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viernes, 11 de enero de 2019

EL DESTRONAMIENTO DE CRONO.



Crono se casó con su hermana Rea, a quien está consagrado el roble. Pero la Madre Tierra y su moribundo padre Urano profetizaron que uno de sus hijos lo destronaría. En consecuencia, cada año devoraba a los hijos que le daba Rea: primeramente a Hestia, luego a Deméter y Hera, y más tarde a Hades y Posidón. 


Rea estaba furiosa. Dio a luz a Zeus, su tercer hijo, en plena noche en el monte Liqueo de Arcadia, donde ninguna criatura proyecta su sombra y, después de bañarlo en el río Neda, lo entregó a la Madre Tierra, quien lo llevó a Licto en Creta y lo ocultó en la cueva de Dicte en el monte Egeo. La Madre Tierra lo dejó allí para que lo criaran Adrastea, una ninfa del Fresno, su hermana Io, hijas ambas de Meliseo, y la ninfa-cabra Amaltea. Se alimentaba de miel y bebía la leche de Amaltea, con el chivo Pan, su hermano adoptivo. Zeus estaba agradecido a las tres ninfas por su bondad y cuando llegó a ser el Señor del Universo puso la imagen de Amaltea entre las estrellas, como Capricornio y también tomó uno de sus cuernos, que parecía el de una vaca, y se lo dio a las hijas de Meliseo; se convirtió en la famosa Cornucopia, o cuerno de la abundancia, que está siempre lleno de todos los alimentos o bebidas que su poseedor pueda desear. Pero algunos dicen que Zeus fue amamantado por una cerda y cabalgaba montado en su lomo, y que perdió su cordón umbilical en Onfalión, cerca de Cnosos. 

Alrededor de la cuna dorada del niño Zeus, la cual colgaba de un árbol (para que Cronos no lo pudiera encontrar ni en el cielo, ni en la tierra, ni en el mar) se hallaban los Cúreles armados, hijos de Rea. Golpeaban sus lanzas contra los escudos y gritaban para ahogar el llanto del niño, por temor a que Crono pudiera oírlo desde lejos. Rea había envuelto una piedra en pañales y la había entregado a Crono en el monte Taumacio de Arcadia y él la había devorado, creyendo que devoraba al niño Zeus. Sin embargo, Crono descubrió lo que había sucedido y persiguió a Zeus, quien se transformó a sí mismo en una serpiente y a sus nodrizas en osos: de aquí las constelaciones de la Serpiente y las Osas. 

Zeus llegó a la virilidad entre los pastores del Ida, ocupando otra cueva; luego buscó por todos lados a Metis y la Titánide, quien vivía junto a la corriente del Océano. Por consejo de ella visitó a su madre Rea y le pidió que le nombrara copero de Crono. Rea le ayudó de buena gana en su venganza; le proporcionó la pócima emética que Metis le había encargado mezclar con la bebida dulce de Crono. Cuando Crono hubo bebido en abundancia vomitó primeramente la piedra y luego a los hermanos y hermanas mayores de Zeus. Salieron ilesos y, en agradecimiento, le pidieron que los encabezara en una guerra contra los Titanes, quienes eligieron al gigante Atlante como jefe, pues Crono había pasado ya de la flor de la vida. 


La guerra duró diez años, pero al final la Madre Tierra profetizó la victoria para su nieto Zeus si éste tomaba como aliados a aquellos a quienes Crono había confinado en el Tártaro; en consecuencia, se acercó secretamente a Campe, la vieja carcelera del Tártaro, la mató, le quitó las llaves y después de poner en libertad a los Cíclopes y a los gigantes de las cien manos, los fortaleció con comida y bebida divinas. En consecuencia los Cíclopes le dieron a Zeus el rayo como arma ofensiva, a Hades un yelmo que la hacía invisible, y a Posidón un tridente. Después de celebrar los tres hermanos un consejo de guerra. Hades se presentó invisible ante Crono para robarle sus armas; y mientras Posidón le amenazaba con el tridente, desviando de este modo su atención, Zeus lo derribó con el rayo. Los tres gigantes de las cien manos alzaron rocas y las arrojaron contra los demás Titanes y un grito súbito de la Cabra-Pan los puso en fuga. Los dioses los persiguieron. Crono y todos los Titanes vencidos, excepto Atlante, fueron desterrados a una isla británica del lejano oeste (o, según algunos, confinados en el Tártaro), bajo la guardia de los gigantes de las cien manos. No volvieron a perturbar la Hélade. A Atlante pese a ser su jefe de guerra, se le impuso un castigo ejemplar, ordenándole sostener el firmamento sobre sus espaldas; pero se perdonó a las Titánides, en atención a Metis y Rea. 

