Teodorico, rey de los ostrogodos, y casi emperador de Italia. Rávena fue el centro de sus dominios y en Rávena duerme el sueño eterno.
El mausoleo está levantado con bloques de piedra traídos desde la cercana Istria y se utilizó una técnica constructiva denominada “seca” que no hace uso de ningún tipo de mortero ni argamasa para unir los bloques. La piedra se corta con gran precisión, para que encajen unas con otras y se engarzan entre sí utilizando grapas de hierro.
El edificio está formado por dos niveles y es rematado con una enorme monolito cortado a modo de cúpula. Las plantas de ambos niveles tienen forma de dodecágono, siendo el nivel superior más estrecho que el inferior. Esto le confiere a la estructura una sensación de ser demasiado pesada en su base. En su interior, la roca se muestra completamente desnuda, tal y como la parió la madre naturaleza. El nivel superior, carente de escalera, era el lugar donde se ubicaba el cuerpo del rey, dado el carácter de inviolabilidad, probablemente en el interior de la gran bañera de pórfido rojo que aún se conserva en el lugar.
El rey había encargado que le enviasen mármol blanco de Istria para levantar su mausoleo. El mausoleo entronca con la tradición romana anterior a la cristianización del imperio. Siguió el modelo del siglo IV de los sepulcros imperiales romanos , que eran edificios con cúpulas circulares. Inspirado tal vez en el de Diocleciano en la ciudad de Split, a orillas del Adriático. Recuerda lejanamente a los impresionantes mausoleos de Augusto y de Adriano en Roma.
Teodorico pasa la eternidad en completa soledad. A media tarde, si te acercas suficiente puedes oír sus pensamientos que llegan desde el más allá. Teodorico falleció en 526, con unos setenta años, había gobernado en Rávena durante treinta y tres. Tras el entierro de Teodorico, su hija, Amalasunta, se hizo cargo del estado en nombre de su hijo Atalarico, que contaba diez años de edad. Otra vez una mujer al frente de Rávena, y otra vez gobernando en nombre de un hombre.
A mediodía, con el Sol en todo lo suyo, chicharras y urracas acompañan al sueño eterno del rey ostrogodo. A lo lejos, el incesante zumbido de automóviles y motocicletas. Animales de la Naturaleza y animales humanos porfiando por los mismos espacios.





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