Impresionado por los retratos imperiales de la iglesia de San Juan Evangelista, colocados allí por expreso deseo de la emperatriz Gala Placidia, Teodorico ordenó levantar una basílica aún más grande, en las proximidades de su palacio. Hablamos de San Apolinar Nuevo.
El rasgo fundamental del edificio es su sencillez exterior. Construido con ladrillos y tubos de terracota, los mismos materiales usados en otros edificios de Rávena, el templo presenta estructura de basílica, con tres naves, ábside y arquerías sobre columnata. Asistimos a la transformación arquitectónica del Imperio Romano.
Pasamos al interior y dejamos Roma en el exterior. La gran nave, revestida de espléndidos mosaicos y bien iluminada, se aleja de la típica basílica romana. Tres franjas de mosaico dorado recorrían por entero la iglesia y por ese motivo la llamaban el Cielo de Oro.
Construida en el primer cuarto del siglo VI en origen estaba dedicada al Salvador, concebida para el culto arriano. Para su decoración Teodorico encargó una serie de escenas de la vida de Cristo para la franja superior, de sus milagros para el lado Norte y la Pasión para el Sur.
A. Agnello recoge en su libro Liber Ponlificalis Ecclesiae Ravennatis que existía una inscripción en el ábside de la basílica que decía “el rey Teodorico construyó esta iglesia desde sus cimientos y la dedicó al nombre de Jesucristo”.
Adyacente a la basílica San Apollinare Nuovo se encontraba el palacio de Teodorico. Estamos posiblemente ante la basílica palaciega. Posiblemente la iglesia arriana más importante de la ciudad. La basílica de Santa María la Mayor en Roma fue el modelo seguido para levantar San Apolonar Nuevo.
Cuando los bizantinos conquistaron la ciudad y como ocurrió con otros edificios arrianos, la basílica fue reconsagrada al santo Martín de Tours, hombre conocido por combatir las herejías. No fue dedicada a San Apolinare hasta el año 856. Esta tardía dedicación explica la ausencia del santo en los mosaicos.
La iglesia del Cristo Salvador de Teodorico fue objeto de una modificación en los mosaicos, en los que se eliminaron las imágenes de Teodorico y su esposa Audofleda, que encabezaban cada una de las procesiones de santos. San Martín de Tours pasó a encabezar la procesión masculina, y Santa Eufemia la femenina. La elección de San Martín no fue baladí, el santo de Tours se había opuesto al arrianismo, convertido entonces en símbolo de la fe católica triunfante.
Las dimensionas de la nave central, (mayor que la basílica romana) reforzada por la iluminación, contribuyen a esa sensación de espacio abierto, lejos del recogimiento de las pequeñas iglesias del románico rural. Dos filas de doce columnas cada una, separan la nave central de las laterales. Sus capiteles son hojas de acanto, y podemos presumir su procedencia, Constantinopla, capital imperial.
A partir del siglo XV la basílica sufrió importantes modificaciones; se elevó el piso, se construyó un ábside que fue decorado con estuco barroco y el antiguo nártex fue reemplazado por el pórtico.
Las paredes de la nave central aparecen cubiertas por completo de espléndidos mosaicos, dispuestas en tres franjas diferentes en sentido longitudinal. Los temas y estilos representados en cada mosaico resultan complementarios.
En las más alta, pegada al techo, episodios del ministerio de Jesús. Vida y parábolas de Jesús, en un lado, y escenas de la pasión en el otro. Es muy complicado poder apreciar los detalles si no se cuenta con unos prismáticos y una cámara con un buen zoom.
La intermedia, de unos 3 metros de altura, los mosaicos se encajan en los huecos que quedan entre las ventanas. Dieciséis figuras vestidas a la manera romana, con las túnicas de los filósofos, fusión de la practicidad romana y el espíritu griego. Podrían ser profetas o padres de la iglesia, pero al no existir inscripción alguna, ni ningún otro símbolo relevante, es imposible su identificación. Portan libros y rollos de papiro.
En el nivel inferior, el situado más cerca del espectador, dos procesiones, de santos y mártires, masculinas al norte, femeninas al sur. Avanzan desde el extremo Oeste (Entrada) hasta el Este, al encuentro de la Virgen y del Salvador. Representación también de las ciudades hermanas, gemelas, de Classe y Rávena.
Panel de la izquierda. Procesión de veintidós vírgenes, identificadas cada una de ellas con su nombre escrito en latín. Cada una porta una corona. Encabezan la comitiva los tres reyes magos que portan las tres ofrendas; oro, incienso y mirra. Representados utilizando una riquísima paleta de colores, y con gesto de arrodillarse. La procesión comienza en Classe, el puerto de Rávena. Identificado por la inscripción latina Civitas Classis. Podemos apreciar tanto la ciudad de Classe como el propio puerto. El destino es la Virgen María con el Niño sentado en su regazo. Flanqueados por cuatro ángeles.
Panel de la derecha. Una procesión de veintiséis mártires, identificados mediante inscripciones en latín, así como sus orígenes geográficos. La procesión está encabezada por San Martín, que aparece vestido con un manto púrpura sobre la túnica blanca. En este caso la procesión parte del palacio de Teodorico, que tiene una inscripción, PALTIVUM. A la izquierda del palacio una puerta con la inscripción Civitas Ravennae. A la espalda del palacio una representación idealizada de la Rávena de la época. El destino de esta procesión es Jesús, rodeado de ángles, entronizado como Rey del Cielo, y en actitud de bendecir.
El famoso mosaico de los Reyes Magos tuvo que ser restaurado en el siglo XIX, debido a los daños que sufrió el muro norte. Los restauradores utilizaron las precisas descripciones de Agnelo. El color de sus ropajes está íntimamente vinculado con los presentes. Gaspar ofrece oro y viste un traje rojizo que simboliza el matrimonio. Baltasar lleva incienso y viste de amarillo, símbolo de virginidad. Finalmente Melchor trae mirra y lleva un traje multicolor, alusivo a la penitencia. La carga simbólica de los presentes: Oro: riqueza regia, Incienso el sacerdocio y la mirra, la muerte. Todos ellos son símbolos de Cristo. Para Agnelo el número de regalos es clave, la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los pantalones son los únicos elementos originales del mosaico. En origen los reyes magos ceñían coronas, que posteriormente fueron reemplazadas por gorros frigios.
Los artesanos. Se ha especulado mucho, y se seguirá haciendo, sobre la identidad de los artesanos que crearon estas maravillosas obras de arte. Tanto de los constructores del templo como de los mosaquistas que lo ornamentaron. ¿De dónde procedían, Constaninopla o Roma?. ¿Tal vez eran artesanos locales, descendientes de aquellos que levantaron las iglesias de Gala Placidia y del obispo Neón?. No obstante sabemos de las existencia en Rávena de cuadrillas de trabajadores expertos y cualificados, que habían levantado y decorado, durante generaciones, edificios civiles y edificios religiosos.



















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