Zeus mismo instaló en Belfos la piedra que había vomitado Crono. Está todavía allí, se la unta constantemente con aceite y se ofrecen sobre ella hebras de lana destejida. 

Algunos dicen que Posidón no fue devorado ni vomitado, sino que Rea dio a Crono en lugar de él un potro, y lo ocultó entre las manadas de caballos. Y los cretenses, que son mentirosos, refieren que Zeus nace cada año en la misma cueva con un fuego centelleante y un chorro de sangre, y que cada año muere y lo entierran. 

Los Mitos Griegos. Robert Graves. 

sábado, 27 de octubre de 2018

SÍSIFO.




Sísifo, hijo de Éolo, se casó con la hija de Atlante llamada Mérope, la Pléyade, quien le dio como hijos a Glauco, Ornitión y Sinón, y poseía un excelente rebaño de vacas en el istmo de Corinto.

Cerca de él vivía Autólico, hijo de Quíone, cuyo hermano mellizo Filammón fue engendrado por Apolo, aunque el propio Autólico consideraba como su padre a Hermes.

Ahora bien, Autólico era un experto en el robo, pues Hermes le había dado el poder de metamorfosear a cualquier animal que robaba quitándole los cuernos, o cambiándolo de negro en blanco, y viceversa. Por lo tanto, aunque Sísifo se daba cuenta de que sus rebaños disminuían constantemente en tanto que los de Autólico aumentaban, al principio no podía acusarle de robo; en consecuencia un día grabó en el interior de los cascos de todos sus animales el monograma SS, o, según dicen algunos, las palabras «Robado por Autólico». Esa noche Autólico procedió como de costumbre y al amanecer las huellas de los cascos a lo largo del camino proporcionaron a Sísifo una prueba suficiente para llamar a sus vecinos como testigos del robo. Fue al establo de Autólico, reconoció los animales robados por los cascos marcados, y, dejando a sus testigos para reconvenir al ladrón, entró en la casa y mientras seguía la discusión sedujo a Antíclea, hija de Autólico y esposa del argivo Laertes. Ella le dio como hijo a Odiseo, y la manera como fue concebido basta para explicar la sagacidad que mostraba habitualmente y su apodo «Hipsipilón».

Sísifo fundó Efira, llamada luego Corinto, y la pobló con hombres nacidos de hongos, a menos que sea cierto que Medea le regaló el reino. Sus contemporáneos le consideraban el peor bribón del mundo y sólo le concedían que promovía el comercio y la navegación de Corinto.

Cuando, a la muerte de Éolo, Salmoneo usurpó el trono de Tesalia, Sísifo, que era el heredero legítimo, consultó con el oráculo de Delfos, que le dijo: «Engendra hijos con tu sobrina; ellos te vengarán.» En consecuencia sedujo a Tiro, la hija de Salmoneo, la cual, al descubrir por casualidad que su motivo no era el amor por ella, sino el odio a su padre, mató a los dos hijos que le había dado. Sísifo fue entonces al mercado de Larisa [mostró los cadáveres, acusó falsamente a Salmoneo de incesto y asesinato] e hizo que lo desterraran de Tesalia.

Cuando Zeus raptó a Egina, el padre de ésta, el dios fluvial Asopo, fue a Corinto en su busca. Sísifo sabía muy bien lo que le había sucedido a Egina, pero no quiso revelar nada a menos que Asopo se comprometiera a abastecer a la ciudadela de Corinto con un manantial perenne. En conformidad, Asopo hizo que surgiera el manantial de Pirene detrás del templo de Afrodita, donde hay ahora imágenes de la diosa armada, del Sol y del arquero Eros. Entonces Sísifo le dijo todo lo que sabía.

Zeus, quien por muy poco había escapado a la venganza de Asopo, ordenó a su hermano Hades que llevase a Sísifo al Tártaro y le castigase eternamente por haber revelado los secretos divinos. Pero Sísifo no se intimidó: astutamente, puso a Hades unas esposas con el pretexto de aprender cómo se manejaban y en seguida se apresuró a cerrarlas. Así quedó Hades preso en la casa de Sísifo durante varios días, creando una situación imposible, porque nadie podía morir, ni siquiera los hombres que habían sido decapitados o descuartizados; hasta que al fin Ares, cuyos intereses quedaban amenazados, acudió apresuradamente, liberó a Hades y puso a Sísifo en sus garras.

