La huida de nuestro mundo es a menudo el inicio de un viaje iniciático.
Contempló un nuevo amanecer y entonces comprendió. Había estado luchando por un ideal equivocado. Era la vida la que había que defender por encima de todo lo demás.
Nuestros corazones románticos, alimentados en el siglo XIX, soñaron con un exotismo idílico.
No existía un rincón de la ciudad que ella no conociese. No había negocio del que ella no se llevase una comisión. La reina dominaba la corte , pero ella reinaba en las calles.
Para encontrarte, tuve que perderme.
Escribir es crear mundos, inventar personajes capaces de acompañarnos a vivir las más increíbles aventuras.
Derribaré los muros que te rodean burlaré a los centinelas que montan guardia en las atalayas te raptaré y conduciré a mi morada secreto. Lo que ocurra a continuación solo depende de tí.
Soñamos con civilizaciones extinguidas que nunca existieron, países lejanos llenos de exotismo y maravillas, paraísos perdidos a los que nunca llegó la tecnología que nos hace inhumanos.
Antes de ser reina fue una despiadada guerrera. Arminda sometió a los reptilianos y levantó un poderoso estado sobre los huesos y los cuerpos de sus víctimas. Los aldeanos del cuadrante norte sienten que nunca han vivido más tranquilo que durante estos días.
En uno de mis viajes por tierras ignotas fui hecho prisionero por dos jóvenes amazonas que me entregaron como tributo a su reina. Entonces comprendí. Un hombre cree que le gusta el sexo hasta que conoce la verdadera lujuria de la mujer.
Busco un maestro herrero experimentado, que se capaz de templar mi alma.
Mientras los hombres derraman su sangre en el campo de batalla yo prefiero cantar a la vida.
Las ruinas son los fósiles de un pasado no tan lejano. Siempre me han resultado fascinantes unos viejos muros invadidos por la vegetación. Los poetas románticos del siglo XIX buscaron la inspiración en los restos góticos de la Edad Media.
Caballero andante y errante. Caballero sin montura, sin armas, ni armadura. Caballero vagamundo, y caminante.
Irresistible promesa de aventura.
Al final del camino nos encontraremos con nosotros mismos, más viejos, pero mucho más sabios.
Al final el caballero dejó de cabalgar, abandonó la espada y agarró la pluma. Dicen que nadie volvió a verlo jamás.


















No hay comentarios:
Publicar un comentario