martes, 17 de febrero de 2026

DE LA POLA DE ALLANDE A LA MESA. EPOPEYA XACOBEA.



Amanecer en Pola de Allande. La bruma desciende e inunda el valle.

 


La montaña nos espera. De la Pola al Puerto del Palo ascendemos desde los 525 metros de altitud hasta los 1147, para después descender hasta los 860 en La Mesa. Corazón, pulmones y piernas. 



 

Nos internamos en el valle y caminamos paralelos al río. La vegetación es exuberante. Para los que llegamos aquí desde regiones áridas es como adentrarnos en la selva.

 


Desde los orígenes de las económicas productivas la ganadería ocupó tierras marginales, aquellas menos aptas para la agricultura.

 



El regato de Fonfarón lo salvamos por el puente de Xestu Molín. 

 


El río Nisón nace en la sierra de Palo, y traza un bellísimo recorrido. Mientras el caminante asciende, las aguas del Nisón desciende llenando de vida el valle. El río que pasó la noche susurrándome me acompaña durante la mañana al encuentro con la montaña. 

 


El reino vegetal nos regala su infinita paleta de colores. 

 



El río y la densa vegetación son, en gran medida, las responsables de éstas nieblas matinales que inundan el valle. 

 


 El bosque sobre nuestras cabezas.

 



 Senderos que prometen emociones.

 


El ascenso desde la Pola no desmerece ni en belleza ni en épica a la Ruta de los Hospitales. Desde que pisas el valle hasta que el viento azota tu piel en lo más alto del Palo, la travesía es fascinante. Los pies pisando el sendero, el río que te acompaña y el bosque se eleva por encima de la cabeza. Además un trazado duro que exige un poco más cada kilómetro. Y más allá del bosque, la niebla y la cumbre semidesnuda. El esfuerzo del individuo, el respeto por la Madre Eterna, la Naturaleza te muestra el camino, te acaricia y te protege. 

 





Los árboles enraízan en la Tierra y sostienen, con sus poderosas ramas, el Cielo. No existe magia más poderosa que la magia de los bosques. 

 


El bosque te abraza y te llena de energía. 

 


La cubierta herbácea y arbustiva se adapta perfectamente al terreno y a las condiciones climáticas. 

 



Subir una montaña tiene algo de iniciático. La niebla nos engulle y nos prepara para continuar nuestro interminable camino de crecimiento. 

 


Fuente y abrevadero, último hito antes de alcanzar el puerto. 

 


1146 metros de altitud. 

 




La cumbre semidesnuda se asemeja a la tundra ártica. 

 


Tocando el cielo. 

 


De la propia piel de Gea emerge Montefurado. 

 





 Montefurado, una aldea de otra época, levantada con mampostería y cubiertas de pizarra, como aquellos viejos castros de la Edad del Hierro. Soledad, silencio, pero no existen evidencias de abandono. Una incógnita para el caminante.

 



El caminante se alimenta con la belleza del mundo. 

 



Caminar te pone en contacto con la vida. Arion ater es una de las babosas más comunes. Habitan en zonas herbosas con suelos frescos y húmedos. Son omnívoras y se alimentan de carroña, estiércol y materia vegetal, especialmente en descomposición. 

 



El ganado vacuno es otra seña de identidad de estas regiones montañosas del norte peninsular. Desde Navarra hasta Galicia. 

 


Con la ganadería vacuna asturiana se relacionan los Vaqueiros de Alzada, un grupo étnico-cultural, dedicado tradicionalmente a la trashumancia del ganado vacuno. 

 


'Llámense vaqueiros porque viven comúnmente de la cría de ganado vacuno; y de alzada porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas” Jovellanos.

 




Bajar puede resultar más complicado que subir. En Montefurado comienza un largo descenso con tramos muy diversos.

 


La sombra del caminante es alargada. 

 



Iglesia de Santa María de Lago, siglo XVIII, espadaña doble, tejas de pizarra y amplio atrio porticado. 

 


Y junto a la iglesia, un árbol capaz de proteger el templo, el majestuoso Texu de Lago. Un árbol sagrado en la Europa atlántica. 

 


"El tejo, cuyos frutos son venenosos, recibe particulares honores. Los druidas y los fili de Irlanda graban sus hechizos sobre una ramita de tejo."  Jean Markale, Druidas. 

 

  

"El quinto árbol es el tejo 🌳, el árbol de la muerte en todos los países europeos. Con el tejo se hacen los mejores arcos - como aprendieron los romanos de los griegos - y con eso se realzaba la calidad mortífera del árbol. Es probable que el nombre latino del tejo, taxus,se relaciona con toxon, el nombre  griego del arco y con toxicon , el nombre griego del veneno con que estaban untadas las flechas". La diosa blanca. Robert Graves. 

 



En mi caso personal, son los pinos y los pinares, los que me enseñaron a amar a los árboles. La resina, los piñones, la pinocha, las tardes de domingo, las caminatas y las primeras carreras de juventud. 

 




Y pasito a pasito llegamos a Berducedo. Final de etapa para unos, lugar de descanso y avituallamiento, para otros. 

 

 Santa María de Berducedo. Origen siglo XIV.

 



El sueño de la piedra. Pretensión ilusoria, y muy humana, de acercarse a la inmortalidad. Una eternidad cambiante y efímera, como la propia vida. 

 



El Sol de mediodía nos anima a apretar el paso. La meta del día , al menos la física, se encuentra cerca. 






A Mesa.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...