Pero Sísifo tenía otra treta en reserva. Antes de descender al Tártaro ordenó a su esposa Mérope que no lo enterrara, y cuando llegó al Palacio de Hades fue directamente a ver a Perséfone y le dijo que, como persona que no había sido enterrada, él no tenía derecho a estar allí, sino que debían haberlo dejado en el otro lado del Estigia. «Permíteme volver al mundo superior —suplicó— para que arregle mi entierro y vengue el descuido cometido conmigo. Mi presencia aquí es sumamente irregular. Volveré dentro de tres días.» Perséfone se dejó engañar y le concedió lo que pedía. Pero tan pronto como Sísifo se encontró de nuevo bajo la luz del sol faltó a la promesa hecha a Perséfone. Por fin hubo que llamar a Hermes para que lo llevase de vuelta por la fuerza.

Quizá porque había agraviado a Salmoneo, o porque había revelado el secreto de Zeus, o porque había vivido siempre del robo y asesinado con frecuencia a viajeros confiados —algunos dicen que fue Teseo quien puso fin a la carrera de Sísifo, aunque generalmente esto no se menciona entre las hazañas de Teseo—, lo cierto es que se impuso a Sísifo un castigo ejemplar. Los Jueces de los Muertos le mostraron una piedra gigantesca —idéntica en su tamaño a la roca en que se había transformado Zeus cuando huía de Asopo— y le ordenaron que la subiera a la cima de una colina y la dejara caer por la otra ladera. Pero nunca ha conseguido hacer eso. Tan pronto como está a punto de llegar a la cima le obliga a retroceder el peso de la desvergonzada piedra, que salta al fondo mismo una vez más. Él la vuelve a tomar cansadamente y tiene que reanudar la tarea, aunque el sudor le baña el cuerpo y se alza una nube de polvo sobre su cabeza.

Mérope, avergonzada por ser la única Pléyade con un marido en el Infierno —y además criminal— abandonó a sus rutilantes hermanas en el firmamento nocturno y nunca se la ha vuelto a ver jamás. Y así como el lugar donde está la tumba de Neleo en el istmo de Corinto era un secreto que Sísifo se negó a revelar incluso a Néstor, así también los corintios se muestran igualmente reticentes cuando se les pregunta dónde fue enterrado Sísifo.

Robert Graves. Los Mitos Griegos.


martes, 27 de febrero de 2018

HERMES, EL MENSAJERO DE LOS DIOSES. NATURALEZA Y HECHOS.



Cuando Hermes nació en el monte Cilene su madre Maya lo dejó envuelto en pañales en un bieldo, pero desarrollándose con una rapidez asombrosa se convirtió en un muchacho, y tan pronto como Maya volvió la espalda se escapó y fue en busca de aventuras. Llegó a Pieria, donde Apolo guardaba un hermoso rebaño de vacas, y decidió robarlas. Pero temiendo que lo descubrieran sus huellas, confeccionó rápidamente herraduras con la corteza de un roble caído y las ató con hierbas trenzadas a las pezuñas de las vacas, a las que luego condujo de noche por el camino. Apolo descubrió la pérdida, pero la treta de Hermes le engañó, y aunque fue hasta Pilos en su búsqueda hacia el oeste, y hasta Onquesto hacia el este, al final se vio obligado a ofrecer una recompensa por la captura del ladrón. Sueno y sus sátiros, ansiosos por obtener la recompensa, se diseminaron en diferentes direcciones para descubrirlo, durante largo tiempo sin conseguirlo. Finalmente, un grupo de ellos pasó por Arcadia y oyó el sonido sordo de una música como la que nunca habían oído hasta entonces, y la ninfa Cilene, desde la entrada de una cueva, les dijo que un niño de extraordinario talento había nacido allí recientemente y que ella le hacía de niñera. El niño había construido un ingenioso instrumento musical con la concha de una tortuga y algunas tripas de vaca, y con ese instrumento había arrullado a su madre para que se durmiera.

«¿Y quién le dio las tripas de vaca?», preguntaron los vigilantes sátiros al ver dos cueros extendidos fuera de la cueva. «¿Acusáis de robo al pobre niño?», preguntó a su vez Cilene, y cambiaron palabras duras.

En aquel momento se presentó Apolo, quien había descubierto la identidad del ladrón observando el comportamiento sospechoso de una ave de largas alas. Entró en la cueva, despertó a Maya y le dijo severamente que Hermes debía devolver las vacas robadas. Maya señaló al niño, todavía envuelto en sus pañales y que fingía dormir. «¡Qué acusación absurda!», exclamó. Pero Apolo había reconocido los cueros. Tomó a Hermes, lo llevó al Olimpo y allí le acusó formalmente del robo, mostrando los cueros como prueba. Zeus, poco dispuesto a creer que su hijo recién nacido era ladrón, le instó a que se declarase inocente, pero Apolo no estaba dispuesto a ceder y al final Hermes flaqueó y confesó.
Muy bien, ven conmigo —dijo— y tendrás tu rebaño. He matados sólo dos y las he dividido en doce partes iguales como sacrificio a los doce dioses.
¿Doce dioses? —preguntó Apolo—. ¿Y quién es el duodécimo?
Tu servidor, señor —contestó Hermes modestamente—. No comí más que mi parte, aunque tenia mucha hambre, y lo demás lo quemé debidamente. Ahora bien, éste fue el primer sacrificio de carne que se había hecho hasta entonces.

