Baco, dios del vino, la
transformación, el teatro, la mascarada y los excesos, llega
triunfante sobre un carro tirado por dos hermosas tigresas,
acompañado por un lúdico cortejo de sátiros y bacantes. La diosa
Victoria le ciñe una corona y alza la palma del triunfo. El mosaico procede de Cesaraugusta.
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martes, 29 de agosto de 2017
martes, 27 de enero de 2015
DANZA DE LOS SÁTIROS.
Jóvenes, pícaros y alegres sátiros, danzan, brincan, beben, fornican, corretean, persiguen doncellas y vagan por bosques y montañas, llevando las ganas de vivir hasta los más insospechados límites. Para ellos la búsqueda del placer no es una opción, es una obligación. Cerámica griega del 530 a.C. conservada en el Museo de Historia del Arte de Viena.
sábado, 25 de octubre de 2014
SÁTIRO CUIDA A DIONISIOS NIÑO.
Dionisio, el dios del
vino y del desenfreno, era hijo de Zeus y de la bella Semele, y por
ser fruto de una (nueva) infidelidad, desencadenó los terribles
celos de Hera, la eterna esposa de Zeus.
Para poner a salvo al
pequeño, Hermes le buscó acomodo en Nisa, una pequeña ciudad de
Asia Menor, donde un grupo de ninfas, ayudadas por Sileno y los
sátiros del bosque, se encargaron de criar y proteger al pequeño. La escultura es una
copia romana del original griego fechada hacia el 390 a.C. y
conservada en la Gliptoteca de Munich.
viernes, 3 de octubre de 2014
MARSIAS.
El sátiro Marsias tuvo la osadía de participar en un concurso que le enfrentaba al dios Apolo. Marsias era un experto tocando el aulós (especie de flauta doble) pero su pericia no consiguió convencer a las Musas, jueces y jurado de la contienda, que decidieron otorgar la victoria al dios de la lira. El vencedor podría tratar al vencido como más le complaciese, y un vengativo Apolo, ordenó que el desgraciado Marsias fuese desollado vivo.
La escultura romana "Hanging Marsyas" se conserva en la Gliptoteca de Munich y es copia de una escultura anterior. Marsias, como todo sátiro estaba estrechamente vinculado a Dionisios, el dios de los excesos, por tanto, el mito de Apolo y Marsias, se ha interpretado como un episodio más en la eterna lucha entre lo apolíneo y lo dionisíaco, el orden y el caos, la mesura y el desenfreno.
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