicante y puso en marcha una política absolutista, un hecho que provocó que gran parte de sus súbditos ofrecieran la corona a su hija María, casada con Guillermo de Orange, ambos protestantes.

En 1688 estalló la segunda y definitiva Revolución Inglesa, conocida como la “Gloriosa” que concluyó cuando los monarcas Guillermo y María juraron la Declaración de Derechos (1969), un solemne acto que los convirtió en monarcas parlamentarios (y de paso salvaban a la propia institución monárquica), de manera que se comprometían a gobernar de acuerdo con lo establecido por el Parlamento. La ley se colocaba así por encima del rey. Por otro lado un sistema económico liberal se irán imponiendo en las Islas.


En el sistema parlamentario inglés el rey desempeña el poder ejecutivo y comparte con el parlamento el poder legislativo. El Parlamento que ejerce el poder legislativo está formado por la cámara de los lores y la cámara de los comunes. La cámara de los lores está formada por nobles y la cámara de los comunes por ciudadanos elegidos mediante sufragio censitario (únicamente pueden votar los más ricos). Además de todo esto, el sistema parlamentario desarrolla derechos y libertades individuales y un liberalismo económico.

Desde los primeros momentos en el Parlamento inglés se fueron configurando dos tendencias; los tories, partidarios de defender los privilegios reales (que con el tiempo se convertirían en el partido conservador) y los whigs, que defendían la supremacía del Parlamento sobre los reyes (y que evolucionaría hacia el partido liberal).


viernes, 18 de enero de 2019

LAS BASES TEÓRICAS DEL ABSOLUTISMO.




El Absolutismo necesitaba una base teórica que justificase su existencia. Dos pensadores desarrollan el cuerpo teórico de la Monarquía Absoluta, eso sí, desde puntos de partida diferentes, el francés Bossuet y el inglés Thomas Hobbes.

Thomas Hobbes justifica un poder absoluto que sea capaz de reunir las funciones ejecutivas, legislativas, judiciales y también espirituales. Testigo directo de la revolución de 1688 y del régimen republicano de Oliver Cromwell, este contexto le inspiró para escribir Leviatán, una obra en que postula la necesidad de un soberano (o en su defecto una asamblea) que reúna todo el poder necesario para garantizar la paz, el orden y el progreso del Estado, ante la amenaza permanente que se materializa en una criatura monstruosa: el Leviatán. El planteamiento de Hobber es el siguiente: el ser humano es malo por naturaleza, homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre), y para evitar que la sociedad caiga en el caos, provocando la disolución de la misma, se necesita un poder fuerte capaz de mantener ese orden.

Bossuet parte de otra premisa para defender el mismo concepto del poder. El autor francés, muy ligado a la casa real borbónica en tiempos de Luis XIV escribe “La política sacada de las mismas palabras de la Sagrada Escritura”. En esta obra elabora una teología política en la que el monarca es elegido por Dios para gobernar a su pueblo, un origen divino para el poder político. Esta idea justifica el poder absoluto y omnímodo del monarca que tan solo debe rendir cuentas ante el Todopoderoso.

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