Los dos dioses volvieron al monte Cilene. donde Hermes saludó a su madre y recuperó algo que había dejado oculto bajo una piel de oveja.
¿Qué tienes ahí? —le preguntó Apolo.
En respuesta, Hermes le mostró la lira de concha de tortuga recién inventada por él, y utilizando el plectro, que también había inventado, tocó con ella una tonada tan arrebatadora, al mismo tiempo que cantaba en elogio de la nobleza, la inteligencia y la generosidad de Apolo, que éste le perdonó inmediatamente. Condujo al sorprendido y complacido Apolo a Pilos, tocando durante todo el camino, y allí le entregó lo que quedaba del ganado, que había ocultado en una caverna.
¡Hagamos un trato! —exclamó Apolo—. Tú te quedas con las vacas y yo con la lira.
De acuerdo —contestó Hermes, y se estrecharon las manos.

Mientras las vacas hambrientas pacían, Hermes cortó unas cañas, hizo con ellas una zampoña y tocó otra tonada. Apolo, complacido de nuevo, propuso:
Hagamos otro trato. Si me das esa zampoña yo te daré este cayado de oro con el que reúno mi ganado, y en el futuro serás el dios de todos los vaqueros y pastores.
Mi zampoña vale más que tu cayado —replicó Hermes—, pero haré el trueque si además me enseñas el augurio, porque parece ser un arte muy útil.
No puedo hacer eso —dijo Apolo—, pero si vas a ver a mis viejas nodrizas, las Trías que viven en el Parnaso, ellas te enseñarán a adivinar por medio de guijarros.

Volvieron a estrecharse las manos y Apolo llevó al niño nuevamente al Olimpo y le refirió a Zeus todo lo que había sucedido. Zeus advirtió a Hermes que en adelante debía respetar los derechos de propiedad y abstenerse de decir mentiras completas, pero no pudo por menos de sentirse divertido.
Pareces un diosecillo muy ingenioso, elocuente y persuasivo —le dijo.
Entonces, hazme tu heraldo, Padre —contestó Hermes— y yo me haré responsable de la seguridad de toda la propiedad divina y nunca diré mentiras, aunque no puedo prometer que diré siempre toda la verdad.
No te exigiría tanto —dijo Zeus, sonriendo—. Pero tus deberes incluirán la conclusión de tratados, la promoción del comercio y el mantenimiento de la libertad de tránsito de los viajeros por todos los caminos del mundo.
Cuando Hermes aceptó esas condiciones, Zeus le dio un báculo de heraldo con cintas blancas que todos debían respetar, un sombrero redondo para que se resguardara de la lluvia y sandalias de oro aladas que lo llevaban de un lado a otro con la rapidez del viento. Fue recibido inmediatamente en la familia olímpica, a la que enseñó el arte de hacer fuego haciendo girar rápidamente una varilla.

Luego las Trías enseñaron a Hermes a predecir el futuro mediante la danza de guijarros en una vasija de agua; él mismo inventó el juego de la taba y el arte de adivinar por medio de ella. Hades le tomó también como su heraldo, para llamar a los moribundos con suavidad y elocuencia, poniendo el báculo de oro sobre sus ojos.

Luego ayudó a las tres Parcas a componer el Alfabeto, inventó la astronomía, la escala musical, las artes del pugilato y la gimnasia, los pesos y medidas (que algunos atribuyen a Palamedes) y el cultivo del olivo.

Algunos sostienen que la lira inventada por. Hermes tenía siete cuerdas; otros que sólo tenía tres, de acuerdo con las estaciones, o cuatro, de acuerdo con los trimestres del año, y que Apolo aumentó el número a siete.

Hermes tuvo numerosos hijos, entre ellos Equión, el heraldo de los argonautas; Autólico, el ladrón; y Dafnis, el inventor de la poesía bucólica. Este Dafnis era un bello joven siciliano al que su madre, una ninfa, abandonó en un bosquecillo de laureles de la Montaña de Hera; de aquí el nombre que le dieron los pastores, sus padres adoptivos. Pan le enseñó a tocar la zampoña, Apolo le adoraba y solía cazar con Ártemis, a quien complacía su música. Prodigaba su cuidado de los numerosos rebaños de vacas, que eran de la misma raza que los de Helio. Una ninfa llamada Momia le hijo jurar que nunca le sería infiel bajo pena de quedar ciego, pero su rival, Quimera, se las ingenió para seducirle cuando estaba borracho y Momia le cegó en cumplimiento de su amenaza. Dafnis se consoló durante un tiempo con tristes canciones acerca de la pérdida de la vista, pero no vivió mucho tiempo. Hermes lo convirtió en una piedra, que se ve todavía en la ciudad de Cefalenitano, e hizo que brotara una fuente llamada Dafnis en Siracusa, donde se ofrecen sacrificios anuales.
Robert Graves.
Los Mitos Griegos.





lunes, 15 de enero de 2018

ORFEO, AVENTURAS Y DESVENTURAS.




Orfeo, hijo del rey tracio Eagro y la musa Calíope, fue el poeta y músico más famoso de todos los tiempos. Apolo le regaló una lira y las Musas le enseñaron a tocarla, de tal modo que no sólo encantaba a las fieras, sino que además hacía que los árboles y las rocas se movieran de sus lugares para seguir el sonido de su música. En Zona, Tracia, algunos de los antiguos robles de la montaña se alzan todavía en la posición de una de sus danzas, tal como él los dejó.

Después de una visita a Egipto, Orfeo se unió a los argonautas, con quienes se embarcó para Cólquide, y su música les ayudó a vencer muchas dificultades. A su regreso se casó con Eurídice, a quien algunos llaman Agríope, y se instaló entre los cicones salvajes de Tracia.

Un día, en las cercanías de Tempe, en el valle del río Peneo, Eurídice se encontró con Aristeo, quien trató de forzarla. Ella pisó una serpiente al huir y murió a causa de la mordedura, pero Orfeo descendió audazmente al Tártaro, con la esperanza de traerla de vuelta. Utilizó el pasaje que se abre en Aorno, en Tesprótide, y, a su llegada, no sólo encantó al barquero Caronte, el perro Cerbero y los tres Jueces de los Muertos con su música melancólica, sino que además suspendió por el momento las torturas de los condenados; de tal modo ablandó el cruel corazón de Hades que éste concedió su permiso para que Eurídice volviera al mundo superior. Hades puso una sola condición: que Orfeo no mirase hacia atrás hasta que ella estuviera de nuevo bajo la luz del sol. Eurídice siguió a Orfeo por el pasaje oscuro guiada por el son de su lira, y sólo cuando él llegó de nuevo a la luz del día se dio la vuelta para ver si ella lo seguía, con lo que la perdió para siempre.

Cuando Dioniso invadió Tracia, Orfeo no le rindió los honores debidos, sino que enseñó otros misterios sagrados y predicó a los hombres de Tracia, quienes le escucharon reverentemente, lo pernicioso que era el homicidio en los sacrificios. Todas las mañanas se levantaba para saludar a la aurora en la cumbre del monte Pangeo y predicaba que Helio, al que llamaba Apolo, era el más grande de todos los dioses. Ofendido por ello, Dioniso hizo que le atacaran las Ménades de Deyo, Macedonia. Esperaron a que los maridos entraran en el templo de Apolo, donde Orfeo oficiaba como sacerdote, y luego se apoderaron de las armas dejadas afuera, entraron, mataron a sus maridos y desmembraron a Orfeo. Arrojaron su cabeza al río Hébro, pero quedó flotando y siguió cantando hasta llegar al mar, que la condujo a la isla de Lesbos.

Las Musas, llorando, recogieron sus miembros y los enterraron en Liebetra, al pie del monte Olimpo, donde hoy día los ruiseñores cantan más armoniosamente que en ninguna otra parte del mundo. Las Ménades trataron de limpiarse de la sangre de Orfeo en el río Helicón, pero el dios fluvial se metió bajo tierra y desapareció a lo largo de casi cuatro millas, para volver a salir a la superficie con otro nombre, el Bafira. Así evitó ser cómplice del asesinato.

Se dice que Orfeo había censurado la promiscuidad de las Ménades y predicado el amor homosexual, por lo que Afrodita estaba no menos irritada que Dioniso. Sin embargo, sus colegas olímpicos no podían estar de acuerdo con que el asesinato tenía justificación y Dioniso salvó la vida de las Ménades transformándolas en encinas que quedaron arraigadas en la tierra. Los tracios que habían sobrevivido a la matanza decidieron tatuar a sus esposas como una advertencia contra el asesinato de sacerdotes, y la costumbre sobrevive al presente.

En cuanto a la cabeza de Orfeo, después de ser atacada por una serpiente lemniana celosa (a la que Apolo transformó inmediatamente en piedra), fue guardada en una cueva de Antisa, consagrada a Dioniso. Allí profetizaba día y noche, hasta que Apolo, viendo que sus oráculos de Delfos, Grineo y Claro habían sido abandonados, fue allá y se colocó sobre la cabeza y exclamó: «¡Deja de entrometerte en mis asuntos! ¡Ya he tenido bastante paciencia contigo y con tus cantos!» En adelante la cabeza guardó silencio. La lira de Orfeo había ido también a la deriva hasta Lesbos y había sido guardada en un templo de Apolo, por cuya intercesión y la de las Musas fue colocada en el cielo como una constelación.

Algunos relatan de una manera completamente distinta la muerte de Orfeo; dicen que Zeus lo mató con un rayo por divulgar los secretos divinos. En verdad, había instituido los Misterios de Apolo en Tracia, los de Hécate en Egina y los de Deméter Subterránea en Esparta.
Robert Graves.
Los Mitos Griegos.


martes, 5 de abril de 2016

EÓN HÁDICO, EL ORIGEN DE TODO.



En la confusa nebulosa del origen (al menos el origen de nuestro todo), en el lapso temporal en que Caos devino Cosmos, se desarrolló el Hádico (también llamado Azoico – sin vida - ), el primero de los grandes eones de la historia geológica terrestre. El nombre Hádico, derivado de Hades, dios del infierno, se refiere al lago periodo en que la tierra estaba en proceso de transformación de una enorme bola de fuego a hogar de la vida.

Hace 4500 millones de años (millón arriba, millón abajo) comenzó la formación del planeta por condensación de polvo cósmico, originando una bola incandescente. Poco a poco, muy lentamente, a lo largo de un prolongado periodo de tiempo (demasiado extenso y remeto para aprehenderlo), inabarcable para la mente humana, la superficie del planeta se fue enfriando. Una epidermis terrestre que recibe continuamente el impacto de meteoritos.



Cuando los geólogos se lanzan a estudiar el eón Hádico se topan con un problema derivado de la propia dinámica de la Tierra que hace muy complicado localizar fragmentos de corteza que sean tan antiguos como el planeta. No obstante, estudios recientes han permitido encontrar rocas compuestas por un mineral llamado zircón, con una antigüedad superior a los 4.200 m.a..

A medida que el planeta se enfriaba la geosfera va adquiriendo consistencia, se fue formando una débil e inestable corteza, al tiempo que se diferencian el manto y el núcleo. Lasa convulsiones terrestres y las continuas erupciones volcánicas expulsan gases al espacio, participando en la génesis de la atmósfera. Esta atmósfera primigenia era reductora (carente de Oxígeno) y estaba formada básicamente por Hidrógeno, Metano, Dióxido de Carbono y Amoníaco. Las primeras lluvias marcaron el nacimiento de la hidrosfera.


Estas precipitaciones dieron lugar a zonas húmedas permanentes donde eran posible las reacciones químicas (el caldo primitivo ya estaba en su punto) y fenómenos de condensación. Nuestro recipiente vital (y en este punto no puedo dejar de recordar el Tazón del Génesis de Lisa Simpson) comenzaba a funcionar. Todo estaba preparado para la aparición estelar: la vida.

Cuando finaliza el Hádico la Tierra tenía una corteza sólida rocosa, aunque continuamente convulsionada por un ingente cantidad de movimientos sísmicos y erupciones volcánicas, que dieron lugar a una especie de infierno apocalíptico y de ahí su vinculación con el dios inframundo.


jueves, 29 de noviembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XI)




13 Griegos y troyanos en Iberia. Comparación con el Elisio.
Por lo que respecta a los mejores testimonios, puede juzgarse a partir de los siguiente: pues la expedición de Heracles, que se prolongó hasta aquí, y la de los fenicios le pintaron la riqueza y despreocupación de sus gentes: éstas llegaron a estar tan completamente sometidas a los fenicios que la mayor parte de las ciudades de Turdetania y de los lugares cercanos están hoy habitadas por aquéllos. Y me parece que la expedición de Odiseo, que llegó hasta estos parajes y fue conocida por Homero, le dio un pretexto para, a partir de lo ocurrido, transformar tanto la Odisea como la Ilíada en poesía y en la fabulación habitual en los poetas.

Pues no solamente presentan vestigios de estos acontecimientos lugares de Italia y Sicilia y algunos otros, sino que también en Iberia aparece una ciudad Odisea, un santuario de Atenea y otros miles indicios de sus andanzas y las de otros supervivientes de la Guerra de Troya, que perjudicó por igual a los que sufrieron la agresión y a los que tomaron Troya (pues éstos obtuvieron una victoria cadmea), al ser aniquiladas sus casas y no corresponder sino un escaso botín a cada uno; y sucedió que los que se salvaron, cuando estuvieron lejos de los peligros, se dedicaban a la piratería, inlcuidos los griegos, los unos por haber sido expoliados y los otros por vergüenza, pensando cada cual de antemano que es 

en verdad deshonroso estar tanto tiempo [sin los suyos] y volver de vacío

junto a ellos de nuevo. Han sido transmitidas las andanzas de Eneas, Antenor y las de los henetos; también las de Diomedes, Menelao, Menesteo y otros más. El Póeta, que tenía efectivamente información sobre tantas expediciones a los confines de Iberia y sabía de su riqueza y demás excelencias por haberlas revelado los fenicios, ubicó allí la morada de los hombres piadosos y el Campo Elisio, donde dice Proteo que morará Menelao:

Pero a ti el Campo Elisio y al confín de la tierra
te enviarán los Inmortales, donde el rubio Radamantis.
Muy fácil es la vida allí para los hombres:
ni nevada, ni crudo invierno, ni lluvia nunca,
sino que siempre Océano envía brisas de Céfiro
que soplan suaves para aliviar a los hombres

Pues la pureza del aire y el soplo suave del Céfiro son característicos de esta región, por ser occidental y cálida y encontrarse en el extremo de la Tierra, donde según el mito decimos que se sitúa el Hades. En cuanto a Radamantis, mencionado más arriba, evoca la proximidad de Minos, acerca del cual dice Homero:

Allí ví a Minos, hijo ilustre de Zeus,
con cetro de oro, impartiendo justicia a los muertos.

Y los poetas posteriores no cesan de referir cosas en el mismo sentido, la expedición a por las vacas de Gerión y la de las manzanas de oro de las Hespérides, denominando incluso Islas de los Bienaventurados algunas que hoy sabemos que se ven no muy lejos de los promontorios de Maurusia que están frente a Gádira.

domingo, 25 de noviembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (X)


11 El Betis y Tartessos.
    No muy lejos de Castalon está también la montaña donde dicen que nace el Betis, que llaman Argéntea por las minas de plata que en ella se encuentran. Polibio sostiene que tanto el Anas como aquél nacen en Celtiberia, aunque distan entre sí unos novecientos estadios; porque los celtíberos, que habían acrecentado su territorio, dieron su propio nombre a todo el país vecino. Parece que los antiguos llamaban al Betis Tartessos y a Gádira e islas cercanas Eritía. Por eso, se supone, dijo Estesícoro del boyero Gerión que fue dado a luz  
casi frente a la ilustre Eritía
junto a las fuentes inagotables de argéntea raíz del río Tartessos
en un escondrijo de la roca.

Siendo dos las desembocaduras del río, se dice que antiguamente, en el espacio entre ambas, se levantaba una ciudad que llamaban, con el mismo nombre del río, Tartessos, y al país Tartéside, que es el que ahora ocupan los túrdulos. Eratóstenes mantiene que la que recibía el nombre de Tartéside es la región que linda con Calpe y el de Eritía una isla próspera, pero Artemidoro le responde que es falso esto, lo mismo que el que la distancia de Gádira al Promontorio Sagrado sea la de una navegación de cinco días, cuando no hay más de mil setecientos estadios, y que las mareas se detengan aquí en vez de producirse alrededor de toda la tierra habitada, así como que la parte septentrional de Iberia sea más accesible por Céltica que navegando por el Océano, y todo lo demás que dijo con jactancia dando crédito a Piteas.

12 Homero conoció Tartessos.
     Por otra parte, el Poeta, que habló de tantas cosas y tan amplios conocimientos tuvo, da motivos para pensar que tampoco era desconocedor de oídas de estos lugares, si se quiere juzgar directamente a partir de dos tipos de testimonios, a saber, las afirmaciones de menor consistencia que hizo acerca de ellos y las mejores y más ajustadas a la verdad. Entre las de menor consistencia se cuenta que esta tierra sea, según había oído decir, la más alejada hacia Poniente, donde, como él mismo dice, cae en el Océano

la luz radiante del Sol,
que negra noche arrastra sobre la tierra dadora de espelta.

Pero la noche, por ser algo nefando, es también, evidentemente, noción cercana a la del Hades, y Hades a su vez a la del Tártato; podía, pues, imaginarse que Homero oyera hablar de Tartessos e identificara desde entonces su nombre con el del Tártaro, el último de los lugares subterráneos, añadiendo además un mito que salvaguardara el tono poético; del mismo modo, al saber que los cimerios vivían en sitios boreales y brumosos junto al Bósforo, los estableció cerca del Hades, llevado quizá del odio común de los jonios hacia ese pueblo; pues en tiempos de Homero o poco antes de él dicen que se produjo la incursión de los cimerios que alcanzó Eólida y Jonia. Otro ejemplo: estableció una relación entre las Rocas Errantes y las Azuladas, introduciendo siempre los mitos a partir de algunas informaciones. Porque nos cuenta que existen ciertos escollos peligrosos, como dicen que son las Azuladas (por lo cual son también llamadas las Entrechocantes) y hace por eso pasar entre ellas la expedición de Jasón; y los Estrechos de las Columnas y de Sicilia le sugirieron el mito de las Errantes. Por consiguiente, en lo que respecta a las afirmaciones de menor peso, podría adivinarse, a partir de su mito del Tártaro, la alusión a los lugares próximos a Tartessos.

sábado, 24 de noviembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (IX)



9 Riqueza del subsuelo. El estaño.
     Posidonio, al ensalzar el número de minas y su riqueza, no se aparta de su retórica habitual, sino que se entusiasma con las hipérboles; porque dice que no se pone en duda lo que se cuenta de que cuando una vez se incendiaron los bosques, la tierra, que era de plata y oro, se fundió y subió hirviendo a la superficie, porque cada monte y cada colina eran materia de moneda acumulada por un azar generoso; "podría en general afirmarse", continúa, "al contemplar esos lugares, que son los tesoros de una naturaleza inagotable o la banca de un imperio destinado a no tener fin. Porque no solamente es rico el suelo, sino también el subsuelo, y en aquellos parajes qué verdad es que el mundo subterráneo no lo habita Hades, sino Plutón". Así es como, con bellas figuras retóricas, se expresó acerca del tema, empleando un lenguaje rico como si lo sacara también él de una mina.

     Y al describir la diligencia de los mineros trae a colación la observación de Falero, porque dice éste a propósito de las minas de plata del Ática que los hombres cavaban con tanto ahínco que daban la impresión de ir a sacar al propio Plutón; y hace ver que son muy semejantes el afán y el celo de los turdetanos cuando excavan, tortuosas y profundas, las galerías y achican con las caracolas egipcias las corrientes que a menudo encuentran en ellas. Pero, en general, dice que no resulta lo mismo para éstos que para los atenienses, sino que para los atenienses la minería parece un enigma: pues "lo que sacan no lo cogen y lo que tenían lo tiran", y en cambio para éstos es de sobra ventajosa, porque en las minas de cobre es cobre la cuarta parte de la tierra que extraen, y algunos de los particulares que explotan minas de plata obtienen en tres días un talento euboico. En cuanto al estaño, niega que se encuentre en la superficie, lugar común entre los historiadores, sino que se saca del subsuelo y se da entre los bárbaros de más allá de los lusitanos y en las Islas Casitérides y es trasnportado desde territorio británico hasta Masalia. Cuenta que entre los ártabros, que son los  pueblos más remotos de Lusitania hacia el Noroeste, la tierra tiene eflorescencias de plata, estaño y oro blanco (por estar mezclado con plata) y que esa tierra la arrastran los ríos. Y las mujeres, rascándo con sachos, la lavan en cribas entrelazadas en forma de cesto. Esto es lo que Posidonio dijo acerca de los minerales.

10 Minas de Cartagena. Obtención de la plata.
      Polibio, por su parte, al recordar las minas de plata de Nueva Carquedón, dice que son grandísimas y que distan de la ciudad unos veinte estadios, abarcando una circunferencia de cuatrocientos estadios, en donde se mantenían cuarenta mil trabajadores fijos que reportaban en aquel entonces al pueblo romano veinticinco mil dracmas diarias. Pasaré por alto los restantes pasos del proceso de explotación, porque es largo de referir, pero cuenta él que la pepita de plata arrastrada por los ríos es triturada y cribada en tamices a contracorriente; se trituran de nuevo los residuos, una vez filtrados en el correr de las aguas se vuelven a triturar, y al fundirse el quinto residuo, ya separado el plomo, se obtiene la plata en estado puro. Las minas de plata existen también en la actualidad, pero no pertenecen al Estado ni las de allí ni las de otros lugares, sino que su propiedad ha pasado a manos de particulares. Las de oro en cambio son patrimonios del Estado en su mayor parte. En Castalon y en otros puntos hay un tipo especial de mina, la de plomo, con el que se encuentra mezclada algo de plata, pero no tanta como para que merezca la pena purificarla.
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